miércoles, 2 de febrero de 2011

Alain de Benoist contra el liberalismo

En la lucha diaria contra los marxistas puede haber algunos nacionalistas que descuiden su igual obligación de combatir al enemigo liberal. Una comprensión profunda de ambos sistemas, marxismo y liberalismo, nos lleva a la comprobación, nada sorprendente por otro lado, de la familiaridad, del parentesco, de las necesarias similitudes entre ellos. Familiares algunas veces mal avenidos, pero con un objetivo común, marxistas y liberales, poniendo en primer y único plano lo material, la mera satisfacción de necesidades humanas primarias, reales o inventadas, y la acumulación incesante y acelerada de “riqueza” están arrasando, si no lo han hecho ya, nuestro mundo. Presentamos aquí unas reflexiones sobre y contra el liberalismo a cargo de Alain de Benoist.

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«En el sistema liberal sólo cuenta la dimensión individual, acompañada de su antítesis, la “humanidad”. Todas las dimensiones intermedias: naciones, pueblos, culturas, etnias, etc., tienden a ser negadas, descalificadas (en tanto que “productos” de la acción política e histórica, y en tanto que “obstáculos” a la libertad de comercio) o consideradas como insignificantes. El interés individual domina al comunitario. Los “derechos del hombre” se refieren exclusivamente al individuo aislado, o a la “humanidad”. Los individuos reales son percibidos como reflejos, como “encarnaciones” de un concepto abstracto de Individuo universal. La sociedad, a la que la tradición europea consideraba como integradora del individuo (en el sentido en que el organismo integra en un orden superior a los órganos que lo componen), se ve despojada de sus propiedades específicas y pasa a ser la simple suma de sus habitantes en un momento dado. En adelante es definida como una colección de personas arbitrariamente consideradas como soberanas, libres e iguales. La propia soberanía política es reducida al nivel individual. Al estar prohibida cualquier trascendencia del principio de autoridad, el poder no es ya más que una delegación hecha por unos individuos cuyos votos se suman con ocasión de las elecciones, delegación que vence regularmente y de la que el poder debe rendir cuentas a la manera de un presidente de consejo de administración ante la junta de accionistas. La “soberanía del pueblo” no es en modo alguno la del pueblo en cuanto tal, sino la indecisa, contradictoria y manipulable de los individuos de que ese pueblo se compone. Al ser los individuos iguales y tener primacía sobre las colectividades, el desarraigo se convierte en regla. La movilidad social, necesidad económica, cobra fuerza de ley. La práctica, dirigida a consumar la teoría, favorece la abolición de las diferencias, que han acabado por ser calificadas de “injustas”, al depender del azar del nacimiento. Lo que implica, como subraya Pierre François Moureau, “romper las comunidades naturales, las metáforas orgánicas, las tradiciones históricas propicias a encerrar al sujeto en un conjunto que se supone no ha elegido” (Les racines du liberalisme, Seul, 1978, pág. 11). La concepción orgánica de la sociedad, derivada de la observación del mundo viviente, es sustituida por una concepción mecánica, inspirada en una física social. Se niega que el Estado pueda ser asimilado a la familia (Locke), que la sociedad sea un cuerpo, etcétera».

Fragmento del artículo “El error del liberalismo”, de Alain de Benoist. Publicado en Más allá de la derecha y de la izquierda. Alain de Benoist. Áltera, Barcelona, 2010, págs. 59-60.

6 comentarios:

  1. A mí me resulta curioso que los liberales nos acusen de "soxialistas" y los socialistas de "ultraderechistas" (eso significaría que somos capitalistas a muerte).
    Parece no darse cuenta que los que coinciden son ellos, para quien el individuo tan solo es un elemento más de la producción y no el responsable de que exista dicha producción.

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  2. Muy bien lo que dices, Soldado.

    Sobre este texto de un gran Benoist poco puede añadirse. Es excelente y estoy sumamente deacuerdo. Hay que luchar contra la atomización de la sociedad y contra la `humanidad' para defender a la auténtica individualidad, a la excepcionalidad, y la sobreranía de los pueblos, así como la diferenciación racial... y más cosas, claro.

