martes, 3 de junio de 2014

Marxismo cultural

   
Aproximación al concepto de marxismo cultural. Es aquel marxismo que ha comprendido que para instaurar el programa propio del marxismo económico es necesario un trabajo intenso en la esfera cultural, entendida en sentido amplio. Y esto lo comprende así porque este marxismo parte de la base de que la cultura (en sus llamados “artefactos culturales”) es un factor decisivo en el dominio que ejerce el capitalismo sobre las distintas sociedades. Grosso modo, el marxismo cultural tiene tres fuentes: 1) los estudios de Gramsci acerca de la hegemonía, 2) los trabajos de la Escuela de Frankfurt y 3) los análisis de la Escuela de Birmingham (Cultural Studies, Estudios culturales).

Breve historia del marxismo cultural. Un marxismo cultural primigenio surge tras el fracaso en la extensión del movimiento revolucionario inaugurado por la Revolución bolchevique rusa en el resto de Europa en el decenio 1918-1928, fracaso particularmente sonoro en Alemania, con el episodio de la frustrada República Soviética de Baviera y con el desastre (para los bolcheviques) espartaquista, y en Hungría, con la ruina de la República Soviética Húngara del judeohúngaro de origen burgués Béla Kun (nombre real: Cohn Béla). Los más perspicaces teóricos marxistas, es decir, Lúkacs (marxista judeohúngaro nacido en un familia de banqueros, Comisario de Educación y Cultura de la república de Béla Kun, en Historia y conciencia de clase) y Gramsci (marxista italiano autor de Cuadernos de la cárcel, donde teoriza sobre hegemonía, intelectualidad orgánica, etc.), reflexionan sobre este fracaso y llegan a la conclusión de que el marxismo (económico) sólo triunfará si las bases tradicionales de la cultura y la civilización europea (familia, sexualidad, racialidad, etc.) han sido erosionadas e incluso destruidas. El programa del marxismo cultural consiste, por tanto, en desestructurar cultural y moralmente a las sociedades de las naciones del oeste europeo, para que pueda triunfar allí la revolución bolchevique (marxismo económico). Y esto se hace creando y/o fomentando aquellos movimientos ideológicos, políticos y sociales que sirvan para desestructurar estas sociedades (feminismo, homosexualismo, pacifismo, inmigracionismo, multiculturalismo, interculturalismo, etc.) Se trata entonces de un marxismo que enfatiza en la cultura (superestructura en el lenguaje marxista), en lugar de en lo económico (infraestructura). Surge así el polimórfico marxismo cultural, hoy muy extendido. Lúkacs formó parte de la Escuela de Frankfurt en sus orígenes (en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt), en los tiempos de su exilio alemán tras el fin de la República Soviética Húngara. Esta escuela, cuya producción teórica, de todas formas, no puede reducirse al marxismo cultural (la crítica de la Modernidad realizada por Theodor Adorno y Max Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración tiene un gran valor), puso a punto los conceptos fundamentales de estos dos teóricos citados y dio lugar a un elenco de importantes intelectuales que, bajo la metodología de la llamada Teoría crítica, difundieron semejantes ideas en todo “Occidente”.


Otra fuente que ha alimentado al marxismo cultural es la que proviene de los llamados Estudios culturales (Cultural Studies). Término acuñado por Richard Hoggart en 1964, año de fundación del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos, en Birmingham (Inglaterra). Los Estudios culturales son un campo de estudio inicialmente centrados en la relación entre los medios de comunicación y la cultura popular, especialmente la cultura de la clase obrera (inglesa), y la influencia de la producción de estos medios en esta cultura. Posteriormente inciden en el papel de los medios de comunicación como elementos ideológicos de primer orden a la hora de definir los problemas políticos y las relaciones sociales. Se trata, a fin de cuentas, de analizar el papel de la hegemonía en las prácticas culturales y la manera de resistirla. Su metodología se base en el análisis textual y en la etnografía. Paulatinamente van abandonando su primera toma de partido por el socialismo y las clases populares, algo que coincide con el abandono de conceptos como ideología y hegemonía y con un desplazamiento del foco de interés: de la producción de los mensajes a la recepción de los mensajes. La institucionalización en las universidades no es ajena a esto, así como tampoco lo es la salida de Inglaterra y la llegada a lugares con escasa tradición de lucha obrera, como Estados Unidos y Australia, donde los temas predilectos pasan a ser, en sustitución de la clase, las minorías étnicas y el “género”.

