viernes, 9 de octubre de 2009

Filosemitismo

El marcado filosemitismo de muchos que no tienen una gota de sangre judía en las venas no se basa en una afinidad (asi sea lejana) de tipo genético, o digamos racial (aunque esta terminología esté siempre sujeta a controversia). No sería una manifestación de esa imperiosa "llamada de la sangre" que la cultura popular, si no la ciencia, da por sentada. Como apunta Otto Weininger: No hay que confundir el judaísmo con los judíos. Existen arios que son más judíos que los propios judíos, y judíos que son más arios que los propios arios (1). Sin duda, esa afirmación, además de expresar un convencimiento de orden intelectual y ser la constatación de un hecho del que la realidad de su tiempo le proporcionó posiblemente más de un ejemplo a su observación, reflejaba también en gran parte el dilema personal de un judío que renegó de su judaísmo para abrazar la causa de Alemania y el germanismo, por lo que sus detractores lo han colocado siempre en la categoría infamante de "judíos antisemitas".
Estaríamos más bien ante una identificación de tipo espiritual, psicológico, moral, raramente religioso o cultural, pues la fascinación que ejercen los judíos en muchos no-judíos muy pocas veces tiene su origen en los ritos y creencias religiosos del autoproclamado Pueblo Elegido (la exagerada admiración de algunos goyim por los judíos raramente les ha llevado a estos a adoptar las prácticas y los ritos mosaicos), sino en su actividad intelectual, su relación con el poder, su dominio social, su protagonismo económico, todo ello favorecido por un sentimiento de culpa hacia los judíos artificialmente creado y un complejo de inferioridad que es un misterio de la psicología humana.
La auténtica adoración que reviste muchas veces un carácter irracional que sienten hacia los judíos muchos europeos de vieja estirpe ha de tener necesariamente su explicación en la existencia de alguna tara mental, en algún trastorno psicológico profundo, en alguna carencia o "malformación" intelectual, si no está basado en una ignorancia total y una candidez asombrosa. Ninguna persona normalmente constituida, moral y espiritualmente irreprochable puede tener al pueblo judío por modelo. No hablamos aquí de los judíos tomados como individuos, dignos o no de respecto, de aprecio o de admiración, sino del conjunto de la raza, el judío considerado como entidad histórica, como realidad "política". Y desde ese ángulo, el judío es absolutamente deleznable por donde se le mire y a lo largo de toda su existencia histórica.
Los judíos, como grupo humano, como entidad étnica y cultural, han provocado algunas veces la admiración (por ciertas cualidades destacables como la unidad del grupo, la tenacidad en la adversidad); en ocasiones la conmiseración (por la dureza -provocada y merecida- de sus desventuras); rara vez el afecto (pues pocas veces un pueblo ha resultado tan antipático a los demás); casi siempre el rechazo (por sus prácticas y creencias tan hostiles a la humanidad); constantemente el odio (como respuesta a su propio odio). Y el odio antijudío ha sido tan constante en la historia desde antiguo entre pueblos tan distintos y en épocas tan alejadas entre sí, que no cabe achacar a ese odio motivos ajenos a la personalidad y al accionar de los propios judíos, como apuntó acertadamente el judío Bernard Lazare en una cita frecuentemente mencionada (2).
Pero la existencia del pueblo judío, considerada de tan escasa relevancia en el orden de las excelencias humanas, correspondería a la finalidad de realzar la idea de grandeza por el contraste chocante de su ruín condición. Esa sería su verdadera y única misión.
Así dice Houston Stewart Chamberlain: Sin embargo, como el día necesita de la noche (porque la noche sagrada nos desvela el secreto de otros mundos), así la magnífica obra política de los griegos y los romanos exigía un complementeo negativo: y es Israel (el pueblo judío) quien lo ha dado. Para que percibamos las estrellas, es necesario que la luz del día se apague. (...) Si consideramos la historia exterior del pueblo de Israel, la primera impresión ciertamente es tan poco atrayente como posible. Aparte algunos raros rasgos simpáticos, pareciera que toda la bajeza de la cual los hombres son capaces se condensan en este pequeño pueblo. No es ciertamente que los judíos hayan sido en el fondo más abominables que el resto de la humanidad, pero la fealdad extrema del vicio en su historia nos deja estupefactos, porque se ofrece a la vista completamente desnudo. Ninguna gran meta política excusa aquí la iniquidad; ningún arte, ninguna filosofía palía los horrores de la lucha por la existencia.

