«No se comprende nada del fascismo si no se cae en la cuenta, o no se quiere admitir, que el llamado “fenómeno fascista” no es otra cosa que la primera manifestación política de un vasto fenómeno espiritual y cultural al que llamaremos “superhumanismo”, cuyas raíces están en la segunda mitad del siglo XIX.
Este vasto fenómeno se configura como una suerte de campo magnético en expansión, cuyos polos son Richar Wagner y Friedrich Nietzsche. La obra artística de Wagner y la obra filosófica-poética de Nietzsche han ejercido una enorme y profunda influencia sobre el ambiente cultural europeo del fin de siècle y en la primera mitad del siglo XX, tanto en sentido negativo (provocando rechazos) como en sentido positivo: inspirando a seguidores (filosóficos y artísticos) y desencadenado acciones (espirituales, religiosas y también políticas).
La obra de estos autores es, de hecho, eminentemente “agitadora”; su importancia está muchísimo más en el “principio” nuevo que introducen en el ámbito europeo que en su expresión misma y en las primeras “aplicaciones” que de estos principios se han realizado.
Por “principio” entiendo aquí el sentimiento del sí mismo y del hombre, que en cuanto se dice a sí mismo, se auto-afirma, es un “Verbo” (Logos); en cuanto que persigue un fin es “voluntad” (personal y comunitaria) y es también, inmediatamente después que sentimiento, un sistema de valores. Lo que a través de la obra de Wagner y Nietzsche entra en circulación y se difunde, con mayor o menor fuerza, es – sobre todo – el “principio”, aunque éste sea imperfectamente “captado” o reciba, a causa de su novedad, interpretaciones y “aplicaciones” inapropiadas. Por las vías más extrañas a veces subterráneas, este principio ha sido transmitido y recibido. Y es sólo medio siglo después de su nacimiento cuando empieza a obtener cierta difusión social, cuando empieza a ser aceptado y hecho propio por grupos sociales enteros de hombres, que se reconocen en él, a veces sin saber incluso quien ha puesto en circulación el nuevo “principio”; así se han creado los primeros movimientos “fascistas”.
Entre superhumanismo y fascismo, más que la relación eminentemente intelectual que para los marxistas existe entre teoría y praxis, lo que existe es una relación genética espiritual, una adhesión a veces inconsciente del segundo al “principio superhumanista”, con las acciones políticas que de él dimanan. Precisamente por esto se ha podido decir, aunque la expresión no es muy afortunada, que “el fascismo es acción, a la que es inmanente un pensamiento”, y se ha hablado también de la “mística fascista” y del carácter cuasi “religioso” del fascismo.
El “principio superhumanista”, respecto del mundo que lo circunda, deviene el enemigo absoluto de un opuesto “principio igualitarista”, que es el que conforma este mundo. Si los movimientos fascistas individualizaron al “enemigo” – espiritual antes que político – en las ideologías democráticas – liberalismo, parlamentarismo, socialismo, comunismo y anarquismo – es justamente porque, en la perspectiva histórica intuida por el principio superhumanista, estas ideologías se configuran como otras tantas manifestaciones, aparecidas sucesivamente pero aún presentes todas, del opuesto principio igualitarista; todas tienden a un mismo fin con un grado diverso de conciencia y todas ellas causan la decadencia espiritual y material de Europa, el “envilecimiento progresivo” del hombre europeo, la disgregación de las sociedades occidentales.
Por otra parte, si se puede afirmar que todos los movimientos fascistas tienen un determinante instinto superhumanista, está también claro que han tenido un “nivel de conciencia” de ello, variable; y es precisamente este distinto “grado de conciencia” lo que se refleja en la graduada variedad de los movimientos fascistas y en sus respectivas actitudes políticas. No es de extrañar, pues, que si todos combaten las “formas políticas” del igualitarismo, a veces no se definan contra sus formas “culturales” o si se definen, lo hacen en menor grado. Y, además, como ocurre siempre, entre el campo fascista y el igualitarista se crea un campo intermedio, “oscilante”, con “formas” espurias».




