domingo, 26 de julio de 2009

El consenso étnico y su manifestación en el discurso de las élites (II)

El discurso inmigracionista de las élites utiliza con frecuencia el recurso al negacionismo racial y étnico. En su versión más radical sostiene que no existen las razas humanas, en una afirmación insólita, pues las razas o subespecies son la norma en todas las especies complejas, como la humana. En su versión más moderada, pero no por ello menos irreal, relativiza y minimiza las diferencias raciales. Confundiendo deliberadamente (es decir, manipulando semánticamente) la afirmación de la existencia de diferencias raciales con el racismo, el discurso del poder se postula como antirracismo, cuando tan sólo es un discurso racista antieuropeo disimulado. Unas veces mediante una vulgarización de los descubrimientos genéticos, otras mediante una negación de la genética, apuntala el discurso de la irrealidad o de la irrelevancia de las razas humanas. El negacionismo, como se sabe, no es sólo biológico, sino también social, reduciendo toda diferencia actitudinal y de comportamiento a un condicionamiento ambiental, especialmente si es un comportamiento problemático. A veces, incluso, se recurre a la cláusula de culpar a los nativos de los problemas causados por los inmigrantes en un ejercicio magistral de xenofilia y etnomasoquismo.
Asimismo, el discurso inmigracionista del poder recurre repetidamente a presentar la inmigración masiva como una oportunidad o como un regalo. Unas veces como solución (falsa) al problema demográfico en Europa. ¡Cómo si el declive demográfico europeo se solucionara introduciendo masivamente no europeos! Para quien reduce la existencia humana a los parámetros modernistas y liberales del homo oeconomicus así debe ser. Para quien tiene una concepción mucho más completa y compleja de la existencia humana y del valor de la pluralidad y de la diversidad de nuestra especie, nunca podrá ser así. Otras veces se plantea la llegada masiva de inmigrantes como la solución de los problemas estructurales del estado del bienestar. La realidad es que constituyen una carga adicional a las ya desgastadas estructuras del bienestar, cuyo sostenimiento recae casi en exclusiva en la clase obrera nativa, para disfrute preferente del resto. Lo que no nos dice el poder es que, tal y como se ha señalado arriba, la función de la inmigración masiva en lo que al empresariado y al capital respecta, es la disciplina de la clase obrera nativa. Disciplina laboral y disciplina salarial, a base del mantenimiento de un numeroso ejército de reserva industrial. Para el capital sí que constituye un regalo el proceso inmigratorio en curso.
Por último, el discurso inmigracionista del poder es un excelente mecanismo de legitimación de los instrumentos que este poder utiliza para acelerar y consolidar la constitución de una sociedad multicultural en nuestro suelo. Se trata de lograrlo cuanto antes y, en todo caso, antes de una eventual reacción del pueblo.
El discurso dominante, inmigracionista, se crea principalmente por una casta privilegiada de intelectuales e ideólogos al servicio del poder. El lugar de creación de esta ideología viene determinado por el control por parte de este mismo poder de entidades de creación ideológica y simbólica tales como universidades, medios de comunicación, industria cinematográfica, etc. Desde estos lugares emanan discursos y mensajes multiformes, acerca de las más variadas cuestiones, dirigidos en algunos casos a las élites en su conjunto y en otros al pueblo. Es así como se ejerce un dominio que descansa ya más en la persuasión y la seducción que en la represión. Podría decirse, mejor, que es la represión de las conciencias la que sustituye a la represión física directa, al menos en primera instancia. Y así es como se prepara al pueblo para que acepte aquello que el poder plantea como positivo e inevitable a la vez, la sociedad multiétnica y multicultural.
La ideología inmigracionista es puesta en circulación sobre todo a través de los medios de comunicación de masas. Es la casta intelectual quien se encarga de elaborar un marco cognitivo e interpretativo en el que encuadrar las noticias sobre inmigración, pero son los periodistas quienes se encargan de las noticias. Para el periodista honrado se hace cada vez más difícil informar verazmente sobre inmigración, ante la sobreprotección brindada a los inmigrantes por el discurso de las élites y por los grupos de presión pro-inmigración. Podemos hablar, al fin, de una especie de discriminación positiva discursiva, que supone, al fin y al cabo, una forma atroz de censura y de discriminación negativa anti-blanca. Cualquiera que informe negativamente sobre algún asunto relacionado con la inmigración o con los inmigrantes podrá ser calificado como racista, auténtico anatema de estos tiempos. No todo es información. El discurso inmigracionista se hace presente en todo tipo de formatos mediáticos, y no solamente en la información, formato ante el cual la desconfianza del público es mayor. Programas, películas y otros espacios de entretenimiento, publicidad comercial adoptan en general el discurso inmigracionista generado por el poder y lo difunden abiertamente entre el público. La intelectualidad sistémica, disfrazada de anti-racista (modo sutil de etiquetado preventivo del oponente como racista), se encarga de pulir los instrumentos discursivos existentes y de generar otros nuevos, para extender cada vez más la ideología totalitaria de la corrección política y del multiculturalismo. Esta misma intelectualidad y otros gratamente avenidos a tan deleznable tarea se encargan de difundir este marco cognitivo e interpretativo sobre la inmigración entre el pueblo, marco que, sobra decirlo, se establece sobre los ejes del multiculturalismo, la xenofilia y el etnomasoquismo.
La prueba de que el discurso de las élites ha calado en las estructuras cognitivas del pueblo se comprueba en el hecho de que para éste resulta difícil ya hablar claro sobre los problemas cotidianos que la inmigración le crea. Y así vemos que, ante la amenaza continua de anatematización como racista por parte del poder y sus agentes, se ve forzado a utilizar estrategias discursivas en las que estas experiencias y sus protagonistas sólo se insinúan, manteniéndose el conjunto de su discurso dentro de lo que es un discurso políticamente correcto, es decir, homologado y aprobado por las élites. Así, muchos elementos del pueblo, especialmente los instruidos, optan por este tipo de comunicación semi-críptica para expresar estas realidades problemáticas y no comprometer su imagen. Hacemos referencia aquí a elementos tales como las implicaturas (Grice) o a las presuposiciones (Stalnaker). Todo esto es señal inequívoca de que el discurso dominante en la sociedad, aquel que es prestigioso y que el poder promueve, es el emanado de la ideología inmigracionista y multicultural.