(1) Y añadía, de manera extraordinariamente sugestiva: "Debo decir ante todo, claramente, lo que yo entiendo por judaísmo. Pienso que no se rata de una raza, ni de un pueblo, menos aun de un credo legalmente reconocido. El judaísmo debe ser considerado únicamente como una dirección del espíritu, como una constitución psíquica posible a todos los hombres, que ha encontrado en el judaísmo histórico su realización más grandiosa." (...) "(He expuesto) aquello que según mi opinión debe de ser tenido por judaísmo. No se trata de una nación, de una raza, de una religión, de una escritura. A partir de ahora, cuando hablaré de los judíos, no señalaré al individuo, ni a la comunidad, pero en general al hombre que en esto participa de la idea platónica del judaísmo. Otto Weininger, Sexo y carácter, 1903.
(2) En todos los lugares en los cuales los judíos se han establecido, en todos ellos se ha desarrollado el antisemitismo (… ) Si la hostilidad y hasta la repugnancia sólo se hubieran manifestado con respecto a los judíos en una época y en un país, sería fácil desentrañar las causas limitadas de estas cóleras; pero por el contrario, la raza judía ha sido objeto de odio de todos los pueblos en medio de los cuales se ha establecido. Ya que los enemigos de los judíos pertenecían a las razas más diversas, vivían en países muy apartados los unos de los otros, estaban regidos por leyes diferentes y gobernados por principios opuestos, no tenían ni el mismo modo de vivir ni las mismas costumbres y estaban animados por espíritus disímiles que no les permitían juzgar de igual modo todas las cosas, es necesario, por lo tanto, que las causas generales del antisemitismo siempre hayan residido en el mismo Israel (los judíos) y no en quienes lo combatieron. Bernard Lazare, El antisemitismo, su historia y sus causas, 1894

Arjun

13 comentarios:

  1. Pienso que el actual movimiento filojudio es por Israel y su lucha contra los arabes y el mundo musulman yo mas o menos lo resumiria asi.

    Judios (Judaismo)vs Arabes (Panarabismo Islamismo)

    Arabes molestan en Europa - Las judiadas no salen a la luz + Nuestras autoridades no pueden solucionar el problema inmigratorio + Un fuerte odio y rechazo del Autoctono Europeo al Arabe y su cultura = Filojudaismo

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  2. el genial y precoz autor de "sexo y carácter" creo recordar que fue
    un crítico feroz del judaísmo y de las mujeres... y siendo él mismo judío acabó suicidándose siendo aún muy jóven.
    Opino que su enorme madurez intelectual no le impidió llegar a conclusiones arráticas o al menos "subversivas"... Creo haber leido que frente a Otto Weiniger el
    régimen del III Reich promovió las ideas --defensoras de la mujer y de la maternidad, por tanto de la familia-- de un autor cuyo nombre no recuerdo. Un tal Wagner quizá...
    ¿Estoy en lo cierto?
    Julio Sanz Tresmontes

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  3. Interesante el filosemitismo. ¿No tendrá culpa de esto el cristianismo? Los gentiles han tenido que sucumbir a la pena de ese pueblo tan victimista y resentido. El filosemitismo de los europeos proviene de una culpa atávica pasada de generación a generación: el amor a lo semítico es una especie de disculpa por parte de los que se proclaman amantes de lo semítico.

    También proviene de la falsa relación de identificar lo semítico con la idea de progreso y bienestar: siempre te saldrán los filosemitas con los “”””grandes”””” («?») científicos y pensadores judíos. El caso es que ese “filo”, ese amor, no puede venir sino de la creencia de que se les debe algo, cuando uno ama da algo suyo, amar es como la fe: amar es pagar una especie de deuda a un amado, al que creemos le debemos algo, de la misma forma que los creyentes en Dios le procesan fe porque piensan que les deben algo a Dios. Así pues, el filosemita piensa que les debe algo a los judíos pues consideran que su contribución a la Humanidad es incuestionable, con la cual no habríamos evolucionado.

