domingo, 6 de noviembre de 2011

El marxismo no hace sino reproducir una y otra vez el orden burgués

    
«Volvamos la vista atrás: es el siglo XIX el que ha interpretado al trabajador como el representante supremo de un estamento nuevo, como el portador de una sociedad nueva y como un órgano de la economía.
    
Esa interpretación adjudica al trabajador una posición aparente, dentro de la cual el orden burgués está asegurado en sus principios fundamentales decisivos. En consecuencia, todos los ataques emprendidos desde tal posición no pueden ser sino ataques aparentes, que a lo único que llevan es a que queden acuñadas con mayor nitidez todavía las valoraciones burguesas. En lo teórico todos los movimientos se efectúan en el marco de una anticuada teoría de la sociedad y de la humanidad, pero en lo práctico lo que esos movimientos hacen es otorgar el dominio al personaje del comerciante habilidoso, cuyas artes consisten en saber negociar y mediar. Fácil resulta comprobar lo dicho examinando los resultados obtenidos por los movimientos de trabajadores. Las modificaciones en la política de poder que, más allá de eso, están haciéndose ya visibles son unas modificaciones que en lo más hondo no son queridas, unas modificaciones que escapan a las artes burguesas de la interpretación y que están en total contradicción con las predicciones hechas en el sentido de la utopía humanitaria de la sociedad.
    
Las ideas a que se intentó someter al trabajador no alcanzan, empero, a solucionar las grandes tareas que corresponden a una edad nueva. Por muy refinados que sean los cálculos que se hagan – y el resultado de tales cálculos no debería ser otro que la felicidad -, siempre queda, sin embargo, un resto, un resto que se sustrae a toda solución definitiva y que en los seres humanos se hace notar unas veces como renunciamiento y otras como desesperación creciente.
    
Si es que queremos atrevernos a emprender una ofensiva nueva, no podemos hacerlo sino en dirección a unos objetivos nuevos. Esto tiene como presupuesto un frente diferente  y unos aliados diferentes. Esto tiene como presupuesto que el trabajador se conciba a sí mismo de una manera diferente y que en sus movimientos cese de expresarse un reflejo de la conciencia burguesa y comience a expresarse una conciencia peculiar de sí mismo».
    
   
El trabajador. Dominio y figura. Ernst Jünger. Tusquets, Barcelona, 2003, págs. 36-37.

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