12 comentarios:
Un claro ejemplo de Fascismo a la derecha muy en la linea de Evola y Jose Antonio.
Oh! una curiosidad incomoda; ambos pertenecientes a las aristocracias responsables de la decadencia de Europa, ya ellos fueron los restos de una élite que tanto les gusta elogiar en sus textos "pseudo-feudales" pero que omiten que GENETICAMENTE SE HUNDIERON por su falta de renovación.
Revolución francesa y Revolución Rusa, una renovación total de las elites, para cuando la nuestra?
- El "materialismo biológico" es la patada en los huevos, que anula cualquier emoción o sentimentalismo de ciertas utopías que se pretenden crear unas "nuevas" o perpetuar delirios.
En resumidas: MENOS CORAZÓN Y MÁS CEREBRO!
Con un siglo de adelanto, Friedrich Nietzsche había previsto todos, o casi todos, los fenómenos que caracterizan nuestra época, como el ascenso del nihilismo anarquista, la epidemia neurótica, el auge extraordinario de un arte-espectáculo rebajado a un nivel circense o el comercio de la lujuria. La verificación de las profecías nietzscheanas debería despertar a los espíritus, invitarles a la reflexión. No ha sido así, lo cual es fatal.
Cuando Nietzsche establecía para las sociedades occidentales un diagnóstico de decadencia, no hacía más que prever el desarrollo normal de la enfermedad. Ahora bien, lo característico de esta enfermedad, la decadencia, es la ceguera que afecta al enfermo acerca de su propio estado. Cuanto más enfermo está, más sano cree estar. Una sociedad decadente es así tanto más progresista cuanto más avanza hacia el desenlace fatal de su enfermedad. (Mito y Comunidad, G. Locchi)
Lo cierto es que se podría hacer una vindicación representativa enraizada en esa segunda mitad del S.XIX.
Cuando algo cristaliza en un conjunto de población es porque posee ya de por sí unas características, determinadas en sus expresiones culturales, musicales y espirituales que, siguiendo pautas previas individuales, pueden ser proyectadas de forma colectiva.
Pero si eso es así, necesariamente hay que hablar de Pueblo, que no es una masa de gente indeterminada, y Locchi lo plasma perfectamente en su texto Mito y Comunidad:
Una comunidad es un organismo vivo, que está a la vez en el pasado, en el presente y en el futuro. Una comunidad tiene una conciencia comunitaria, que es recuerdo, acción y proyecto a la vez. A esta comunidad, la llamamos pueblo. Cuando un pueblo ha perdido la memoria de sus orígenes y, como dijo Richard Wagner, cuando deja de estar movido por una pasión y un sufrimiento común, deja de ser pueblo: se convierte en masa. Y la comunidad se convierte en sociedad. Como he dicho, comunidad y sociedad son conceptos-límite. Hay siempre un poco de masa en los mejores pueblos, como siempre hay un resto de pueblo en la masa más baja y vil. No hay duda, y esto nos hace agachar las orejas, de que vivimos en la época de las masas, de las sociedades masificadas. El individuo, sea el que sea, está divinizado en nombre de la igualdad. Todo individuo social tiene el mismo valor, la personalidad no es nunca tomada en consideración, por lo que ya no hay un sistema referencial de valor social. En una comunidad, por el contrario, el valor humano, que es siempre personalidad social, es medido por su grado de conformación a los tipos ideales propuestos por el Mito, que cada miembro de la comunidad lleva consigo como una especie de super-ego
__
Aristócrata
Revolución francesa y Revolución Rusa, una renovación total de las elites
Pero es que el actual proyecto de ingeniería social está basado en los panegíricos neoilustrados. La brújula ideológica de ambas revoluciones ha girado siempre en detrimento de los intereses europeos.
