jueves, 19 de mayo de 2011

Nietzsche y el matrimonio: breve comentario analítico acerca del criterio nietzscheano sobre el matrimonio

Este artículo tiene la intención de denunciar al sistema educativo español, al de antes pero sobre todo al de hoy, y, como no, a tanto profesor de filosofía barbudo, marxista, esmirriado, vago, sucio, mentiroso, sectario, moralista y prepotente. En lo que respecta a Nietzsche y su filosofía han engañado y confundido a base de bien, y año tras año, a muchos adolescentes y jóvenes que cursaron BUP, o Bachillerato, la versión rebajada de lo mismo, diseñada para imbéciles de hoy o para gente en vías de imbecilización acelerada, cortesía de los partidos que han gestionado la educación española en estos últimos 25 años. El problema es que la gente que no es imbécil también tiene que estar ahí metida.
    
También pretende exhortar a jóvenes y no tan jóvenes españoles, y sobre todo si son nacionalistas, a casarse, a formar una familia y a tener hijos, tantos como puedan mantener dignamente (y la dignidad no es sinónimo de opulencia material) y en todo caso más de dos. El régimen pseudo-partitocrático y usurero-plutocrático del 78 pone innumerables trabas a que todo esto ocurra y surjan nuevas familias españolas. No hace falta insistir en ello, particularmente en las trabas materiales: la dura situación de falta de trabajo en España, especialmente para la juventud, la precarización laboral  y los salarios de miseria, impuestos por un orden económico cada vez más neoliberal, para muchos de los que sí tienen empleo, la discriminación negativa en todos los órdenes contra los españoles y el desvío sistemático de cuantiosos recursos públicos en beneficio de ciertos inmigrantes, la actuación cuasi-mafiosa de promotores, de bancos y del propio estado a la hora de adquirir una vivienda, etc. ¡Pero es que hay gente que tiene trabajo, casa y dinero suficiente para sostener una familia y no se casa y no tiene hijos! Las trabas inmateriales pasan más desapercibidas para el no iniciado, pero no son menos reales y efectivas: propaganda anti-familia, anti-natalista, pro-aborto, pro-mestizaje, feminismo institucionalizado con la consiguiente persecución sistemática al varón y la cultura, costumbres y ambientes masculinos, emputecimiento femenino, envilecimiento del hombre, promoción de la droga, materialismo y un larguísimo etcétera.
    
Por último, he descubierto que tanto a marxistas y progres, como a gente que parecen haber forjado su mentalidad entre traficantes de la Bolsa, cada vez les causa más desagrado ver unido el nombre de Nietzsche a causas y proclamas nacionalistas. Así que una razón más para que en esta página sigamos insistiendo, al menos una vez al mes, en un análisis de la filosofía nietzscheana desde esta perspectiva, que consideramos mucho más cercana al pensamiento del alemán que otra. Quién quiera negar esto último tendrá que renunciar a la lectura y el estudio de más del 80% de las obras de Nietzsche, o bien instalarse en el más acentuado de los cinismos. 
   
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«¡Mira, justo ahora se ha vuelto perfecto el mundo!  - así piensa toda mujer cuando obedece desde la plenitud del amor».

Rompamos tópicos una vez más. En esta ocasión tópicos propios de adolescentes y de profesores de adolescentes imbuidos de progresismo, especie tan común. Nietzsche no es el imaginado pensador libertario, anarquista, ácrata, partidario de la unión libre y reacio al matrimonio y a un compromiso firme, y todo ello, al parecer, en beneficio de una supuesta independencia personal absoluta, instituida, según esta sesgada lectura, en condición sine qua non de elevación del hombre. Bien, es exactamente todo lo contrario, como a continuación demostraré: según Nietzsche, el matrimonio es el escenario privilegiado en el que un hombre soberano crea un hijo como monumento viviente erigido a su propia victoria, y habiendo surgido precisamente a causa de esta victoria liberadora el anhelo de un hijo.
    
