miércoles, 9 de diciembre de 2009

El multiculturalismo: hacia su comprensión en cuanto ideología (I)

He aquí un texto de Arjun (el primero de dos) en el que intenta comprender, y hacernos comprender, qué es el multiculturalismo en cuanto ideología. Se ayuda para ello de las sugestiones que le produce la lectura de un texto de Gustave Le Bon acerca del socialismo (cuyas citas aparecen en azul).
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El multiculturalismo no es, hablando en sentido estricto, una ideología política común, un cuerpo de ideas basado en una teorías sociales y económicas más o menos discutibles, una interpretación racional del hombre y su mundo sobre la que se basa después un programa de reforma de la sociedad, sino simplemente una creencia, casi una religión. Pues es evidente que el multiculturalismo pertenece a la familia de las creencias religiosas.
Los adeptos de esta nueva religión son generalmente incapaces de darnos una explicación coherente de sus dogmas en mutación permanente: tanto hablan de integración como de intangibilidad de las culturas, tanto de mestizaje como de preservación de las diferencias, tanto de "igualdad" como de "diferencia", tanto de uniformidad como de diversidad, tanto del deber de solidaridad con el "Otro" como de la supuesta necesidad que tendríamos de acogerlo, etc... Pero desde el punto de vista de la extensión del fenómeno, estas contradicciones y otras discusiones de los teóricos del multiculturalismo no tienen ninguna importancia. Los creyentes de esta nueva religión no las entienden. Lo que estos retienen del multiculturalismo es únicamente la idea fundamental de que nuestras sociedades, hasta ahora monoétnicas, homogéneas racial y culturalmente, son sociedades imperfectas y que hay que favorecer la implantación masiva de otras razas y culturas sobre los suelos nacionales de las distintas patrias europeas para cambiar este defectuoso estado de cosas. El discurso cambiante de los doctores de esta iglesia, haciendo contorsiones dialécticas para adaptar su discurso a la realidad que huye del catecismo imperante, no alcanza a la masa de los sectarios de esta creencia. Las masas siempre aceptan las doctrinas en bloque y nunca evolucionan. Sus creencias revisten siempre una forma muy simple. Implantadas fuertemente en unos cerebros primitivos, estas permanecen inquebrantables durante mucho tiempo.
Ningún apóstol nunca ha dudado del futuro de su fe, y los apóstoles del multiculturalismo están persuadidos del triunfo próximo de la suya (y debemos reconocer que esas esperanzas no carecen de asidero real). Una victoria tal implicaría necesariamente la destrucción de la sociedad actual y su reconstrucción sobre otras bases. Nada aparece más sencillo a los discípulos de los nuevos dogmas. Es evidente que se puede, mediante la violencia, desorganizar una sociedad (y la invasión masiva de nuestros días es la mayor violencia que haya sufrido Europa en toda su historia). Se puede destruir en una hora un edificio construido en mucho tiempo. ¿Pero podemos admitir que el hombre puede volver a levantar a placer una organización destruida?
Para entender la influencia ejercida por el multiculturalismo e incluso su éxito cada día más visible en nuestras sociedades no es necesario examinar sus dogmas. Cuando observamos las causas de este éxito, constatamos que éste es totalmente extraño a las teorías que esos dogmas proponen o a las negaciones que imponen. Al igual que las religiones, el multiculturalismo se propaga por motivos distintos a las razones. El multiculturalismo es muy débil cuando trata de discutir de argumentos racionales, concretos, sacados de la realidad misma de las cosas. Pero se fortalece en el terreno de las afirmaciones, de los ensueños y de las promesas quiméricas.
Gracias a esas promesas de regeneración de nuestras sociedades que nos anuncia el nuevo orden basado en la cohabitación de grupos diametralmente distintos cuando no opuestos e incompatibles, el multiculturalismo llega a constituir una creencia con forma religiosa antes que una doctrina basada en la razón. La gran fuerza de las creencias, cuando llegan a revestir esta forma religiosa, es que su propagación es independiente de la parte de verdad o de error que puedan contener. Cuando una creencia está fijada en las almas, su absurdidad no aparece, la razón ya no la alcanza. Sólo el tiempo puede gastarla. Lo que ha entrado en la esfera del sentimiento no puede ser ya tocado por la discusión. Las religiones, que no actúan más que sobre los sentimientos, no pueden ser socavadas con argumentos, y es por ello que su poder sobre las almas siempre ha sido absoluto.

