sábado, 24 de octubre de 2009

Familia y tribu

Como lo habían visto Herbert Spencer o Werner Sombart, toda sociedad humana oscila entre la prioridad dada a la vida económica o a la vida militar. El hecho de que lo militar domine no engendra necesariamente la guerra. Esparta era menos aventurera que Atenas en esta materia. Son civiles los que empujaron a la Segunda Guerra Mundial y no unos militares de carrera preocupados por preservar el instrumento militar.
El predominio de la economía o del ejército tiene repercusiones importantes sobre la ética social en su conjunto o en el equilibrio entre el elemento masculino y el elemento feminino. El predominio de la economía se traduce por el predominio de la mujer en la familia, como lo demuestra el modelo americano. El predominio de la mujer conlleva un predominio de la lógica de la familia sobre la lógica de la tribu, y conlleva un debilitamiento del lazo social en provecho del individualismo.
En efecto, según los trabajos de los etólogos (ciencia del comportamiento) los hombres establecen lazos de amistad no sexuales que son necesarios para cazar de manera eficaz y en pequeños grupos masculinos. Los hombres (cuando las mujeres les dan esa libertad), se reunen voluntariamente en grupos masculinos para practicar deporte, política, religión o filosofía u otras actividades análogas. Las mujeres ponen la prioridad sobre la familia y no sobre la tribu. En una sociedad totalmente militarizada, el hombre domina el sistema social, incluido el familial (patriarcado). En una sociedad dedicada de manera unidimensional a la economía, es la mujer la que domina ya que el comportamiento de consumo es la "causa final" de toda actividad profesional. Es el caso en Occidente actualmente.
Parece que una sociedad equilibrada debe evitar el dominio total tanto de un sexo como del otro, lo que significa que habría que revalorizar la función militar en nuestra sociedad actual. La indiferencia acerca del porvenir de la tribu, propio a una sociedad totalmente centrada sobre la familia, pone en peligro el porvenir colectivo: debilitamiento demográfico, inmigración invasora, desaparición del espiritu de defensa... Todo esto amenaza la supervivencia colectiva sin que la opinión pública de la sociedad mercantil, dominada por el elemento femenino de manera casi exclusiva, se sienta concernida.
El declive de las formas sociales más masculinas, iglesia, ejército, sindicatos, partidos, clubes, corre parejo con un individualismo exacerbado, propio de una "sociedad de consumo" dominada por el elemento femenino. La mujer, siempre según los etólogos, está menos predispuesta a la formación de los lazos sociales del tipo de la "banda de amigos" ya que no han sido programadas por la evolución para la caza colectiva sino más bien para la recolección individual. Las rivalidades individuales son mucho más claras y fuertes en una sociedad feminizada en donde la solidaridad masculina está en declive avanzado.
Las formas extremas de sociedad, militarización y masculinización total (fascismo y comunismo) o mercantilización y feminización total (Occidente anglosajón liberal o socialdemócrata) parecen estar mal adaptadas para la supervivencia a largo plazo del cuerpo social. Se definen también por costes psicológicos importantes: la insatisfacción alcanza a los dos sexos de manera más o menos acentuada.
El ejemplo de Suiza demuestra, a través de la inicitiva popular sobre la supresión del ejército (2001), que este no tiene únicamente una función estrecha, funcional, de defensa. En Suiza, una mayoría muy grande de ciudadanos, tanto hombres como mujeres, se pronunció por mantener la obligación militar, que no concierne más que los hombres. Estos últimos ven en los ejercicios anuales de los periodos militares a lo largo de sus vidas, unos periodos de deporte y camaradería sentidos como un enriquecimiento. Las mujeres mismas no se han opuesto a esta visión. La democracia tiene fundamentos históricos indiscutiblemente militares. El equilibrio entre ejército y economía caracteriza a los regímenes democráticos mientras las sociedades mercantiles no son en realidad democráticas sino oligárquicas.
Es del interés de todos que un equilibrio sea restablecido entre el ejército y la economía, entre la tribu (la nación) y la familia, entre el mundo masculino y el mundo feminino. Esto pasa por el abandono del ejército profesional, que es el propio de las sociedades mercantiles anglosajonas, y por una revalorización material y sobre todo psicológica de la función militar.

Texto de Yvan Blot publicado en Polémia. Traducido por Arjun

5 comentarios:

  1. Mis felicitaciones por vuestro blog, que he descubierto recientemente.

    Texto muy interesante y pertinente a la situación actual. Es fácil notar la hostilidad de la mujer hacia las formas de asociación y camaradería masculinas: por una parte hace todo lo posible para que no haya instituciones y organizaciones sólo masculinas, por otra pretende evitar de una forma u otra este tipo de asociación espontánea, pretendiendo que el hombre concentre su interés en exclusiva a la familia. Todo ello es, además de negativo socialmente como bien argumenta el texto, parte de un proceso de destrucción de la identidad masculina fomentado por el feminismo en su guerra contra la masculinidad.

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  2. Muchas gracias por tus apreciaciones, Oso Solitario.