4 comentarios:

  1. "La prueba de que el discurso de las élites ha calado en las estructuras cognitivas del pueblo se comprueba en el hecho de que para éste resulta difícil ya hablar claro sobre los problemas cotidianos que la inmigración le crea. Y así vemos que, ante la amenaza continua de anatematización como racista por parte del poder y sus agentes, se ve forzado a utilizar estrategias discursivas en las que estas experiencias y sus protagonistas sólo se insinúan, manteniéndose el conjunto de su discurso dentro de lo que es un discurso políticamente correcto, es decir, homologado y aprobado por las élites. Así, muchos elementos del pueblo, especialmente los instruidos, optan por este tipo de comunicación semi-críptica para expresar estas realidades problemáticas y no comprometer su imagen. Hacemos referencia aquí a elementos tales como las implicaturas (Grice) o a las presuposiciones (Stalnaker). Todo esto es señal inequívoca de que el discurso dominante en la sociedad, aquel que es prestigioso y que el poder promueve, es el emanado de la ideología inmigracionista y multicultural."


    León Riente

    Aprecio una similitud entre el terrorismo intelectual y moral (y la persecución judicial) impuesto por la religión (o la dictadura) del Holocausto, que impide hablar claramente sobre ese tema en otros términos que los de la versión oficial y consensuada, y la actual dificultad y temor que existe de expresarse sobre el tema de la inmigración y los problemas que ocasiona en dirección contraria a la línea politicamente correcta. La censura puesta en marcha para estorbar e impedir todo debate sobre la cuestión de las persecusiones antijudías en los años del régimen nacionalsocialista sería un precedente al actual sistema de censura y represión de todo discurso anti inmigracionista o anti islamización imperante.

    Visto desde esa óptica, podemos esperar que mientras no se supere la actual imposibilidad de hablar libremente del llamado Holocausto, todas las demás censuras del mismo tipo y al servicio de los mismos amos no serán levantadas. Vemos una vez más como todas estas cuestiones se han concebido en el mismo molde por los mismos diseñadores y con idéntico objetivo: la sumisión de los pueblos europeos, previa a su desaparición. Es decir su bastardización que ha de conducirlo a un estado de rebaño cuasi animal.