No existe re-volución (volver al origen) sin tradición (modificable mediante su dinamismo interno), cuando se separan ambos conceptos de forma malintencionada deja de ser revolución y se convierte en subversión, desaconsejable por cuestiones obvias.
Dije: Cuando algo cristaliza en un conjunto de población es porque posee ya de por sí unas características, determinadas en sus expresiones..
Me refiero al Fascismo, como reacción a la decadencia que ya empezaba a anegarlo todo
Entiendo que por "superhumanismo" quiere decir algo que trasciende y que va más allá del humanismo, que está por encima del humanismo. No es esa la única acepción del elemento compositivo "super-", por lo que podría inducir a confusión.
En cambio, sí es esa la única acepción del elemento compositivo "supra-", por lo que yo habría preferido que el traductor usara la palabra "suprahumanismo" para no dar posibilidad de confusión.
Por otro lado, el concepto físico de la inercia muestra en el caso de las ideologías políticas y sociopolíticas que es de plena aplicación, igual que en otros ámbitos sociales. Así, se planta la semilla de una ideología y esta no prospera al principio por inercia social, pero al cabo de medio siglo o más ya cuaja. Esto ha sucedido mucho con otras ideologías enemigas, como el comunismo (y otras), que desde que se inventó hasta que ejerció su cota máxima de malignidad pasaron muchas décadas.
Otra cosa que menciona el artículo es la relación entre mentalidad religiosa y seguimiento de una ideología política. Esto sucede prácticamente siempre, y debe ser porque el mecanismo mental es común con el de la religión. Un mecanismo que debe consistir en el apego del individuo hacia la Idea como herramienta necesaria de supervivencia o de utilidad imprescindible.
Una cosa es el Sistema actual y otra el Sistema pasado.
Marinetti es un tradicionalista, solo que los retrógrados Evolianos jamas lo podrán admitir. Wagner fue un futurista en su época no HOY.
Por ello la tradición debe ser re-tradicional... Llamalo Arqueofuturismo o futurismo o como quieras pero viene a ser una discusión dialéctica.
León
Me alegra ver este texto en CIN. Este es uno de los ensayos más importantes y profundos de Locchi. Me impresionó mucho y lo he releído varias veces.
En mi blog de textos tengo intención de dedicar en el futuro un "ciclo" a Locchi, preferiblemente inéditos en español.
El original creo que está escrito en francés, pero la versión italiana usa el término "sovrumanista" que quiere decir efectivamente "por encima de" y estoy de acuerdo en que "supra" hubiera sido más adecuado y no da lugar a confusiones.
El núcleo del duscurso suprahumanista es su concepción del tiempo, ni lineal ni cíclica; no es muy sencilla de comprender al principio, pero es sólo una cuestión de que todavía esta idea se debe expresar como "mito" usando el lenguaje de la idea opuesta que es la tendencia igualitaria.
Locchi presenta esta nueva concepción del tiempo incluso como "la esencia del fascismo", primer título que dio a este ensayo.
El libro "Wagner, Nietzsche e il Mito Sovrumanista" (no publicado en España) es el lugar donde Locchi desarrolla y profundiza esta concepción.