    Efectivamente, la mujer moderna aborrece toda forma de asociación exclusivamente masculina. A una escala cotidiana la vemos a ella exigiendo ser el centro de atención de todo su entorno, "porque yo lo valgo", ese parece ser su lema. Cualquier forma de sociabilidad masculina se interpone en este camino. La "mujjjjjjer" (obsérvese la forma de pronunciar esta palabra por feministas y asimilados y creo que un desarrollo fonético del asunto nos llevaría a conclusiones útiles) ha pasado a ser sujeto de todo tipo de derechos y, por lo que se, entre éstos está el ser siempre la protagonista.

    Este rechazo de la sociabilidad exclusivamente masculina forma parte de un rechazo más amplio hacia todo componente masculino en la sociedad, fruto de varios decenios ya de adoctrinamiento feminista, tan necesario y provechoso, nunca nos cansaremos de decirlo, para el régimen.

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  3. El "Porque yo lo valgo" es algo más que un lema publicitario con "agarre", con "punch". Toda la vanidad y la superficialidad de la mujer (el género femenino en su conjunto) están dibujadas en ese agresiva declaración (pues la carga de agresividad, de militante reivindicación, es innegable). Es una expresión de la egolatría y la autocomplacencia características de la mujer.

    Sin dejar el mundo audiovisual, el universo de la publicidad y la imagen (terrenos tan propicios para el despliegue de ese hueco feminismo estéril y revanchista), tal vez os habreís dado cuenta que las 3/4 partes de los anuncios publicitarios de TV tiene a la mujer y "sus cosas" como protagonistas y receptoras de esos mensajes: productos de higíene y belleza (compresas, remedios contra la pérdida de orina, los kilos de más, los gases, el estreñimiento, las hemorroídes, los dolores menstruales...) , cocina, moda (intima y de calle), trapos, accesorios varios, hogar, productos "ligth", "sin", "digestive", "0,0", etc...

    Los telediarios son auténticos magacines para marujas presentados por niñatas que hacen mohines, caritas, y sonrien mucho a la cámara interpretando (que no leyendo) las noticias que tratan generalmente de pasarelas de moda, de recetas de cocina, del mal (o del buen) tiempo, de trucos para perder peso o para ahorar en la cesta de la compra, de la cría del caracol malabar, del tráfico en las carreteras o del último disco de Chambao.

    El personal masculino está compuesto casi en su totalidad por unas verdaderas niñas, que se comportan de acuerdo a su condición asumida de féminas con pene y pelo en la cara, hablando y gesticulando como sus compañeras de plató. Muchos de estos tristes ejemplares son homosexuales, pero la mayoría están simplemente feminizados.

    Fíjense, por ejemplo, en la manera que tienen algunos hombres (u "hombres") "del tiempo" de presentar su espacio. Parecen mujeres con sus posturitas, sus gestos algo más que dudosos, sus intonaciones de voz, su perpetua sonrisa, sus comentarios intrascendentes, su almibarada ñoñería, sus cursiladas insoportables... (La sonrisa sin venir a cuento, es lo propio de mujer, la máscara coloreada de su intrascendencia y superficialidad, la seducción).

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  4. "Es fácil notar la hostilidad de la mujer hacia las formas de asociación y camaradería masculinas: por una parte hace todo lo posible para que no haya instituciones y organizaciones sólo masculinas..."
    Por supuesto, la inmensa mayoría de mujeres no tenemos nada mejor que hacer, está claro y más que comprobado.

    "A una escala cotidiana la vemos a ella exigiendo ser el centro de atención de todo su entorno, "porque yo lo valgo", ese parece ser su lema." Así que extendemos a todo el género femenino el lema de la campaña publicitaria de una firma de cosméticos que nada tiene que ver con la esencia de muchísimas mujeres que ni siquiera compran (compramos) productos de es marca, bieeeeeeeeeen (aplauso a tan sabia y estudiada asociación).

    "Toda la vanidad y la superficialidad de la mujer (el género femenino en su conjunto)..." Qué cientificidad, que valor para afirmar tan catagoricamente supuestos que sólo se encuentran en unas mentes manipuladoras de la realidad.

    "(La sonrisa sin venir a cuento, es lo propio de mujer, la máscara coloreada de su intrascendencia y superficialidad, la seducción)."
    Aquí ya me quedo sin palaras ante tan profundas y sabias reflexiones; gracias señores por abrirme los ojos a la verdadera naturaleza mi propia condición femenina limitada, superficial, hostil con los hombres, de sonrisa falsa, máscara y no sé cuantas cosas más. ¡Gracias mil!

    Estoy aprendiendo mucho de vosotros.


    Pura misoginia enfermiza, pura estereotipia superficial, puro prejuicio con argumentos sin base alguna,pura memez androcéntrica, puro miedo irracional a la equidad real.Ahí sí que veo "pureza". Eso es lo que veo yo.

    Paqui

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  5. http://www.youtube.com/watch?v=zgwHEKbyUY8

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