En lo personal, que tiene su importancia, hay que recordar que Nietzsche se declaró a la señorita Lou von Salomé, 17 años más joven que él, en mayo de 1882, en Lucerna (1), proponiéndole matrimonio en varias ocasiones desde entonces, siendo siempre rechazado por aquella.

Lo que más nos interesa, sin embargo, son las reflexiones de Nietzsche al respecto. En un libro tan central y fundamental como Así habló Zaratustra, en el capítulo titulado Del hijo y del matrimonio, encontramos las siguientes afirmaciones (2):

«Tú eres joven y deseas para ti hijos y matrimonio. Pero yo te pregunto: ¿eres un hombre al que le sea lícito desear para sí un hijo?
¿Eres tú el victorioso, el domeñador de ti mismo, el soberano de los sentidos, el señor de tus virtudes? Así te pregunto.
¿O hablan en tu deseo el animal y la necesidad? ¿O la soledad? ¿O la insatisfacción contigo mismo?
Yo quiero que tu victoria y tu libertad anhelen un hijo. Monumentos vivientes debes erigir a tu victoria y a tu liberación.
Por encima de ti debes construir. Pero antes tienes que estar construido tú mismo, cuadrado de cuerpo y alma.
¡No debes propagarte sólo al mismo nivel, sino hacia arriba! ¡Ayúdete para ello el jardín del matrimonio!
Un cuerpo más elevado debes crear, un primer movimiento, una rueda que gire por sí misma, - un creador debes tú crear.
Matrimonio: así llamo yo a la voluntad de dos de crear uno que sea más que quienes lo crearon. Respeto recíproco llamo yo al matrimonio, entre quienes desean eso».

Aquí está todo bastante claro. Lo primero que hay que destacar es la íntima relación entre el matrimonio y el hijo, atestiguado desde el principio en el mismo título del capítulo. Por otro lado, como ya se anticipó, el hijo es un anhelo legítimo para alguien victorioso y libre, y el matrimonio es el lugar en el que tal anhelo debe materializarse. Además, el hijo ha de ser superación de los padres (de ambos, del padre y de la madre, pues también ella quiere superarse en su hijo), no una repetición orgánica de los que lo crearon. Esto está expresado en otro pasaje del mismo libro, en el capítulo titulado De viejecillas y de jovencillas. Allí Nietzsche exhorta a la mujer de la siguiente manera (3):

¡Resplandezca en vuestro amor el rayo de una estrella! Diga vuestra voluntad: ¡Ojalá diese yo a luz el superhombre!

Si, con Sánchez Meca (4) y con otros muchos, entendemos que el objetivo del hombre para Nietzsche ha de ser, en primer lugar, tener el criterio suficiente como para no negar nuestros mejores instintos y, en segundo lugar, favorecer el crecimiento y la acumulación de la fuerza, unidos a su eficaz dominio mediante el desarrollo simultáneo de un nítido centro de fuerzas, todo lo anterior cobra mayor sentido. Con el matrimonio se trata de promocionar una cultura que siga la misma tendencia que la propia de la vida, que es la de la expansión y el fortalecimiento sin límites. Y en el hijo, en el creador, se forjará un nuevo carácter que haga pública y privada execración de la moral de rebaño, la moral que nos ha conducido al estado presente de decadencia.
    
¿Y cómo debe ser el buen matrimonio, el matrimonio que sigue la tendencia de la vida? Nietzsche comprende enseguida la polaridad natural entre hombre y mujer, la que hoy se niega desde la ideología feminista, y la necesidad que el uno tiene de la otra y la otra del uno. El varón es el contrapeso de una emocionalidad desbocada (5):

Y la mujer tiene que obedecer y tiene que encontrar una profundidad para su superficie. Superficie es el ánimo de la mujer, una móvil piel tempestuosa sobre aguas poco profundas.
Pero el ánimo del varón es profundo, su corriente ruge en cavernas subterráneas: la mujer presiente su fuerza, más no la comprende.

La mujer es el estímulo que el verdadero varón necesita, el reto, el desafío, la alta montaña a escalar, un trabajo duro pero que deleita, y que nunca termina (6):

Los frutos demasiado dulces  – al guerrero no le gustan. Por eso le gusta la mujer: amarga es incluso la más dulce de las mujeres.