Aristócrata
Siguiendo esa lógica también habría que rechazar el mismo concepto de revolución, por ser algo anclado en el pasado que resultó una novedad ayer, no HOY (1789, 1917, etc). Y rizando el rizo se podría entonces afirmar que alguien aferrado a la tradición HOY sería un revolucionario, al llevarle la contraria al 95% del populacho restante, aferrado al lema del sistema que se basa en el cambio (a peor, eso sí). No veo la síntesis arqueofuturista en tu argumento
Sobre el asunto terminológico superhumanismo/suprahumanismo/sobrehumanismo (Qbit, Oso Solitario)
Es interesante leer la nota 3 de la introducción de Javier Estrada, “Locchi o la intempestividad como medida”:
Aquí y en todas nuestras traducciones, empleamos el término “sobrehumanismo”, a diferencia de la versión “superhumanismo” que ofrece Carlos Caballero en su traducción, porque creemos, en primer lugar, que es más fiel a los términos usados por Locchi tanto en francés (“surhumanisme”) como en italiano (“sovrumanismo”), ya que estas lenguas tienen también el prefijo “super” que Locchi evitó. Además, desde un punto de vista práctico y no estrictamente etimológico, el prefijo “super” más que indicar la idea de “por encima de” suele ser entendido como “aumento” de algo. Así, de forma equívoca, podría entenderse el “superhumanismo” como una especie de culminación o realización de la tradición humanista (ya sea en sus versiones religiosas o laicas), cuando, en realidad, en la óptima de Nietzsche y, especialmente, en la de Locchi, el “sobrehumanismo” es algo cualitativamente distinto.
(Definiciones. Giorgio Locchi. Ediciones Nueva República, Barcelona, 2010, pág. 11).
De modo que Estrada coincide con vosotros. Pero el artículo del que procede el fragmento aquí publicado, titulado “La esencia del fascismo”, es la traducción de Caballero publicada por Ediciones Wotan en 1984.
Estoy de acuerdo con vosotros, y con Estrada, en que “superhumanismo” induce a error. A favor de esta traducción (superhumanismo) tenemos que la traducción tradicional del concepto nietzscheano de Übermensch ha sido superhombre, y de aquí proviene, a fin de cuentas, el concepto locchiano de superhumanismo/suprahumanismo/sobrehumanismo.
____
Muy interesante la dicotomía planteada por Deporta entre revolución y subversión.
Aristócrata, yo también estoy a favor de una renovación total de élites pero no de cualquier forma ni para que este puesto lo ocupe cualquiera. Ni la Revolución francesa ni la Revolución rusa supusieron una renovación total, especialmente la primera. Respecto a la segunda, significó el ascenso de una élite criminal, aún más criminal que la anterior, además de anti-rusa.
Nosotros somos revolucionarios, puramente revolucionarios, y proyectamos lo inspirador de nuestro pasado ancestral indoeuropeo sobre un futuro que vamos a tomar a la fuerza, dado que el futuro del principio igualitarista es zafio, indigno, impropio de nosotros y, además, de todas formas, tal principio igualitarista no reserva ningún lugar para nosotros en su futuro.
Dejo a continuación una breve intervención del autor de la introducción de Definiciones, que os puede interesar. Fue enviada a un foro hace ya tiempo en un debate sobre algunas interpretaciones tradicionalistas un tanto unilaterales y algo reduccionistas.
Es, por tanto, una respuesta:
«Evidentemente lo que permite poner en común a Wagner, Nietzsche, Heidegger y los muchos autores y movimientos de la “Revolución Conservadora” (justificando el uso de este término genérico) no es ciertamente una filosofía, no es una ideología en sentido estricto, sino –por así decirlo, más allá de las “ideologías” o de las filosofías a veces tan diversas e incluso divergentes –un común sentimiento, una común intuición del hombre, de la historia y del mundo, que drásticamente se opone a la concepción que tradicionalmente funda y subyace a las filosofías, ideologías y estructuras políticas del llamado “Occidente”. La tendencia sobrehumanista, es decir, la ruptura con la dominante tradición occidental, se manifiesta siempre como una “revuelta contra el mundo moderno”, como condena de nuestro presente epocal y voluntad de oponerse a una situación objetiva interpretada como triunfo del “nihilismo” y ruinoso declive de Europa. De ahí la exigencia de una revolución radical, que, por otra parte, también es concebida como una renovación de los orígenes: rasgo políticamente esencial que permite distinguir del modo más neto lo que es Revolución Conservadora y Fascismo de lo que es sólo “reacción” o “conservadurismo” o “progresismo”».
(Definiciones págs. 292-93)
Vayamos por partes.
