domingo, 6 de marzo de 2011

Reivindicación del mito

En estos tiempos tan modernos, donde lo racional se ha adueñado de todo, hablar de mito puede parecernos innecesario. ¿Qué necesidad habría de mitos si la razón y su instrumento cognoscitivo predilecto, la ciencia, poco a poco van descubriendo los misterios del universo? Esa es la pregunta que cualquiera imbuido de racionalismo y modernidad plantea ante la reivindicación del mito.

Pero, ¿acaso la ciencia y la razón van a poder dar cuenta de todo lo existente? Más aún, ¿acaso el mito es meramente una explicación de lo existente, tal como debería ser la ciencia y la razón? Curiosamente, para criticar al mito se le exige ahora circunscribirse a un ámbito explicativo, a la vez que se hace de la ciencia y la razón algo que sobrepasa la explicación de lo que es. Por el cientificismo se nos induce a absolutizar a la ciencia y a sus logros, haciéndonos olvidar que no deja de ser un método, si bien bastante eficaz en sus objetivos. Pero no podemos olvidar que todo pensamiento es formalmente mítico, incluso el pensamiento racional: los conceptos se basan en imágenes que dan significado a objetos y procesos inconmensurables con su representación y, por ello mismo, sujetos a interpretación.

El mito y la razón no tienen por qué estorbarse. El mito no tiene por qué ser el oponente de la razón, como se nos ha inducido a pensar por parte de los apologistas de la modernidad. El mito puede entenderse como la expresión metafórica de la razón. El mito evoca, sugiere, la razón precisa. Uno es polisémico mientras la otra aspira a una univocidad. No compiten en sus objetivos e incluso la razón y la ciencia puede llegarse a inspirar en el mito productivamente. La razón y la ciencia explican, pero es el mito el que puede otorgar significado.

¿Acaso es imposible una convivencia entre el mito y la explicación racional? Durante siglos convivieron ambas formas de acercamiento a lo existente. En la Grecia presocrática, cuando la razón era especulativa, compartía espacio con el mito (especulación mítica). Parece que es la Ilustración el movimiento que hizo inaceptable, desde entonces y para los muchos, esta coexistencia pacífica entre mito y razón. Pero, para nosotros, la contraposición entre mito y razón o entre mito y ciencia no es aceptable y la rechazamos.

En estos momentos de profunda desorientación necesitamos más que nunca del mito. Porque el mito no se limita a proveernos de una explicación, tan polisémica como sugestiva. También nos habla de nuestros orígenes, de nuestra identidad y del despliegue de la misma en la historia. Como se ha dicho antes, nos otorga significado, algo que el mundo moderno teme. El mito nos provee, en tanto que creencia colectiva de una comunidad nacional, de una beneficiosa unanimidad de saber, cohesionadora. El mito orienta a un pueblo a regenerar y a reconstruir su mundo afirmando sus principios originales, aquellos que nos hablan de la vocación histórica de ese pueblo. El mito es a la vez etiología y paradigma. En el caso contrario, en el de aquel pueblo que no tiene ya mitos por haber sido despojados de ellos, difícil va a ser ya su regeneración.


Imagen: Templo de Apolo (Delfos)

5 comentarios:

  1. Yo valoro el trabajo de la ciencia, pero me hartan los que niegan la espiritualidad y todo tipo de sentimiento identitario basándose en la misma.
    Ciencia y religión/identidad no son contrapuestos.
    Me hace mucha gracia los que me acusan de "extremista", cuando ellos son los primeros que emplean el "o es esto o es lo otro, pero no pueden existir a la vez".

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  2. Gran y necesaria reivindicación, me suscribo a ella.

    Esto me ha encantado:

    "El mito orienta a un pueblo a regenerar y a reconstruir su mundo afirmando sus principios originales, aquellos que nos hablan de la vocación histórica de ese pueblo. El mito es a la vez etiología y paradigma. En el caso contrario, en el de aquel pueblo que no tiene ya mitos por haber sido despojados de ellos, difícil va a ser ya su regeneración."

    Así es.

    Hasta pronto.