    En fin, espero no haber sido demasiado abrupto e incomprensible en la exposición.

    Hasta pronto.

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  4. Esa afirmación de Weininger:
    "No hay que confundir el judaísmo con los judíos. Existen arios que son más judíos que los propios judíos, y judíos que son más arios que los propios arios"
    me da qué pensar. Creo que el propio Arjun ha dejado ver sus dudas al respecto.

    Efectivamente, vemos a muchos no judíos actuar de una forma similar al modo de actuar que calificamos de judío. Y este calificativo de un modo de actuar como judío no debería soprender a nadie; cada pueblo tiene una idiosincrasia particular y es perfectamente legítimo hablar del modo de actuar alemán, francés, español, italiano o ruso, por ejemplo.

    En el texto, Arjun expone algunas características de ese modo de actuar judío: odio, ruindad, bajeza, así como tenacidad y endogamia. Yo añadiría, entre otroas y sobre otras, una capacidad extrema para invertir valores.

    En la línea de lo que argumenta Daorino, ¿cabria la posibilidad de que el modo de actuar judío presente en tantos no judíos no es sino la actuación según aquellos modos judíos que nos han venido dados a través del cristianismo?

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  5. Existe una nueva hornada de filosemitas que se ha venido a sumar a los de toda la vida. Muchos se sienten llevados a simpatizar con Israel a través de su rechazo al movimiento invasor musulmán o, para hablar claro, de su odio al moro. Lo que les lleva a ponerse del lado del sionismo (con el que se siente representado una inmensa mayoría de judíos por todo el mundo) es la admiración que sienten hacia quienes hacen lo que nosotros, en España y en Europa, no somos aún capaces de hacer. A estos nuevos filosemitas, de recorrido sensiblemente distinto de los tradicionales adoradores de los hijos de Sem, sólo les interesa (o les interesa de manera preponderante) la mano dura que tiene Israel contra los árabes. Proyectan su odio, su frustración y sus deseos hacia otros actores y escenarios y se sienten vengados por quienes en definitiva luchan por sus intereses, y únicamente por sus intereses, aunque estos pueden a veces coincidir con los nuestros (los de los europeos). Admiran y envidian en Israel todo aquello que en casa propia no es ni siquiera imaginable, en el estado actual de la situación. A falta (o en la espera) de poner tratar a "nuestros" moros con la violencia que les tienen reservada, les compensa la agresividad israelí con los palestinos y otros musulmanes en la zona.

    Pero estos filosemitas (projudíos, prosionistas, como queramos decir), en su fascinación por Israel, que representa todo aquello que quisieran ser y hacer en su propia realidad y en relación a la lucha contra la islamización, se sienten como obligados a poner a los israelíes (y por ende a los judíos en general) en un pedestal y magnificar sus logros, sus cualidades, etc, y caen en ese culto al judío (tanto en su versión "acorazada" israelí como en su versión victimista y quejumbrosa de la diáspora) como paradigma de excelencia y superioridad, que podríamos denominar judeolatría. Y digo judeolatría pues creo que estamos algo más allá de una simpatía más o menos fuerte, sino de una total entrega que no conoce reparos ni límites.

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  6. Acerca de lo que dice Otto Weininger.

    Es un hecho conocido que en EEUU hay más cristianos (protestantes sobre todo) miembros de iglesias declaradamente prosionistas que judíos sionistas.

    No se puede ser sionista, desde fuera del judaísmo, sin sentirse uno mismo algo (o mucho) judío. Siendo el sionismo una ideología judía sólo para judíos (no como ideologías con vocación universal como el comunismo,el socialismo, etc...), el ser sionista implica un alto grado de identificación con el actor y el receptor único y exclusivo de esa ideología: el judío. Es mucho más que afinidad o simpatía, es identificación.