Incluyo alguna puntualización sobre la posición de Locchi, con independencia de que luego cada cual vea o quiera ver en el fascismo y en los fascismos lo que más le atraiga, lo que en mayor medida responda a su sensibilidad o la tendencia que con mayor precisión aborde las preocupaciones que uno pueda sentir más próximas (desde la ontología a la economía).
Y con ello, por lo demás, queda confirmada la validez de la interpretación del propio Locchi que, de algún modo, es resumida muy sintéticamente en la cita que aparece más arriba y que quizás ha sido asimilada de modo un poco parcial y algo unilateral al faltar el contexto de la obra general locchiana en la que tal reflexión se inscribe armónicamente.
Veamos.
Locchi no se reconoce en la «óptica Tradicional» y no elabora su reflexión desde esa perspectiva (entendiendo por “reflexión” no sólo la que figura más arriba en forma de cita, a pesar de la alusión al título de una obra evoliana, sino también el conjunto de su obra, en la que la influencia de Evola –ya no digamos de cualquier otro autor perennialista, con los que no tiene nada que ver –es muy limitada). En las pocas ocasiones en que Locchi se refiere a Evola o bien cuestiona de algún modo su interpretación del «fenómeno fascista» --por pretender que el fascismo es «válido» en la medida en que encaje en tal o cual aspecto con los gustos del propio Evola…--o le otorga una posición entre tantas otras posibles en el interior del multiforme, variado, creativo y desigual universo sobrehumanista ( y en ese mismo sentido va el extracto presentado: el Fascismo es un campo en sí mismo, y, consecuentemente, es posible encontrar en él figuras tan variadas como Evola o Marinetti, Baeumler o Benn, Bombacci o Farinacci, Ledesma o Degrelle…)
CONTINÚA LA INTERVENCIÓN ANTERIOR:
Por tanto, Locchi en ese pasaje no niega la existencia de las ideologías sino que las sitúa en el marco de un campo histórico determinado en cuyo interior cobran su sentido último. El Fascismo tendría su propia derecha, izquierda y centro, por decirlo de algún modo impreciso, de la misma manera que la tendencia opuesta (llamémosla igualitaria, llamémosla democrática, llamémosla occidentalista) ha generado tendencias aparentemente enfrentadas pero cuya motivación política, concepción del hombre y sentido de la historia, después de todo, no son tan distintas (liberalismo, anarquismo, comunismo…en definitiva, cualquier forma de antifascismo…).
Sobre el tema de las variedades ideológicas de la Konservative Revolution según Locchi véase preciamente, por ejemplo, su reseña del libro de Mohler que aparece en Definiciones o el ya citado extracto en el que matiza el valor de las variedades filosóficas o “ideológicas”—sin negarlas –al incluirlas en su globalidad significativa a la que podemos llamar KR/Fascismo/Sobrehumanismo.
Consecuentemente, el problema en Locchi no es la revolución francesa, ni esta es concebida como el punto de inflexión en la historia de la Europa que entra en declive…su método nietzscheanamente genealógico le conduce temporalmente más atrás y, sobre todo, onto-teológicamente más en profundidad. La revolución francesa en sus aspectos menos evocadores desde una perspectiva sobrehumanista es precisamente censurable porque ha sido muy poco revolucionaria y ha sido un simple epifenómeno del devenir occidental en su lógica bimilenaria…
Los autores que cita Locchi, las razones por las que los cita y el sobrehumanismo entendido en los términos que él emplea, habitualmente no tienen mucho que ver con ninguna concepción de la Trascendencia ni de la Tradición (escritas ambas palabras con esas mayúsculas que son tal de gusto de las capillas tradicionalistas…).