Arjun

4 comentarios:

  1. Creo que haces un esbozo de una perspicaz deconstrucción formal de la ideología multiculturalista como discurso débil, en el sentido de Vattimo pero no aplicado ya a la teorización sino a la propia ideología (y sin las connotaciones positivas que el término tiene en Vattimo). Y, sin duda, el multiculturalismo es una de las ideologías más en boga dentro de ese magma ideológico postmoderno que ha irrumpido con esta segunda Modernidad en la que estamos instalados.

    Quizás un discurso débil no tiene tanta necesidad de evitar las contradicciones en su sistema, y así ocurre en el multiculturalismo. Ni seguidores ni apologetas profesionales de esta ideología elaboran un discurso al menos mínimamente coherente. Es posible que esa debilidad discursiva sea uno de los motivos de la reactivación del anatema como modo de interrupción del debate y de la puesta en discusión de la propia ideología en estos tiempos. Dígase ¡fascista! y el multiculturalista dejará de verse en la necesidad imposible de resolver tanta aporía. En otro orden de cosas, dígase ¡machista! y la feminista empedernida podrá seguir tan tozuda como siempre, sin razonar.

    Por otro lado, esta dicotomía analítica que estableces en función del nivel de conciencia con respecto a esta ideología (seguidor y apologeta profesional, que en la práctica viene a ser casi sinónimo de intelectual sistémico) puede ser completada con la introducción de un tercer nivel de conciencia (llamémosle generador) que hace aparecer a los dos tipos anteriores como tontos útiles, que creen sinceramente en una ideología en la cual sus (probables) creadores no creen, sino que hacen de ella (¡y de ellos!) una utilización instrumental. Ejemplo por antonomasia de este tipo generador o creador: Daniel Cohn-Bendit.

    Quizás esto explique la aparente contradicción, que expones, Arjun, en la segunda parte del artículo, consistente en que la ideología multiculturalista está destinada a no cumplirse. Es una ideología de derribo, tal y como sus (probables) creadores pretenden.

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  2. "Quizás un discurso débil no tiene tanta necesidad de evitar las contradicciones en su sistema, y así ocurre en el multiculturalismo. Ni seguidores ni apologetas profesionales de esta ideología elaboran un discurso al menos mínimamente coherente. Es posible que esa debilidad discursiva sea uno de los motivos de la reactivación del anatema como modo de interrupción del debate y de la puesta en discusión de la propia ideología en estos tiempos. Dígase ¡fascista! y el multiculturalista dejará de verse en la necesidad imposible de resolver tanta aporía. En otro orden de cosas, dígase ¡machista! y la feminista empedernida podrá seguir tan tozuda como siempre, sin razonar."


    Bien pensado, me parece del todo evidente que así sea. La debilidad de tales discursos (multiculturalismo, feminismo y otros) no se puede mantener más que mediante la prohibición del libre debate y la confrontación de ideas. En cuanto se pone a esa clase de discurso antes sus contradicciones o se denuncia sus falsos enunciados, surge el anatema y se rompe la baraja. Esas ideas, teorías, discursos, no resisten el análisis concienzudo. Pasa lo mismo que con el Holocausto: como es mucho más fácil rebatirlo que confirmarlo (con pruebas en la mano), se demoniza al contradictor y se llama, en este caso, a la Policia. Se nos invita (se nos obliga, mejor dicho) a creer a pies juntillas esas construcciones fantásticas y charlatanescas. Si uno se opone a ello, porque nada o poca cosa confirma esas historias y porque nadie en última instancia está obligado a creer en lo que no está demostrado, entonces se declara al incrédulo, al disidente, indigno, loco, criminal, etc... Cuando una "verdad" está blindada contra la crítica y el análisis, no es de extrañar que esta adquiera carácteres francamente grotescos, exagerados, desorbitados. Así las contradicciones carecen de la importancia que realmente tienen, pues estas, al no ser sometidas a debate, no invalidan la fraudulenta teoría. El paraguas del anatema y la prohibición permite todo tipo de imprecisiones, contradicciones y absurdos en la confianza de que no podrán ser desenmascarados o denunciadas en la plaza pública.

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  3. "Por otro lado, esta dicotomía analítica que estableces en función del nivel de conciencia con respecto a esta ideología (seguidor y apologeta profesional, que en la práctica viene a ser casi sinónimo de intelectual sistémico) puede ser completada con la introducción de un tercer nivel de conciencia (llamémosle generador) que hace aparecer a los dos tipos anteriores como tontos útiles, que creen sinceramente en una ideología en la cual sus (probables) creadores no creen, sino que hacen de ella (¡y de ellos!) una utilización instrumental. Ejemplo por antonomasia de este tipo generador o creador: Daniel Cohn-Bendit."

