sábado, 1 de octubre de 2011

Abolición de la mujer por parte de la Junta de Andalucía

Bajo la excusa de condenar la publicidad sexista [sic] y exigir una publicidad no sexista (según la leyenda, donde se lee “Exigimos una publicidad no sexista”), como si toda publicidad no fuera una lacra (se ve ya aquí la relación de compatibilidad y hasta de complicidad que existe entre feminismo y capitalismo), se nos informa (icónicamente, mediante una fotografía de una mujer presente en la postal publicitaria editada por el Instituto Andaluz de la Mujer, dependiente de la Junta de Andalucía, perfectamente identificado en el logotipo situado en la base de la postal) del tipo de mujer propuesto por este ente autonómico.
    
Y así, nos proponen-imponen un modelo de mujer de escasa feminidad. Corte de pelo netamente varonil, carácter que también caracteriza al vestuario que utiliza, ausencia de formas femeninas, pose masculina... Podría pensarse que el propagandista ha utilizado el recurso de la exageración, con la intención de captar la atención del público tratando de conseguir un modelo de mujer lo más parecido morfológicamente al hombre; pero aún así, el hecho es que el modelo de mujer que resulta propuesto es éste. E implícitamente, las feministas que se esconden detrás de toda esta complicada ingeniería social, parecen reconocer la desigualdad ontológica que existe entre hombre y mujer, de modo que el anuncio nos narra que esta igualdad esencial deseada tan solo se consigue forzando las cosas, confundiéndose la mujer con el hombre, mimetizándose con el hombre...
    
Es sabido que cualquier mensaje icónico, cualquier icono (entendido como signo que sustituye al objeto mediante la reproducción de algunas de sus condiciones de percepción, y por medio de códigos de reconocimiento) es codificado siguiendo códigos culturales, sociales y estéticos determinados. Pues bien, la foto en cuestión, que con tanta naturalidad nos presentan las feministas subvencionadas del siniestro Instituto Andaluz de la Mujer, trata de conmover, de violentar y de transformar los elementos que, según los códigos socioculturales tradicionales, identifican a la mujer y al hombre. De esta manera se juega a un aparentemente burdo, pero realmente complejo, confusionismo. Los rasgos pertinentes (entendidos como la unidad mínima de significación perteneciente a un sistema comunicativo que nos permite reconocer características de un objeto real) de lo que sería una mujer se encuentran transformados, y es lo masculino lo que pasa a formar parte del icono femenino promocionado. Se ve claro aquí que, mediante una conmoción en nuestros códigos, tratan de transformarlos a ellos y de transformarnos a nosotros. Y más si tenemos en cuenta que un icono en forma fotográfica en un artefacto propagandístico siempre tiene carácter connotativo (hace referencia al mensaje secundario de la imagen, a las asociaciones que van implícitas en la imagen y en función de un contexto social y cultural dado; en oposición a lo denotativo o significado literal de la imagen); y esto es así porque el grado de iconicidad (grado de reconocibilidad perceptiva que alcanza una imagen, es decir semejanza con el objeto representado) de una fotografía es muy elevado y por lo tanto solo da juego, en términos publicitarios o propagandísticos, como connotación. Este carácter connotativo de la imagen fotográfica es logrado, por parte del creador del cartel, por medio de lo que el semiólogo Roland Barthes denomina procedimientos de connotación. A todo esto Barthes se refiere como la paradoja fotográfica. La fotografía, que es un analogom perfecto del objeto real, que alcanza la plenitud de su analogía, realmente no disfruta de tal carácter, pues generalmente el mensaje fotográfico está connotado, tanto a nivel de producción (fotografía construida según normas profesionales, estéticas  e ideológicas) como a nivel de recepción (fotografía es interpretada según un campo establecido de signos). Coexisten pues dos mensajes en la fotografía: uno sin código, que es lo analógico, y otro con código, que constituye lo que se engloba dentro de la retórica fotográfica.
    
Lo “peligroso” de la connotación de la imagen fotográfica está en que ésta está producida por una modificación de lo real, pero beneficiándose a la vez del prestigio y la veracidad que rodea a la denotación. Vemos que las feministas no dejan nada al azar.
    
Pero vayamos más allá. El rótulo de PERSONA, el rótulo que “identifica” a esta mujer como persona, ¿dónde está situado? Este rótulo sirve justamente para invisibilizar el pecho femenino, uno de los signos más característicos de la feminidad y parte del cuerpo inextricablemente asociado a la maternidad. El mensaje es claro: la maternidad y la consideración de la mujer como persona van a estar situadas en polos opuestos, para estas apologetas de la sociedad declinante, claro está. El carácter artificioso de todo esto nos lo desvelan las mismos ideólogas del abolicionismo femenino de forma involuntaria. La consideración de persona hacia esta mujer viene dado por un cartel con el rótulo “persona” que estos le cuelgan. No parte de sí misma, del modelo utilizado, sino que es algo en cierto modo “concedido”, “otorgado”. ¿Reconocen, inconscientemente, que han creado un monstruo, un monstruo feminista?
      
Por último, una mujer no debería tener etiqueta alguna, y tampoco un hombre. El término etiqueta nos remite inmediatamente a la mercancía y acto mercantil. Las feministas no tienen problema alguno con esto; de nuevo nos encontramos con la complicidad señalada arriba entre feminismo, mercado capitalista y triquiñuelas publicitarias. Sabemos de sobra que el feminismo es, entre otras cosas, un atajo para desplomar los salarios mediante la creación artificial de un estado de superpoblación laboral; también sirve al capitalismo expandiendo ciertos mercados “femeninos” y ayudando a que lo mercantil invada todas las parcelas de la vida.
    
La abolición de la mujer es un acto de transformación social brutal que sólo parece propio de una casta sacerdotal. ¿Estamos frente a ella, frente a una casta sacerdotal feminista? Sí.

4 comentarios:

  1. El cuerpo central del feminismo está compuesto por la mminoria tortillera, solo hay que ver las concentraciones proabortistas etc .
    Esa imagen de mujer andrógina está totalmente concebida por los lobbys homosexuales.
    Nada nuevo bajo el sol, y más en Andalucia, comunidad controlada por los sociatillas más repugnantes y corruptos, por suerte, la realidad de la calle y de lo que piensa mucha gente no se corresponde con los deseos de esta gente.
    Esta democracia(plutocracia realmente) es la dictadura de las minorias, sean estas financieras, de orientación sexual o racial, una dictadura contranatura que tiene los dias contados(pueden ser décadas).

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  2. http://www.youtube.com/watch?v=eoXmXAucR1M&feature=relmfu

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  3. Si sólo existe el concepto de persona, ¿para qué tanta ley fomentando la paridad en empresas, listas electorales y demás?

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  4. Muy buen análisis del cartel. Casi perfecto, diría yo. Ya podrían haber puesto el rostro de una mujer andaluza, que son por lo general bien hermosas. Pero no, ahora el modelo femenino políticamente correcto es una pandillera con pinta de malota y cara de pocos amigos.

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