En primer lugar porque –como recuerda su más atento lector, Stefano Vaj– el pensamiento de Locchi era “resueltamente existencialista, nominalista e historicista”. Por caridad: no confundamos tal «existencialismo» con Sartre, no reduzcamos el enfoque nominalista a polémicas intracristianas del Medioevo ni creamos que historicismo quiere decir determinismo histórico. Al contrario, su «existencialismo» se explica con la analítica del Dasein heideggeriano, su «nominalismo» es más que nada una actitud concreta ante la vida y el «historicismo» es la asunción de la historicidad del hombre como fundación de su libertad ontológica. Y, en este último sentido, reivindica un tipo de «finitud heroica», de «inmanencia consciente» y de «fidelidad a la tierra» como superación de la concepción escatológica de la historia y la abolición de los «transmundos» que la sustentan:
Y CONCLUYE:
«Si se cree que la historia la hace el hombre y sólo el hombre, si se cree que el hombre es libre y que libremente forja su destino, hay que admitir que esta libertad puede, en último término, volver a cuestionar, e incluso abolir, la historicidad misma del hombre. Les es preciso, repitámoslo, considerar que el fin de la historia es posible, aunque es una eventualidad que rechazan y contra la que se baten. Pero si el fin de la historia es posible, también la regeneración de la historia lo es, en todo momento. Porque la historia no es ni el reflejo de una voluntad divina, ni el resultado de una lucha de clases predeterminada por la lógica de la economía, sino el resultado de una lucha que emprenden los hombres entre sí en nombre de las imágenes que se forman respectivamente de ellos mismos y a las cuales, realizándolas, tratan de adecuarse.»
(De: “El sentido de la Historia”)
Por tanto, Locchi sí preconiza la idea de superación, de autosuperación y con ellas, la existencia de una dimensión superior a cuyo rango accede el hombre en función de su voluntad y de la correspondencia con el modelo que su propia tradición (una entre las distintas posibles, una que hace propia) decreta, pero no porque conciba la existencia de una «Tradición Universal» pues cada tradición lo es sólo porque algunos hombres la convierten en tal y la sitúan en la historia de modo específico en virtud de la concreta visión del mundo que encarnan.
Salve.
P.D: los distintos textos citados o mencionados en este mensaje se encuentran disponibles en la fundamental compilación Definiciones. Se trata de un libro crucial para comprender los temas tratados por Locchi y el enfoque característico de su obra.
Deporta:
-Faye distingue muy habilmente dos conceptos muy importantes en “Porque luchamos”: El tradicionalismo VS la tradición El primero es la cultura MUSEO, la Galicia senil, la gaiteirada, el idioma de eruditos… Nada orgánico en movimiento, con espiritud y alma de un ser vivo. Ahora bien alguno confunde tradición con disfrazarse de Caballero, tener actitudes de otras eras las cuales pretende ocultar su deficiencia en su lucha por la vida.
-El rizo esta liado, no soy yo quien precisamente lo lia, para eso tenemos un sistema propagandístico digno de admiración, junto a su policía de pensamiento con brigada cibernetica.
-“Mayorias y minorias• esa piedra de nuestro movimiento que tanto debemos reflexionar y debatir, ya pues ironicamente nosotros representamos a la mayoría de población del continente Euro-Siberiano,¿ más democrático imposible? Ahora bien lo que puedan demostrar las encuestas manipuladas es otra historia pero las cosas están cambiando y a buen ritmo, ahora depende de nosotros y quien no lo quiera admitir que haga examen de consciencia. ¿Por qué en algo estamos fallando pero aun tenemos tiempo pero la balanza de pagos es cada vez mayor”.
-El ser imbécil no tiene nada de revolucionario, NUESTRAS IDEAS forman parte de nuestra masa, si no sabes como sacarlas APRENDE pero no protestes por tu ignorancia. Otra clave revolucionaria.
-No juzgueis quienes protagonizarón las Revoluciones en si, es una perdida de tiempo. Observar como se desarrollaron los cambios y como ciertos grupos superiores se impusieron, e aquí el desagradable Darwinismo Social… Otra clave.
Vaya después de escribir esto ya puedo asaltar el parlamento ... Viva mi autoego xD
Publicar un comentario en la entrada