viernes, 1 de abril de 2011

Dumézil y los arios

En otro artículo tratamos acerca del problema de la utilización de Nietzsche para defender posturas nordicistas. Quedó bastante claro que, probablemente, Nietzsche no sostenía tipo alguno de nordicismo. Hay quién sólo se puede permitir una lectura literal de los textos. Bien, como sólo a palos aprende el burro, vuelvo a colocar aquí esta cita de Nietzsche para que los nordicistas partidarios de las lecturas literales estén entretenidos un buen rato y no molesten:

«La profunda, glacial desconfianza que el alemán continúa inspirando también ahora tan pronto como llega al poder – representa aún un rebrote de aquel terror inextinguible con el que durante siglos contempló Europa el furor de la rubia bestia germánica (aunque entre los antiguos germanos y nosotros los alemanes apenas subsista ya afinidad conceptual alguna y menos aún un parentesco de sangre)».

Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 55-56.


El famoso párrafo donde Nietzsche hace mención a la expresión de Horacio hic niger est [este es negro], y que tanto han citado nordicistas de diversa calaña para, mediante lectura literal, hacer pasar a Nietzsche por nordicista, está exactamente 13 páginas antes que esta cita de ahí arriba. Habría que recordarle a los nordicistas que si queremos jugar a la literalidad debemos hacerlo siempre y no cuando nos conviene, y no ocultando además el resto de citas “incovenientes”.

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El genial estudioso del mundo indoeuropeo y descubridor de la concepción del orden como trifuncional por parte de estos pueblos, tanto a nivel social como cósmico, Georges Dumézil, ha desarrollado una investigación exhaustiva acerca del significado de ario. Expongo aquí algunos fragmentos escogidos de lo publicado al respecto en el apéndice II de su obra Los dioses soberanos de los indoeuropeos, donde llevó a cabo una labor de sistematización de los resultados del trabajo de muchos años sobre el asunto:


«Hace diez años el Sr. Paul Thieme aportó una valiosa contribución al conocimiento del vocabulario, la civilización y la religión de los indios más antiguos y los indoiranios. Aunque diverjamos de él en un punto esencial, cabe reconocer que mostró cómo es posible comprender ese pequeño sustantivó arí que Bloomfield llamaba “el enfant terrible de la exégesis védica”.

Los vedizantes a veces están obligados a atribuir, como la misma tradición india, sentidos muy diversos, contradictorios incluso, a términos que se repiten a menudo en los himnos. En esos casos se esfuerzan por restablecer al menos idealmente la unidad, deducir unos sentidos de otros, o todos de uno solo, a su vez atestiguado o hipotético. Pero a veces la materia resiste o la explicación no es convincente: es el caso de arí. El largo preámbulo que Grassmann escribió para este artículo en su diccionario no establece ningún vínculo satisfactorio entre los cuatro grupos de sentidos que distingue a continuación en seis apartados. (…) El Sr. Thieme revisó todo el dossier, rehízo todas las traducciones y propuso un sentido preciso originario que todavía sería válido directamente en numerosos pasajes y que, sobre todo, le parece explicar de forma natural y concreta las evoluciones divergentes de arí así como los valores de los derivados de esa palabra.

Arí sería literalmente “el extranjero” (para más claridad, el Sr. Thieme dice der Frende cuando la palabra no tiene resonancia afectiva, favorable o desfavorable, der Fremdling en caso contrario). (…)

En el capítulo III, el Sr. Thieme estudia los empleos de la palabra arya, derivada de arí como ávya “relativo a la oveja” deriva de ávi “oveja”. Oxítono, aryá no plantea dificultades: es literalmente un adjetivo que significa, con especificaciones diversas, “relativo al extranjero”, y especialmente, cuando se trata de un dios, “protector del extranjero”, y también cuando se trata de un mortal, “hospitalario, gastlich”, de allí, más corto y substantivamente “señor de la casa, Herr”. Pero árya también es paroxítono y el problema, bruscamente, se vuelve muy arduo.

Árya, ausente del Rig Veda, aparece en la literatura ritualista en circunstancias singulares: se opone a śūdrá y, como ārya, desde entonces parece designar a un miembro de las tres clases arias de la sociedad, de los “nacidos dos veces”, por oposición a los śūdrá (sea cual sea la naturaleza propia de éstos); pero al mismo tiempo, contextos que parecen indiscutibles 1.º oponen árya con ārya; 2.º distinguen al árya del brāhmaná y del kşatríya, es decir de las dos primeras clases arias, del sacerdote y del guerrero; algunos comentarios indios de estos textos dicen que árya significa entonces vaíśya, es decir un miembro de la tercera clase, la de los ganaderos-agricultores; finalmente el gramático Pānini no simplifica las cosas al testimoniar que este árya paroxítono vale a la vez svāmin “señor” y vaíśya “hombre de la última de las tres clases arias. (…)

es sorprendente que el nombre étnico común de los indios y los iranios (Arya o Ārya, poco importa aquí) sea un mero apelativo que alude fortuitamente a una simple virtud, aunque sea la hospitalidad, y derivado de un sustantivo que aún no contenga algo de ese valor étnico.