El marxismo cultural tras la caída del Muro de Berlín. El marxismo económico se derrumbó en 1989, pero el gran capital ha sabido ver las inmensas potencialidades alienantes y deshumanizadoras del marxismo cultural para la sociedad en la que se extiende. Y lo tienen como uno de sus instrumentos preferentes. Esto explica el hecho, que no deja de asombrar a los muchos en su fenomenología (rechazo del feminismo, del homosexualismo, del inmigracionismo), de que los países del este de Europa, incluida Rusia, no están sometidos a la influencia que el marxismo cultural tiene en el oeste europeo. Esto obedece, simplemente, a que no fueron adoctrinados en él, algo innecesario por haber sido entonces territorios ya ganados para el marxismo económico. De modo que el marxismo cultural sirvió en primer lugar al marxismo económico y, derrotado éste, sirve al liberalismo precisamente por esa potencialidad alienante señalada. Hoy muchas ideas procedentes del marxismo cultural forman parte del ambiente y se toman como naturalmente dadas. Tal ha sido su éxito.

Marxismo cultural como ideología de derribo. Originalmente el marxismo cultural sirvió como ideología de derribo al servicio de proyectos políticos comunistas. Una vez fracasados estos, sigue funcionando como ideología de derribo, pero ahora al servicio de la oligarquía económica mundialista. En el primer caso la destrucción de las bases de la cultura tradicional europea, debería servir para eliminar los obstáculos que estas mismas bases representaban para el triunfo del bolchevismo. En el segundo caso se trata de hacer lo mismo, de destruir lo mismo, pero ahora en aras de socavar todo aquello que se opone a la maximización del beneficio y a la globalización, en tanto constitución de un mercado mundial.

Publicado también en Alerta Digital.

7 comentarios:

  1. Si alguien entiende lo que quiere decir el petulante de espartano que me lo explique por favor. (no creo que ni el lo entienda, ya que se limita a cortar y pegar textos inconexos).

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    1. Dienikes, creo que ya sé lo que ocurre. Me parece que Espartano ya frecuentaba este blog en el pasado con el nombre de "Aristócrata", por lo menos, su peculiar estilo argumentativo coincide.

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  2. Esto explica el porque de que en Rusia y paises vecinos la homosexualidad y lo feminista no reciba el apoyo de aqui. Por haber sido comunistas se libraron del marxismo cultural.

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  3. Eso parece Martinelli, el comunismo actuó como una "vacuna" frente al marxismo cultural.

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  4. Lo que no entiendo es como esa oligarquía mantiene al marxismo cultural bajo control.
    Pienso si no se le podría ir de las manos y esos nuevos marxistas expropiar a esa oligarquía?

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    1. Muy sencillo, Iván Ell, el marxismo cultural está bajo control porque vive financiado por la oligarquía en universidades, asociaciones, plataformas, etc. Sí la oligarquía lo desease, podría quitar sus púlpitos a los popes de lo políticamente correcto. Como ya ha dejado sin apenas voz a otros grupos u opciones.

      Tras la caída de la URSS y la reconversión de China en una economía de mercado, no hay ningún peligro comunista verdadero. Y, por su parte, el marxismo cultural no trata tanto las cuestiones económicas como las sociológicas (feminismo, multiculturalismo, etc). Un claro ejemplo de eso fue el Zapaterismo, que bajo un discurso netamente progre -en el que la justicia social tenía su lugar- no hizo nada por variar las estructuras económicas de España.

      Resumiendo, no es la oligarquía la que debe temer al marxismo cultural. Al contrario, es el marxismo cultural el que debe tener miedo de que un día la oligarquía deje de considerarlo un instrumento útil y le retire sus favores.

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  5. Resultaría muy interesante un artículo sobre el futuro hipotético de Podemos, y la operación de reciclaje de IU (últimamente solo se habla de Alberto Garzón, amigo personal del coletas) a corto y medio plazo, y de la repercusión que puede tener un gobierno de coalición a lo Syriza Podemos/IU en España. Invito al responsable del blog a reflexionar sobre el tema, que considero muy interesante

    No dudo de que se está tratando "desde arriba" de sustituir, en una operación cosmética, el gobierno PPSOE, y canjearlo por una nueva generación de partidos, con el preparado Felipe VI haciendo y deshaciendo (el discurso de Podemos es pro-OTAN total). ¿Qué papel puede tener la ultraderecha en ese escenario casi frentepopulista? ¿Se derechizará VOX, o mejor dicho, "debería" derechizarse mucho más?

    En España la situación es más parecida a Grecia de lo que pensamos: aunque la ultraizquierda de verdad allí tiene el poder (KKE, lo que aquí sería el PCPE), en la práctica los valores que defiende Syriza -financiado por Soros, como ATTAC lo hace con IU- son los del marxismo cultural, "trotskismo-pop", multiculturalismo, cochambre y progresía. ¿Qué papel habrían de tener iniciativas patrióticas como La España en Marcha o la más que probable unificación de las Falanges en el 2015 y 2016?

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