miércoles, 14 de diciembre de 2016

Eliminen el trato preferente


El trato preferente es aquel conjunto de privilegios de nivel microsociológico que los hombres dan a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Fruto de mucho tiempo de dominio de cierto patriarcado, estos privilegios están actualmente incrustados en las llamadas reglas de cortesía, pero no se confunden con ellas, de modo que no otorgando trato preferente se puede seguir siendo cortés y educado. Esto significa que negando el trato preferente no se convierten ustedes en maleducados, siendo muy importante dejar este punto bien claro, pues es muy probable que sea el de maleducado el primer calificativo que les dirijan las afectadas por la negación del trato preferente. El siguiente será la temida palabra-policía “machista”. 

Lo contrario al trato preferente no es el trato igualitario, sino el trato inferior. Esas mujeres que tan ruidosamente exigen igualdad sexual, realmente la mayoría de mujeres tras las continuas e intensas campañas propagandísticas feministas, no deberían alterarse, por tanto, por la negación del trato preferente y su sustitución por un trato estrictamente igualitario, sino aceptarlo con alegría por cuanto supone de igualación entre sexos. La actitud de estas mujeres feministas ante el varón que les niega el trato preferente deviene prueba casi irrefutable de la sinceridad de su discurso igualitario. Pocas la superan, dicho sea de paso. 

¿Y la caballerosidad donde queda?, preguntan los varones más renuentes a eliminar el trato preferente. No queda en ningún sitio, efectivamente. Con la eliminación del trato preferente queda eliminada, a la vez, la categoría de caballero. O, mejor dicho, queda eliminada la carga que los varones se autoimponían de comportarse como caballeros, es decir, de una manera muy poco igualitaria, de una manera que otorgaba multitud de privilegios en forma de trato preferente a las mujeres, a cambio de nada, en una sociedad feminista que les discrimina negativamente y en la que son ciudadanos de segunda.

2 comentarios:

  1. ¿Alguien nos puede ilustrar con algunos ejemplos?

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  2. ¿Hacer esto no es aceptar la ideología contra la que se pretende luchar?

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