Todas estas formas de la dificultad desaparecerían evidentemente si la palabra arí, sin perder ninguno de los matices determinados por el Sr. Thieme, ya albergase lo esencial de lo que no podemos negar, en la India, a su derivado segundo ārya y, en Irán, al derivado directo airya, es decir, si no aludiese a todos los “extranjeros” sino sólo a aquellos con los que un grupo de indios védicos cualquiera reconociese vínculos más amplios que lo de familia o de clan, vínculos de “arianidad”. (…)

Podemos representar las cosas de este modo:

1.º Para empezar, prehistóricamente, el “miembro de la amplia comunidad arí” o “el hombre que posee los títulos y cualidades del tipo arí” es llamado aryá, sin matiz ni restricción. Llegado a este estadio de evolución los iranios se detuvieron y perdieron la palabra arí. Aryá designaba entonces, en sentido amplio, “al ario”, por oposición al bárbaro de las tierras no sometidas (dāsa, dásyu), pronto también al indígena sojuzgado en las tierras colonizadas (śūdrá). (…)

2.º Persiste el uso de los himnos del Rig Veda: arí sigue designando a la vasta comunidad aria, al tipo ario o, por extensión, a un individuo ario y, eventualmente, a un poeta, lo que, a pesar de los esfuerzos del Sr. Thieme, es difícilmente concebible si arí no es más que “el extranjero”; aryá, adjetivo derivado de arí, se aplica a cualquier hombre, dios o cosa que pertenezca a esta comunidad o responda a este tipo, sobre todo por oposición a los bárbaros, y sin relación especial con una tripartición interna de los arios; finalmente, ārya, propiamente adjetivo derivado de aryá, significa ora, como adjetivo “relativo (perteneciente) a un ser (o al tipo) ario”, ora, como sustantivo, el hombre aryá en cualquier circunstancia y por oposición a los bárbaros, -es decir, sensiblemente la misma cosa que aryá. Este estado del vocabulario corresponde a una sociedad de conquistadores todavía móviles, o fijados desde hace poco, todavía muy apegados a la solidaridad étnica más que a un patriotismo local.

3.º En la época en que fueron redactados los himnos más tardíos del Rig Veda la sociedad sin duda se estabilizó, el ario se volvió más sensible a la solidaridad local que a la vasta unidad que aún definía a la comunidad de lengua y usos. Paralelamente la jerarquía de clases se endurece y se generaliza, engloba a toda la sociedad, pone a cada cual en su sitio, evoluciona hacia el sistema de los varna, y las dos clases superiores se alzan orgullosamente por encima de la tercera, que seguramente era la más numerosa y que, poco a poco, cae en la humilde condición que será la suya a través de la historia. El vocabulario refleja esa evolución; arí subsiste en los himnos con su valor tradicional complejo (mientras se desarrollan los valores hostiles), pero, junto al adjetivo aryá, aparece un adjetivo árya cuya forma puede explicarse como propone el Sr. Thieme o a partir de una variante paroxítona (neutra) de arí, y que ya no sólo designa al ario en general, al ario medio, sino al ario de la masa, al ario vulgar, al de la tercera clase el cual, considerado respecto al autóctono sometido (śūdrá), todavía tiene alguna importancia, pero que, respecto a las dos clases privilegiadas, es un don nadie. El ario en general, por su parte, es designado por el derivado segundo ārya cada vez más frecuente. La evolución final se perfila: al perder el contacto con sus derivados, arí deja de representar, con sus lados buenos, la “esencia” o la “colectividad” de los arya y se cristaliza en su matiz más pesimista y sin duda, históricamente, cada vez más exacto, el de “enemigo”. (…)

En cuanto a la noción primera de arí, con su adjetivo aryá, sería excesivo asignarle la palabra “nacionalidad”, con las resonancias que tiene entre nosotros; se trata no obstante de una noción del mismo tipo, seguramente de la más general entre las nociones que designaban a clases de hombres, relaciones humanas, y una noción a la que no siempre debía corresponder un estatuto permanente, como era el caso de la familia, el clan (viś) y a veces comunidades más amplias (krstí jána); como en el caso del “helenismo” en su época de esplendor, la lengua, los usos y la religión debían constituir lo esencial, la parte estable».