En Ecce Homo da Nietzsche unas opiniones y argumentos similares a los expuesto en Así habló Zaratustra (7).
    
Ambas obras se encuadran en el período de madurez del pensamiento nietzscheano, el frecuentemente denominado de la filosofía de la voluntad.
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(1) Friedrich Nietzsche en sus obras. Lou Andreas-Salomé. Minúscula, Barcelona, 2005, p. 10. Prólogo de Ernst Pfeiffer.
(2) Así habló Zaratustra. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, págs. 115-116
(3) Nietzsche, op.cit., pág. 110.
(4) «(…) el nivel de autosuperación se mide, no por la cantidad de fuerza que se llega a ser capaz de desencadenar, sino por la cantidad de fuerza que se llega a ser capaz de dominar y de someter. Su grado más elevado corresponde al proceso por el que la voluntad de poder se somete a sí misma a una forma para lograr de este modo su propio autodominio. La superación es el movimiento propio de la voluntad de poder en su tendencia a crecer y a fortalecerse. El individuo que hace de ese mismo movimiento el impulso principal de su vida está afirmando su tendencia elemental. Es el individuo que se define por la potencia y la riqueza de sus instintos y, a la vez, por su capacidad de dominarlos. Como prototipo de esta clase de hombre Nietzsche señala al tipo clásico, en quien se expresaría el logro afortunado de un alto nivel de sublimación de fuertes instintos traducido en capacidad de crear». Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo. Diego Sánchez Meca. Tecnos, Madrid, 2006, pág. 273.
(5) Nietzsche, op.cit., pág. 111.
(6) Nietzsche, op.cit., pág. 110.
(7) Ecce homo. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, págs. 71-72.

4 comentarios:

  1. Mi ex profesora de Filosofía dijo que "Nietsche fue un machista, algo razonable porque su madre era muy mala y su hermana se casó con un nazi".

    Por lo que he visto en las citas que mencionas, Nietzsche creía en la institución del matrimonio como un pilar de la vida del hombre.

    Perdona por estar tanto tiempo sin pasarme, pero es que tengo mucho ajetreo encima con los examenes.

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  2. quitando lo de la mujer tiene que obedecer suscribimos es el resto. más que nada porque para complementarse sería más adecuada una situación de equivalencia. pero bueno, es normal que los autores reflejen el carácter de su época y de lo que han vivido

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  3. Ya Galicia, pero ¿y si la mujer quisiera obedecer al hombre? ¿Y si eso fuera "lo que le pidiera el cuerpo", sus mejores instintos? No obedecer a cualquier hombre, desde luego, sino a uno al que mereciese la pena obedecer. Porque hay muchos tíos mierdas, aquí no sólo criticamos a las mujeres.

    No podemos comparar la psicología femenina con la masculina y lo que para un hombre puede ser inaceptable para una mujer puede ser su objetivo. Si algo no soporta la mujer, en cambio, es la indiferencia masculina. Eso sí que les resulta humillante a ellas.

    Y dirigido especialmente a las mujeres que nos leen, esto no es machismo. De todas formas, SV aporta una muestra buena del tipo de profesorado que se denunciaba arriba. La buena señora no tiene otra cosa en la que fijarse más que en el supuesto machismo de Nietzsche, como si eso fuese central en su filosofía. Claro ejemplo de parcialidad feminista.

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  4. hombre claro, si quiere sí jajaja, sin embargo somos algo "progres" en ese sentido, es decir, creemos que lo que debe hacer una mujer es , teniendo en cuenta lo que has comentado acerca de las diferencias a todos los niveles, que complementar al hombre, ser su parte más fría cuando a este le pueda la imaginación o se deje llevar por los entimientos (ellas son mucho más frías y calculadoras) y viceversa. pero es que el tema de obedecer nos suena como a sumisión y la sumisión, aunque voluntaria..... obvimente tampoco queremos un matriarcado ni mierdas hembristas por el estilo

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