    Totalmente de acuerdo. Vemos claramente que muchos de los que dirigen el "cotarro" hacen una mera utilización instrumental (por retomar tu expresión) de una ideología que les sirve a sus intereses pero en la que en el el fondo no creen. El multiculturalismo es un medio para conseguir un fin: la destrucción de las identidades de los pueblos de raza blanca europea. El fin no es implantar una sociedad edénica hecha de todas las etnias y colores, sino destruir el edificio de la civilización del hombre blanco, arruinar sus fundamentos filosóficos y morales grecorromanos y cristianos (en la medida en que el cristianismo es percibido como parte integrante de la identidad europea), y corromper su sangre para dejarlo al nivel de un rebaño de bastardos sin sentido ni destino. La tonta de la Ong (mal peinada y con pañuelo palestino) cree en la buena nueva del multiculturalismo, en cambio gente como Cohn-Bendit no cree más que en el truinfo de la Sinagoga Universal, por decirlo de alguna manera. El instrumento para esa finalidad cambia según las épocas y las circunstancias, pero no cambia la voluntad de llegar a una meta señalada desde tiempos remotos.

    "Quizás esto explique la aparente contradicción, que expones, Arjun, en la segunda parte del artículo, consistente en que la ideología multiculturalista está destinada a no cumplirse. Es una ideología de derribo, tal y como sus (probables) creadores pretenden."

    Es como la famosa integración. Nos han vendido el discurso de la integración como la panacea universal a la inmigración y la diversidad racial creadas artificialmente en Europa. Tal vez algunos rangos inferiores de esa empresa creían en ello, pero los que dirigen esta empresa antieuropea utilizaban el discurso de la integración como un medio para conseguir otro objetivo. La integración estaba destinad a no cumplirse, pues ese no era su cometido y además era del todo imposible integrar aquello que es inintegrable. Su finalidad era adormecer a los europeos con "cuentos de hadas" mientras se ganaba tiempo y la colonización se afianzaba. Llegados al punto actual, la integración ha quedado superada, ya casi nadie habla de ella.

    Una vez que el instrumento integración ha quedado obsoleto para lo que se buscaba imponer, ahora nos venden el multiculturalismo como la solución ideal. Pero su estrepitoso fracaso ha quedado a la vista. Los países que aplicaron fórmulas multiculturalistas a sus poblaciones extranjeras (Holanda, Gran Bretaña...) están ahora axfixiadas por la situación que va camino de una confrontación en toda regla entre nacionales y foráneos. El multiculturalismo ha fracasado, pero no los objetivos que ese multiculturlismo buscaba propiciar: la quiebra de las sociedades del hombre blanco europeo. El multiculturalismo como ideología fracasará (ha fracasado), pero como instrumento al servicio de una causa ajena a su propios enunciados ha tenido pleno exito. Cuando más nos acerquemos a la catástrofe completa, más cerca estará el multiculturalismo (como instrumento) de su triunfo definitivo.

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  4. Lo de las contradicciones de los dogmas del multiculturalismo es clave: no se puede hablar de "pluralidad" y hacer apología del mestizaje al mismo tiempo, poruqe lo segundo es la anulación de lo primero: recuerdo cuando era pequeño y jugaba a mezclar los colores de la paleta de acuarelas, finalmente me encontraba con que allí donde tenía una paleta llena de colores me quedaba un solo color poco agradable e inutil.

    No entiendo como un intelectual de izquierda puede apoyar la causa de una tribu amazónica que solicita el dominio exclusivo de territorios desproporcionados a su número, y a renglón seguido condenar el "racismo" y la "xenofobia" europeos (en casos como el del referendum suizo sobre los minaretes, los ayuntamientos italianos q no empadronan inmigrantes, el voto de apoyo a Le Pen o Bossi, etc). cuando en ambos casos se trata de exactamente lo mismo, el derecho de un pueblo a defender un espacio geográfico propio para la reproducción y perfeccionamiento de su cultura.

    Lo más absurdo es que nadie siquiera señale estas contradicciones, estén totalmente por fuera del debate. Nadie se atreve a decir que el rey está desnudo por miedo a que le corten la lengua. Vivimos enel imperio del mundo al reves, lo natural se trata como aberrante y a lo antinatural se lo impone como natural, inevitable e incuestionable.

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