domingo, 13 de septiembre de 2009

La féminisation de la société/La feminización de la sociedad

La féminisation de la société va de pair avec la dévirilisation de l’homme contemporain. Il s’agit là des deux faces d’une même monnaie, l’une ne va pas sans l’autre. C’est un phénomène dont l’Histoire nous offre maints exemples: lorsque les sociétés déclinent, les femmes montent ; plus celles-là s’abaissent, plus celles-ci se relèvent. Le vide laissé, la place désertée par des hommes ramollis au point de n’avoir d’hommes ni les idées, ni les atitudes, ni le caractère et à peine l’apparence (et pas toujours) permet à la femme de régner enfin. Du désordre et de la confusion ambiantes, elle surgit avec l’insouciance et la légèreté de son sexe, prête à instaurer "le règne de la femelle qui, jusqu’à présent, dans les siècles des siècles, n’a inventé que le tricot et les housses des fauteuils" (comme dit plaisamment Paul Guth dans "Le mariage du Naïf", 1957, La victoire du monde-femme).
Mais son triomphe est de courte durée. Car la décadence où elle établit sa souveraineté est une étape éphémère et sans lendemain, à peine l’antichambre de la chute finale. La femme (et ses alliés naturels, les homosexuels et la bigoterie bien-pensante, et tout ce qu’il y a d’enjuponnés de loge et de synagogue ; ceux-ci plus qu’alliés, maîtres en toute circonstance) ne règne jamais que sur un monde défait en voie à l´effondrement prochain.
L’empire de la femme, sur le trône abandonné de l’homme, c’est toujours celui de l’arbitraire, du caprice, du bon vouloir, de la préférence, de la prééminence de la Grâce sur la Loi, de l’émotion sur la raison, du sentiment sur l’intelligence. Sur ce point, Hermann von Keyserling (1880-1946) nous éclaire définitivement : "L’ordre émotionnel est l’ordre dans lequel les femmes vivent, car elles réagissent en premier lieu à leur sensibilité, et jamais elles ne sont touchées au fond par ce qui est intellectuel. (...) C’est en ce sens que l’homme le plus primitif incarne, à la différence de la femme, le principe rationnel". (Méditations sud-américaines, 1932).
La féminisation est un produit de la décadence (et en même temps un accélérateur de celle-ci). Celle-là surgit toujours dans un phase de renversement complet des rôles et des valeurs, au chapitre de l’universelle corruption morale et du profond bouleversement des croyances, c’est-à-dire dans la pagaille propre aux sociétés qui s’écroulent, incapables à ce stade de leur déchéance de distinguer le jour de la nuit. Dans un tel climat s’installe une extrême tolérance, aussi absurde que suicidaire, à l’égard de de tout ce qui ronge, tout ce qui mine, tout ce qui sape les fondements de l’édifice de la civilisation. Le Mal devient le Bien, le Laid remplace le Beau, le Faux détrône le Vrai, le Grotesque bannit le Sublime.
Il y a deux grandes vérités à ce sujet. 1) Tout pouvoir de la femme est une concession de l’homme ; 2) la femme utilise invariablement ce pouvoir contre l’homme, c’est-à-dire contre son oeuvre : la société, la culture, l’ordre établi, les valeurs, la morale, l´esprit. Cela peut paraître d’une profonde mysoginie, mais cela n’en est pas moins vrai. Je n’inclus pas dans ce phénomène délétère certains cas, rares, de femmes exceptionelles. (Ici on met en cause le genre de femme dont cette demeurée de Ségolène Royale est le prototype parfait. Elles sont légion). Certaines femmes de haute qualité ont joué un gran rôle dans l’histoire du monde et dans le gouvernement de leurs nations (Catherine II la Grande, la Reine Victoria, Margareth Tatcher,...), mais toujours dans un système viril, si l’on peut dire ainsi, pas dans un processus de féminisation comme celui dans lequel nous nous trouvons actuellement.
Ce qui importe reéllement ce n’est pas la femme au pouvoir en soi, sinon le contexte de féminisation de la société dans laquelle a lieu cette "prise de pouvoir" (ou "du" pouvoir). D’autre part, la féménité n’est pas une question d’ordre sexuel au sens strict du concept (de sexe au sens étroit du mot). Il y a des femmes du sexe féminin (la plupart, encore) et des femmes du sexe masculin (de plus en plus), voilà tout. Oscar Wilde disait (et il devait en savoir quelque chose) qu’ "Un Français sera toujours plus femme qu’une Anglaise". Simple boutade d’un provocateur exercé ou description rigoureuse d’un observateur implacable?