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  7. Los judíos han sabido bien explotar el sentimiento cristiano de la culpa, el arrepentimiento, la remisión de los pecados, etc.

    Han logrado la extraordinaria "performance", si se puede decir, de invertir los roles y los razonamientos que imponían los propios hechos históricos y los mitos fundacionales del cristianismo.

    Los judíos son culpables de la crucifixión de Jesucristo, el pueblo hebreo se condena a través de ese deicidio cuya culpa recae sobre toda la raza. Los judíos se convierten en el pueblo deicida a los ojos de los cristianos. A partir de ese hecho, los judíos se encuentran en inferioridad moral ante la cristiandad y durante siglos la infamia de su fechoría les perseguirá por todo el orbe cristiano.

    Con el llamado Holocausto, los judíos han logrado su venganza largamente madurada durante siglos de persecusiones y discriminaciones (ghettos, pogromos, expulsiones, prohibiciones, leyes antijudías, etc...). Han invertido los roles. Y lo han hecho utilizando los recursos propios (falsedad, mentira, medios para imponerlas...) y recursos que le han sido ofrecidos por el propio cristianismo (sentimiento de culpa, conciencia moral, sentido del pecado, etc...). El pueblo judío, ofrecido en sacrificio a los designios celestes de un Dios celoso y justiciero que le tiene reservado un destino a su pueblo elegido, es ahora el mártir sacrificado para dar nacimiento a la nueva religión.

    El verdugo de este sacrificio fundacional es ahora el pueblo europeo, cristiano, goy (comos queramos decir); el hijo de Dios en la historia cristiana se ha convertido en esta versión en el Pueblo Elegido, el pueblo judío: el pueblo-Dios.

    Al haber logrado hacer aceptar a los modernos occidentales esta visión de su culpabilidad por el Holocausto del pueblo judío, aquellos se han puesto en una situación de inferioridad moral ante el pueblo que supuestamente han victimizado a través de un sacrificio de la naturaleza de la Shoah. Somos culpables ante ellos, les debemos todo, nuestro crimen no tiene perdón, y como es un crimen "inhumano", fuera de la historia, un evento integrado en un proyecto de naturaleza divina, es un crimen imprescriptible, es un crimen siempre vigente, la historia no tiene ninguna influencia sobe este hecho, no puede ser interpretado de manera racional e histórica, está más allá de la comprensión humana, no se trata de un crimen contra unos hombres, sino de un crimen contra una entidad de contenido divino.

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  8. Hablas de invertir valores. Es lo propio de la moral de un pueblo de esclavos. Tú que has leído a Nietzche no te será difícil encontrar los pasajes donde expone esa mentalidad y práctica como distintivas de los judíos a lo largo de la Historia.

    Sobre esta cuestión hay un pasaje muy interesante en "Nobilitas", de Alexander Jacob, libro que alguna vez hemos mencionado.(pag.174,175 y 176)

    Si hace falta transcribiré el pasaje.

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  9. Sobre la capacidad extrema de invertir valores que tienen los judíos, Alexander Jacob dice los siguiente en "Nobilitas", libro del que alguna vez hemos hablado.


    Sólo una raza que posee una "moralidad de esclavo", tal como la judía, pudo haber desarrollado una religión esencialmente constituída porun sistema de leyes y que ha promocionado unos sistemas tales como elcapitalismo, la democracia y el comunismo:

    "La creación de un "paraíso" en la Tierra es un objetivo judío... Jauja ha legado a ser una seriedad religiosa y goza de su resurrección en el marxismo judío en su "Estado del futuro". (Alfred Rosenberg, "El mito del siglo XX")