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  3. Siempre he sido más partidario de los poetas que de los matemáticos. Prefiero sentarme a la mesa de un gourmet que a la de un endocrino, y donde haya un galán que se quiten los sexólogos... Me revienta vivir en una sociedad en la que parece haber una forma científicamente correcta de hacerlo todo. Sí, sin duda hay que recuperar el mito, es una cuestión de salud social, una sociedad sin mitos es una sociedad enferma.

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  4. "Hay una diferencia fundamental entre ciencia y mito, o ciencia y espiritualidad, y es que la ciencia siempre tiene fecha, mientras que el mito o la espiritualidad no la tienen jamás" (Jean FranÇois Gautier)


    He recordado esta frase que tenía anotada por ahí porque en ella se refleja mucho mas de lo que aparentemente se dice. Estamos hablando de dos universos totalmente distintos, y por tanto no podemos compararlos (ni medirlos, ni diferenciarlos) usando los mismos objetos de medición. Ciencia y Mito NO son complementarios (pues la complementariedad requeriría jugar en el mismo nivel, algo imposible con los parámetros usados para definirlos), pero sí son imprescindibles para formar la integridad de cualquier cosmovisión humana, es decir, su universo simbólico

    Por ejemplo, cuando la neurología y la fisiología desmontan el aparato visual, designando sus zonas de proyecciones corticales y las relaciones entre estas zonas corticales y las del tacto o el oído, sabemos más sobre las condiciones anatómico-fisiológicas de la percepción, pero nada sobre nosotros mismos como seres que miran. La ciencia sería en este caso el "aparato visual", mientras que el mito vendría a ser la "mirada".

    La ciencia nos permite evitar la ilusión intelectual de haber comprendido lo que somos, pero por un camino: describe lo que nos condiciona, es decir, unas funciones, pero no la manera en que nuestro entorno nos ha condicionado tal y como somos, con nuestra historia, con nuestro universo simbólico subyacente, con las relaciones que hemos establecido y memorizado entre objetos, acontecimientos o personas, y con las que se organiza nuestro sentido, el sentido que hemos hecho, que hemos aprendido, y que nos han hecho que aprendamos

    Lo mismo ocurre si llevamos el ejemplo al terreno de la cosmofísica:

    En ciencia, la mecánica gravitacional de cuatro dimensiones no niega la newtoniana de tres dimensiones, sino que hace de ella un caso particular dentro de un marco más general, es ir un paso mas allá dentro del proceso investigativo. Sin embargo el mito no responde a un progreso intelectual o experimental respecto a otro mito anterior (no queda enmarcado dentro de la suma de varios procesos investigativos), no nos va a decir más ni nos lo va a decir mejor; un mito diferente simboliza o sintetiza otras cuestiones, otras experiencias personales, vividas en otros contextos, y permanece siempre inverificable en el sentido de las ciencias.

    Entre ciencia y mito no hay una complementariedad abstracta, sino una contrariedad práctica: no hablan del mismo mundo, ni corresponden a una misma experiencia del mundo. Las competencias de la una no pueden ser reinyectadas en las preguntas o en las representaciones del otro sin riesgo de caer en graves errores de apreciación.

    La ciencia no puede tener acceso pleno al mito de la misma manera que no puede tener acceso cognoscitivo a la materia oscura que hay mas allá de la última constelación

    Y de aquí se puede hacer un esbozo sobre el sentido de existencia colectiva de los pueblos: destruyendo la mitología de un pueblo, sus héroes, sus lamentos, sus glorias, sus goces, sus desventuras, sus victorias, se destruye su sentido de supervivencia.

    Es por esto que una Ciencia usada de ariete contra la base mitológica del pueblo que la origina solo puede acabar en grandes catástrofes.

    Ha llegado el momento de reivindicar a Anteo, aquel gigante hijo de la Tierra que en su combate con Hércules renovaba sus fuerzas cada vez que sus pies tocaban el suelo. Hércules le venció levantándole sobre la tierra de forma perenne. Pero un nuevo Anteo se prepara a surgir, renaciendo así en un mundo de libertades devastadas, quemadas, enrarecidas, deslumbradas por una técnica planetaria engañosa y contraproducente, ebrias de cohesión lógica y abocadas al precipicio

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