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La feminización de la sociedad llega de la mano de la desvirilización del hombre contemporáneo. Se trata aquí de las dos caras de una misma moneda. Es un fenómeno del cual la Historia nos ofrece muchos ejemplos: cuando las sociedades declinan, las mujeres suben, cuanto más se achatan aquellas, más se levantan estas. El vacío dejado, el sitio desertado por unos hombres reblandecidos y amorfos al punto de no tener ya de hombres ni las ideas, ni las actitudes, ni el carácter y apenas la apariencia (y no siempre) permite a las mujeres reinar por fin. Del desorden y de la confusión, surge con la despreocupada alegría y la liviandad de su sexo, dispuesta a instaurar "el reino de la hembra que, hasta el día de hoy, en los siglos de los siglos, no ha inventado más que el punto de cruz y las fundas para los sillones", (al decir, algo jocoso, del escritor francés Paul Guth en "El casamiento del Inocente", 1957, La victoria del mundo mujer).
Pero su triunfo es de corta duración, ya que la decadencia en medio de la cual establece su soberanía es una etapa efímera y sin mañana, apenas la antecámara de la caída final. La mujer, y sus aliados naturales, los homosexuales y la beatería bienpensante, más todos los enfaldonados de logia y sinagoga (estos últimos, más que aliados, amos en toda circunstancia), no reina nunca más que sobre un mundo descompuesto abocado al derrumbe próximo.
El imperio de la mujer, sobre el trono abandonado del hombre, es siempre el del capricho, de la "real gana", de la preferencia, de la preeminencia de la Gracia sobre la Ley, de la emoción sobre la razón, del sentimiento sobre la inteligencia. Sobre este punto, Hermann von Keyserling (1880-1946) nos aporta una luz definitiva: "El orden emocional es el orden natural en el cual las mujeres viven, ya que estas reaccionan en primer lugar a su sensibilidad, y nunca son tocadas en el fondo por aquello que es intelectual. (...) Es en ese sentido que el hombre más primitivo encarna, a diferencia de la mujer, el principio racional". (Meditaciones sudamericanas, 1932).
La feminización es un producto de la decadencia. Esta surge siempre en una fase de inversión completa de los roles y de los valores, en el capítulo de la universal corrupción moral y del profundo trastocamiento de las creencias, es decir en el desbarajuste general propio de las sociedades que se vienen abajo, incapaces en ese estadio de su decaimiento de distinguir el día de la noche. En un ambiente tal se instala una extrema tolerancia hacia todo lo que mina, todo cuanto socava los fundamentos del edificio tambaleante de la civilización. El Mal se vuelve el Bien, la Fealdad reemplaza la Belleza, lo Falso destrona lo Verdadero, lo Grotesco destierra lo Sublime.
Hay dos grandes verdades acerca de esta cuestión. 1) Todo poder de la mujer es una concesión del hombre; y 2) la mujer utiliza invariablemente este poder concedido contra el hombre, es decir contra su obra: la sociedad, la cultura, el orden establecido, los valores, la Ley. Esto puede parecer profundamente misógino, y sin embargo no es menos cierto. No incluyo en este fenómeno deletéreo algunos casos de mujeres excepcionales. (Aquí hablo de ese tipo de mujeres como las del actual gobierno español. Son legión). Algunas mujeres de alta calidad han jugado un gran papel en la historia del mundo y en el gobierno de sus naciones (Catalina la Grande, por no nombrar más que una en la serie de las Catalinas, la Reina Victoria, Margareth Thatcher, por ejemplo...), pero siempre dentro de un sistema masculino, viril podemos decir, no en un proceso de feminización como el que estamos viviendo actualmente.
Lo que importa realmente no es la mujer en el poder en sí, sino el contexto de feminización de la sociedad en que tiene lugar esta toma de poder (o del poder). Por otra parte, para despejar equívocos, digamos que la femenidad no es una cuestión de sexo en el sentido estricto del término. Hay mujeres del sexo femenino (todavía la mayoría, pero mermando) y mujeres del sexo masculino (cada día hay más hombres que han quedado en estado de feminidad permanente), eso es todo. Oscar Wilde decía (y debía saber estar bien enterado de eso, pues era homosexual) que: "Un francés será siempre más mujer que una inglesa". ¿Mera broma de un provocador consumado o descripción rigurosa de un implacable observador?

Arjun (autor y traductor al español)

1 comentario:

  1. Es curioso la similitud del tema tratado en http://tresmontes7.wordpress.com/2009/09/12/el-feminismo-contra-la-familia/

    Es un tema difícil de exponer dado el ambiente "feminista" imperante..
    Es necesario atraer a las mujeres al campo de la concepción "viril" o si se prefiere "patrialcal" sin caer o dar la impresión de caer en una actitud misógina. La naturaleza es sabia y por eso hace que la proporción de nacimientos de niños y de niñas sea más o menos el 50% para cada sexo. (Este sólo hecho demostraría lo excepcional o marginal que es la "homosexualidad"....
    SALUDOS
    Julio Sanz Tresmontes

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