    El disidente debe ir a muerte contra el liberalismo y contra el comunismo. Hoy, ambas ideologías ensambladas en una sola aunque pocos lo vean.

    Hasta pronto.

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  3. Es importante remarcar la transversalidad de las posturas nacionalistas, opuestas al universalismo homogeneizador del liberalismo y del socialismo

    P.D: No os perdais este vídeo, las medidas para crear empleo del PP:

    http://www.youtube.com/watch?v=chWOqUeIdXY

    Al final será verdad que no tienen ni programa oculto, jajaja, algo lamentable, porque cualquier programa realmente nacionalista ahora haría mas falta que nunca y tendria menor oposición

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  4. Mucha razón, Deporta.

    Sinceramente, en el video, Rajoy ha quedado fatal. Pero eso lo vemos nosotros, a la mayoría quizá le parezca una respuesta perfecta. Qué político más torpe, joder. Rajoy y ZP son muestras de la mediocridad política de este país. Rajoy no recuerdo cómo lo hizo como Ministro, así que no puedo criticar su labor, pero como político de masas, como persona quiere optar a la presidencia, me parece lamentable.

    Hasta pronto.

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  5. Lo bueno de los parlamentos es que reflejan a la sociedad que representan. Zapatero y Rajoy son el más claro ejemplo de una sociedad decadente y sin rumbo.
    Como ejemplo de sociedad ideologizada, mencionaría a la II República, cuya tensión en la calle y en el día a día llegaba al parlamento.

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  6. El hecho cierto es que el liberalismo y el marxismo tienen un mismo origen, son ideologías nacidas del fermento de la Modernidad y de la Ilustración. Tienen una concepción del individuo que, en el fondo, es coincidente, lo mismo pasa con la concepción de la sociedad, etc. Para captar bien el hecho de que entre marxismo y liberalismo no hay diferencias de grado, no existe método mejor que comparar cualquiera de estas dos ideologías con otra que no pertenezca a su familia.

    Los nacionalistas somos transversales, estamos más allá de la derecha y de la izquierda y no nos sentimos obligados en modo alguno a participar de ese código izquierda/derecha, que surge en un contexto socio-histórico muy definido.

    Me sorprende mucho que puedan existir nacionalistas que no condenen con contundencia el liberalismo. En el texto de Benoist se describen numerosos elementos de la ideología liberal que contribuyen a la ruina social, cultural, económica, inmigratoria, etc. que soporta hoy nuestra nación:

    Todas las dimensiones intermedias: naciones, pueblos, culturas, etnias, etc., tienden a ser negadas, descalificadas (en tanto que “productos” de la acción política e histórica, y en tanto que “obstáculos” a la libertad de comercio) = Descalificación de las razas, las etnias y de la natural diversidad + Consideración de lo económico como centro absoluto del mundo (nada más lejos de nuestro antiguo concepto ario trifuncional)

    Los individuos reales son percibidos como reflejos, como “encarnaciones” de un concepto abstracto de Individuo universal. = Atomización brutal del individuo frente al individuo integrado de las tradicionales sociedades orgánicas europeas

    La sociedad, a la que la tradición europea consideraba como integradora del individuo (en el sentido en que el organismo integra en un orden superior a los órganos que lo componen), se ve despojada de sus propiedades específicas y pasa a ser la simple suma de sus habitantes en un momento dado. = Negación práctica del ius sanguinis e instauración del ius soli

    Al ser los individuos iguales y tener primacía sobre las colectividades, el desarraigo se convierte en regla. = Inmigración masiva + mestizaje + Ausencia de sentido de la justa petición de Prioridad nacional de Deporta: http://www.youtube.com/user/DeportacionMasiva#p/c/4B9A796CC0D1A2F6/0/OExAf2ULvdQ


    Esto es de otro autor. Lo he transcrito en otro lugar pero lo voy a hacer también en este porque ya que hablamos de liberales creo que viene muy a cuento:

    “¿Y si ese encarnizamiento de los de arriba en obligar a los de abajo a abrir sus brazos [a la inmigración] no fuese más que una nueva modalidad del desprecio de clase?”

    Christine Clero, “Le cri étouffé des petits blancs”, en la Revista Marianne, 24-XI-06

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