domingo, 20 de octubre de 2013

La jerga de la casta política parasitaria, de sus aspirantes y de sus adláteres

   
«Creo que tenemos ahí a mujeres y a hombres concienciadas y concienciados de la necesidad de una dinámica social y política fluctuante, a la vez que firme, a la hora de plantear unas reivindicaciones que, no por imprescindibles, dejan de gozar de una base democrática plena que se plasma en la inmediata adopción de iniciativas no sexistas aceptadas por las compañeras y los compañeros reunidos en esa plaza símbolo del poder popular, del gobierno global y del carácter humanitario y humanista de estas movilizaciones ciudadanas alrededor de unos objetivos comunes a toda la raza humana y a las exigencias de los mercados globalizados, y sin cuya consecución, articulada a través de las más diversas alternativas, desde debates públicos y democráticos, foros interculturales, juegos de malabares, talleres de higiene opcional en un entorno obligado, o mejor, autofabricado de escasez hídrica y cambio climático y otras formas de resistencia pasiva y activa al poder, no podrá decirse que esta iniciativa llegue a puntos de ruptura y consenso alrededor de lo que sería una nueva gestión de los sentimientos y con esto creo que ha quedado todo bastante claro».

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