    Debo añadir aquí que esta identificación del estilo de vida judío con la democracia y el comunismo no es un mero invento de políticos faltos de escrúpulos, ya que está, en verdad, confirmado porla crucial conexión entre Judaísmo, así como el Cristianismo judaizado (particularmente el Puritanismo inglés), y la democracia enn el curso de la historia. De hecho, una breve ojeada a los primitivos escritos de los judíos confirmará la naturaleza antiaristocrática y populista de su concepción del mundo. Modernas investigaciones han demostrado que los relatos bíblicos sobre la Creación y sobre los primeros hombres fueron tomados prestados de los sumeroacadios, y curiosamente trastocados en muchos casos por los judíos.Así, por ejemplo, mentras en el texto cuneiforme sumerio delaño 2.050 a.C. la diosa Inanna esdescrita como prefiriendo un granjero a un pastor como esposo, en la historia de Caín y Abel se afirma que eldios judío siente una eviente preferencia por el pastor Abel sobre el granjero Caín. En la historia de la Torre de Babel observamos otra inversión en el original símbolo sumerio del ziggurat que, como dice Joseph Campbell, "no tenía por objeto combatir o amenazar el cielo (como se supone en la Biblia), sino poner los medios por los cuales los dioses del cielo pudieran descender a recibir la adoración de sus esclavos en la Tierra". De forma parecida, la historia de Moisés muestra una poco común inversión de la normal fórmula mítica en la que un noble infante es protegido de una persecución en una modesta casa. El relato bíblico de Moisés, en cambio es, como hizo notar Otto Rank, el único entre unos setenta ejemplos de la fórmula que Rank analizó en que el infante adoptado pasa de una humilde a una noble casa. Todas esas inversiones de los mitos sumerios ponen de relieve el resentido mimetismo de un pueblo sometido y nos proporcionan los primeros ejemplos de la inversión de los valores aristocráticos que Nietzche identificó como la "moral de esclavos" de los judíos. La naturaleza populista delareligión judía es evidente también en el relato del Éxodo que, contrariamente a todos los demás midos de ida y vuelta, termina en exaltación, no de Moisés como un héroe divino (semejante a Dumuzi entre los sumerios, Osiris entre los egipcios, Dionisios entre los griegos e incluso Jesús entre los cristianos), sino de todo un pueblo, los judíos, como el sedicente "pueblo elegido".

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  10. (2ª parte del comentario anterior)

    Los rasgos antiaristocráticos de un pueblo sujeto a persecusiones y esclavitud desde los primeros días de su historia, estimularon naturalmente en el transcurso de los tiempos una preferencia por el sistma de gobierno liberal y democrático. No es accidental que las sectas protestantes del siglo XVII en Inglaterra, que adoptaron la Biblia Judía como la palabra de Dios, juntamente con la estática y antropomórfica concepción de la Divinidad, también abogaron por movimientos democráticos proto-liberales. Por ejemplo, los Congregacionistas, los Separatistas y los Niveladores mostraron unas tendencias cada vez más seglares a pesar de sus afiliaciones "reigiosas" -esta última en particular-, propugnando principios totalmente democráticos, tales como la igualdad natural de todos los hombres y el gobierno de la mayoría. En verdad, la Revolución Puritana debe ser considerada un ejemplo paradigmático de la decadente fuerza democrática que adquiere el Cristianismo cuando judaíza su concepto del undo, es decir, cuando contempla la relación entre el hombre y Dios y entre hombre y hombre desde el limitado punto de vista del hombre individual.

    "Nobilitas", Alexander Jacob, Ediciones Ojeda, pag. 174, 175 y 176.

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  11. Arjun, notables tus análisis y las citas que nos traes.

    Creo que has aportado una perfecta explicación del significado del Holocausto y del motivo de su imprescriptibilidad.
    No obstante, a pesar de todo, considero que su refutación es posible. Si lo refutamos, si bien no prescribirá según sus pergeñadores, sí dejará de tener efecto para nosotros, los "europeos culpables" y, en la práctica, prescribirá.

