jueves, 24 de marzo de 2011

Los asustaviejas

    
Una de las obligaciones del artista es ser portador de cierta irreverencia, de cierta incorrección política, de cierto distanciamiento del poder, sea el que sea. Pero irreverencia e incorrección política real, no de pose. Por eso me sorprenden las acciones, o perfomances, como las denominan sus protagonistas, en contra de los cultos y las creencias católicas, por parte de unos que pretenden ser irreverentes o incorrectos. ¿Es eso la genuina irreverencia o la incorrección política?
    
En la España del siglo XIX sí hubieran podido calificarse como irreverentes tales actos. Y arriesgados. Pero, ¿hoy? Con un gobierno que desprecia públicamente a las jerarquías católicas y a los mismos católicos, con unos medios, en su inmensa mayoría, distanciados o, directamente en contra, de cualquier tipo de sensibilidad católica, con un ambiente social que no es precisamente el más favorable al catolicismo, ¿es irreverente, incorrecta o arriesgada una perfomance anti-católica? Lo dudo. Creo que ese tipo de acciones no tienen nada de actos a contracorriente, antes al contrario, son de clara naturaleza borreguil, siguen el parecer de la mayoría.
    
Asociaciones de furibundos ateos y de laicistas protestan sonoramente por lo que ellos consideran intromisión de un culto particular, siempre el catolicismo, en el estado o en sus instituciones. A los primeros les diré que en España existe, en principio, libertad de culto, y que, por lo tanto, el estado no debe manifestar prioridad alguna por su religión, el ateísmo. A los segundos les diré que sí, que persisten ciertos abusos, pero también que hay que ser proporcionados. Y coherentes.
    
En muchos comedores de escuelas públicas y, por lo tanto, estatales se ha dejado de servir cerdo para comer. Molesta esta comida a los recién llegados musulmanes y, por evitar problemas, se ha suprimido para todos. ¿Esto es, o no es, una imposición religiosa sobre el estado o sus instituciones? ¿Por qué entonces su silencio, señores laicistas? Lo mismo pasa en ciertos comedores sociales y el fenómeno va en aumento. Los habitantes de Ceuta y Melilla son despertados muy temprano por las llamadas musulmanas a la oración. ¿No hay laicistas en Ceuta y Melilla para protestar contra esta intromisión religiosa?
    
En un reciente viaje a la ciudad de Málaga pude observar que, cerca del Puente de las Américas, se halla una inmensa mezquita. Ese día, casualmente, era viernes, la hora, las tres de la tarde y, en el patio de la mezquita y fuera, en la acera, había un impresionante gentío. Eran musulmanes. Ocupaban toda la acera conexa a la mezquita, impidiendo el paso. ¿Por qué no me encontré en esa mezquita y en esa acera a algún ateo predicando su religión, o a algún laicista para protestar pacíficamente por el hecho de que una creencia privada interfiriera con el transcurso normal de la jornada, en este caso con el paso por esa calle?
    
Un laicismo coherente tendrá que manifestarse públicamente en contra de toda intromisión religiosa en lo público. Si los que se entrometen son musulmanes, también, a menos que esos laicistas no sean coherentes, tengan una agenda oculta y otras obediencias políticas, ideológicas, incluso religiosas, menos conocidas. No es extraño que algunas personas públicas hayan manifestado que si hoy existe un peligro real y alarmante para la separación entre la religión y el estado en España es el islam, dadas las declaraciones de algunos de sus líderes religiosos, que en algún caso han merecido la atención de la justicia. No hace falta insistir aquí en que el islam no reconoce tal separación y que, además de religión, el islam es un programa político. Los laicistas guardan un ¿temeroso?, ¿hipócrita?, ¿cómplice?, silencio ante todo esto.
    
En aquel patio y en aquella acera de Málaga casi todo el mundo era joven y fuerte y predominaban los hombres. Un artista ateo o laicista coherente, ¿existen?, que acudiera por allí a hacer una de las suyas, una de sus perfomances, podría tener algunos problemas en función de como se tomaran la perfomance las personas destinatarias de ella. Lo mismo para un militante laicista. Sin embargo, ¿qué se encuentran estos ateos y laicistas cobardes en las iglesias? Viejas, sobre todo, viejas. A pesar de tanta rimbombancia y supuesta superioridad ética como exhiben estos ateos y laicistas, no son nada más que unos asustaviejas.

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