martes, 22 de febrero de 2011

Los inicios de internet o aquel feliz momento de exceso de libertad


Hablamos de una época que poco a poco va pasando. Posiblemente estemos al final de una etapa de internet caracterizada por una multiplicación notable y hasta sorprendente de espacios de libertad de expresión al amparo de esta nueva tecnología, que ha ido por unos derroteros que, en parte, no han gustado al poder oligárquico que la ideara y que no han podido controlar en su totalidad.
    
Internet ha generado nuevas formas de comunicación, la apertura de espacios más libres y abiertos en los que cualquiera puede participar. La información deja de ser monopolio exclusivo de los medios y profesionales de la información, medios a sueldo, de forma directa o indirecta, del poder, y una información alternativa y no mediatizada por éste pasa a hallarse disponible para aquel que quiera y sepa buscarla (en internet). Lo mismo ocurre con la opinión. No se trata tampoco de entusiasmarse demasiado. Para nosotros, internet nunca va a sustituir al trabajo nacional-revolucionario y un activismo que se ciña sólo a internet queda en poco. Las páginas, los foros, los portales… están muy bien siempre y cuando vayan acompañados del necesario trabajo de calle en el interior de una organización.
    
Las evoluciones no controladas de internet siempre han puesto muy nerviosos a los que ostentan el poder, el real y el ficticio. Éstos han tratado de controlarlo, de someterlo a sus normas y de acallar, como sea, a las voces críticas. Y hablamos aquí de crítica real al sistema en cualquiera de sus formas, no de crítica subvencionada y de opereta. Lo que ha beneficiado a internet y a la gente que lo utiliza para acceder a una información y opinión algo más libre ha sido, sobre todo, lo palurda que es la casta parasitaria política y sus adláteres, a la que le ha costado sus buenos años alcanzar un mínimo nivel de usuario en la red. Como es conocido, hasta el burro aprende, y estos actores protagonistas de la farsa democrática han aprendido y han tomado conciencia de lo peligroso que puede ser cierto uso de internet, tanto para ellos como para sus amos ricos.
       
Y en este contexto aparece la Ley 56/2007 de 28 de Diciembre de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información que, contra lo que su nombre sugiere, se trata de una ley censora que permite el cierre de páginas webs incluso sin intervención de la autoridad judicial. A diferencia del sistema establecido para el cierre de los medios escritos y audiovisuales tradicionales, para el que sí se requiere la citada intervención judicial. La oligarquía gobernante sabe que en internet no se requiere tener dinero, ni poder, ni el favor de los medios y de los políticos oficialistas para publicar. De ahí la censura. La libertad de expresión es sólo para los partícipes de este sistema oligárquico. En connivencia con la casta política están quiénes claman abitertamente por el cierre de webs.