    Esta refutación tiene dos vías:
    1) desenmascaramiento ideológico, que es lo que tú has hecho algunos comentarios más arriba. Sobre esto no se me ocurre nada que añadir a lo que tú has dicho ya.
    2) investigación histórica. Aunque el desenmascaramiento ideológico es la vía profunda y lógicamente total de refutación, me atrevo a decir que, en la práctica, el principal enemigo de esta construcción ideológica judía es el conocimiento racional. Y esto lo digo teniendo el cuenta el arraigo que en nuestras sociedades tiene la ciencia y otras disciplinas de conocimiento basadas en la racionalidad. Es tal el prestigio de la ciencia y la razón (en alguna otra ocasión he dicho que es un prestigio desmesurado, pero esto es un problema que no atañe directamente a esta cuestión) que los principales ataques contra esta construcción ideológica judía han venido de aquí. Los judíos y judaizantes lo saben y por eso tratan de clausurar toda investigación al respecto. Anatematizan la historiador y al investigador de otros campos que está dispuesto a enfrentarse a los hechos y a no repetir las consabidas consignas ideológicas del régimen. Le califican como revisionista o como negacionista, términos usados en sentido peyorativo. Pero, ¿qué sería de la Historia como disciplina de conocimiento si no estuviera sometida a una constante revisión? Proceden además contra los editores, contra los que venden libros, etc., en una espiral de odio infinito, de odio judío, que resulta impresionante y que pasa por encima de todas las leyes, formas, usos y costumbres de nuestras sociedades.

    Al final ambas vías se encuentran. Una vez demostrada la falsedad de la construcción ideológica (vía 1), queda explicar el origen, la genealogía de esta ideología, la necesidad de esta construcción (vía 2).

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  12. Respecto a Nietzsche y su estudio de la inversión de valores realizada por este pueblo de esclavos y sacerdotal (porque ese es un elemento importante: no invierte los valores el pueblo judío sólo por ser un pueblo de esclavos, sino justamente por ser un pueblo de esclavos y sacerdotal, y ahí reside su diferencia con otros pueblos de esclavos) es importante leer La genealogía de la moral, donde trata el asunto por extenso y sistemáticamente.

    “Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber, ¡los miserables son los buenos, los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios, únicamente para ellos existe bienaventuranza, – en cambio vosotros, vosotros los nobles y violentos, vosotros sois, por toda la eternidad, los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los ateos y vosotros seréis también eternamente los desventurados, los malditos y condenados!… Se sabe quien ha recogido la herencia de esa transvaloración judía…”

    La genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, págs. 46-47.

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  13. La culpa heredada generación tras generación y extendida a toda la raza blanca del holocausto tiene éxito porque la población ya está previamente judaizada, habiendo absorbido la mentalidad judaica de culpa compartida.

    El origen de la culpa compartida (y del éxito compartido) está en la naturaleza parasitaria del grupo:

    "En un grupo sectario que, por lo tanto, tiene mentalidad sectaria, el individuo está más fuertemente unido al grupo que en un grupo no sectario. La razón es que el grupo sectario vive parasitariamente a costa de un grupo mayor, y para hacerlo con éxito los individuos deben colaborar estrechamene entre sí, para lo cual es necesario restringir la libertad individual, esto es, el individualismo, subordinándolo a los intereses colectivos de grupo. Ejemplos claros de esto son los judíos, los gitanos, los paquistaníes o los chinos viviendo en el extranjero."

    http://qbitacora.wordpress.com/2008/12/07/la-culpa-arma-de-guerra-cultural/

    El cristianismo hereda del judaísmo la mentalidad de la culpa compartida. El ejemplo más claro de esto es el pecado original.

    El feminismo también culpabiliza a los hombres colectivamente.

    La "justicia social" progre también toma medidas discriminatorias contra grupos colectivos, traicionando la esencia de la justicia, que es siempre individual, pues la justicia se aplica a individuos.

    Así, la mentalidad de la culpa colectiva ya estaba presente en Europa cuando implantaron el mito del holocausto.

    ***

    En cuanto al artículo, siempre he observado que la gente de débil personalidad termina mirando e imitando a la gente de fuerte personalidad.

    Mi primera observación de este hecho en cuanto a grupos la hice con los anglosajones, que son muy exclusivistas y que eran los españoles los que estaban siempre mirándoles, imitándoles y copiando anglicismos en el idioma, y no al revés.

    Así que con los judíos sucede lo mismo, y ejercen una gran atracción idolátrica entre los de personalidad débil.

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