“El arí y los aryas”, en Los dioses soberanos de los indoeuropeos. Georges Dumézil. Herder, Barcelona, 1999, págs.249-273.


A partir de aquí vemos cómo la tendencia a identificar ario con algún tipo de comunidad racial por parte de Nietzsche era correcta. Aryá era grosso modo el nombre que se daba a sí mismo el pueblo indoeuropeo de conquistadores que abrió el norte y centro de La India actual para sí. Igualmente, airya es el vocablo con el que se definían los indoeuropeos que conquistaron y poblaron el actual Irán, cuyo nombre actual ciertamente es un vestigio de ello. Pero no todo queda aquí. Una parte de los osetos, pueblo escita e indoeuropeo establecido en el Cáucaso tienen como nombre étnico de definición Ir o Iron. En el otro extremo del mundo indoeuropeo, en la actual Irlanda, tenemos Éire con la misma raíz etimológica.

Por supuesto, no todo está dicho sobre los arios. El mismo Dumézil, en otro texto célebre, Escitas y osetas plantea esta duda:


«En los últimos siglos antes de Cristo y, más aún, en los primeros siglos después, la estabilidad relativa de los pueblos enumerados por Herodoto cede el lugar, bajo el empuje de los asiáticos, a una agitación, a migraciones, a la formación de numerosos conjuntos étnicos, de breve duración en su mayor parte. La tendencia de los escritores es entonces incluirlos a todos, antiguos y nuevos, en la entidad escítica, con menos frecuencia sármata, que con ello mismo pierde en precisión y en importancia. Entre los nombres tribales o nacionales que aparecen entonces se encuentran la de pueblos surgidos, al parecer, de los sármatas más bien que de los escitas propiamente dichos, que darán mucho quehacer a los soldados y a los cronistas de las dos Romas: iazyges, asses, y sobre todo alanos y roxolanos, es decir los “Aryana”, con su variedad los “Aryana luminosos” (¿afortunados?, ¿rubios?)».

Escitas y osetas. Georges Dumézil.FCE, México D.F., 1996, págs. 9-10.


Dumézil no puede sino interrogarse ante esta nueva derivación. ¿Quiénes son los Aryana luminosos? ¿El hecho de colocar un adjetivo, “luminosos”, a un sustantivo, arios, ”Aryana”, implica, al señalar que existen “Aryana no luminosos”, que la identificación entre ario y rubio como algo necesario es errónea? Es mucho lo que nos resta por conocer sobre el significado de ario y este vacío no lo va a llenar una colección tendenciosamente parcial de citas, escogidas por dos o tres lerdos.

5 comentarios:

  1. Nietzsche es un autor lleno de matices e ironía. Una lectura literal de él es, por lo tanto, errónea, precisamente por esos matices e ironías.

    Muy buena contribución la de Dumézil y buena reflexión la tuya, León.

    Hasta pronto.

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  2. Me consta que eres un gran lector y estudioso de Nietzsche, a la vez que de Rosset. Por tanto te es muy lícito comprender lo absurdo de una lectura literal y descontextualizada de estos autores y las consecuencias absolutamente hilarantes a las que lleva tal procedimiento.

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  3. Gracias León.

    Además, no podemos obviar el talante artístico de Nietzsche. Lo que él escribió es algo más que filosofía.

    Hasta pronto.

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  4. ¿A qué vienen estos posts? Yo no soy ni rubio ni de ojos azules, pero sí soy nordicista, y no entiendo estos posts que tratan con tanto desprecio al nordicismo. ¿Por qué se toma como cosa de locos? Nietzsche es claramente anti-alemán, no anti-nordicista, por lo general estaremos de acuerdo en que el estrato nórdico no es patrimonio exclusivo de Suecia, Noruega, Alemania, Inglaterra y Dinamarca, arqueólogos pro-nazis como Santa Olalla fueron de clara tendencia nordicista y eso no lo hizo menos español o menos falangista.

    Leo este blog y lo considero muy valioso, pero percibo posts como éste de clara tendencia anti-nordicista, probablemente con una vaga idea de lo que es el nordicismo ("todos los que no son rubios, altos y de ojos azules no son blancos" o "todos los que nacen muy al sur no son blancos"), que la verdad me decepciona.

    Un saludo, y os dejo este texto, a ver que opináis.

    http://resistencians.net23.net/imagenmeta.html

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  5. Lo que esta claro es lo que el lenguaje dice y en ningún momento señala a una raza de señores con derecho a esclavizar al resto del mundo.

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