    El sistema en el que vivimos no data de ahora, ha sido establecido al final de la 2ª Guerra Mundial, o incluso antes. Conociendo los antecedentes del caso, no podía resultar extraño el que se pusieran otros temas bajo la censura del sistema. Si se tiene el poder para acallar y perseguir las voces discordantes en materia de Holocausto (pues toda versión distinta a la oficial es considerada subversiva y por lo tanto criminal porque pone en peligro las bases mismas del edificio levantado en su momento y concebido para perdurar en el tiempo), es de esperar que ese poder sea utilizado, en cuanta cuestión sea juzgada oportuna, para poner bajo la protección de una censura y represión la verdad oficial en cuanta cuestión o materia se considere conveniente y así contrarrestar toda acción subversiva contra el sistema.

    Creo que la relación entre estas dos cuestiones son tan estrechas y evidentes, que merecería de tu parte algún análisis más completo que las superficiales consideraciones que aventuro aquí a vuelapluma.

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  2. Que no existen las razas es ciertamente una irrealidad, pero a su vez es un pensamiento-idea, y un pensamiento-idea arbitrario, dominante especialmente entre los blancos europeos y sajones y para colmo entre algunas personas de cierto nivel intelectual y cultural. Es la herramienta que tienen unos para sentirse mejor ante su culpabilidad, la culpabilidad que les produce ser blancos. Resulta irrisorio y profundamente incomprensible pero para otros es algo real. Para ellos es una realidad asumible en su interior pero que a su vez trasciende inconfesable (cuando digo inconfesable me refiero a «su propio odio a sí mismos por “lo de ser blancos”»: la historia hace una lectura que favorece a esta autotortura). Es decir, no se dice literalmente que se sienten culpables, pero si reniegan de su raza equiparando a todo el género humano a una simpleza, reduciéndolo a una idea de UNIRACIALIDAD, una idea, por supuesto, antibiológica e ilógica (no irracional, pues para sostener esa idea se ha usado la razón -el raciocinio- y mucho...). Este odio del hombre blanco a sí mismo también se manifiesta en el mestizaje, en las leyes, etc. Todo lo que encamina a Europa hacia la destrucción parece una especie de disculpa por su pasado… Es como si Europa no pudiera vivir con lo que ha sido…

    Hasta pronto león Riente.

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  3. Arjun

    Pues creo que has señalado un punto fundamental en el problema. Es posible que la prohibición establecida por el régimen respecto a toda investigación sobre la persecución antijudía en aquellos años, unida a la censura atroz de todo hallazgo hecho en ese terreno (que generalmente echa por tierra la historia oficial) a pesar de la citada prohibición, sea el modelo sobre el que régimen mundialista elabora el resto de sus prohibiciones y censuras informativas y del discurso.

    Censura del discurso que no sólo ha sido impuesta con respecto al problema de la inmigración/colonización sino también con respecto a otros asuntos, como es el caso del asalto al discurso público y privado por la ideología feminista.

    Respecto a estas censuras, la actitud a tomar por nosotros, los buenos europeos, los europeos nacionalistas, consiste, por un lado, en menospreciar los calificativos con los que el régimen pretende descalificarte y silenciar tu discurso ("racista", "intolerante", "violento", etc.) o en demostrar que esos calificativos encajan más bien en el actuar del régimen y sus secuaces (por ejemplo responsables de ONGs inmigracionistas). Por otro lado, en crear canales de comunicación alternativos con vocación de crecimiento.
    ____

    Daorino

    Haces bien en señalar aquí el problema de la culpa que el hombre blanco acarrea. Como ya hemos dicho en ocasiones es algo que ha sido introducido de forma masiva en el europeo para incrementar su auto-odio, su xenofilia y acelerar su destrucción.

    No estoy de acuerdo con eso de que "la historia hace una lectura que favorece a esta autotortura". Precisamente es al contrario: un conocimiento profundo de la Historia demuestra que el hombre blanco no ha sido especialmente cruel con respecto a la crueldad ejercida por los pueblos y naciones no blancas en diferentes circunstancias históricas.

    A mí todavía me tiene que explicar el progre tipo por qué la colonización europea de África en el siglo XIX es muy mala y, a la vez, la invasión y colonización de España por los musulmanes desde el siglo VII fue un hecho muy positivo y enriquecedor. ¿Cómo el mismo discurso puede sostener una cosa y su contrario?

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  4. "La historia hace una lectura que favorece a esa autotortura". Creo que es así y tú mismo me das la razón. "hace falta una lectura profunda", dices, ¿y cuántos la hacen? ¿Cuántos están capacitados para dicha lectura? La Historia hoy se cuenta con arrepentimiento, te lo dice uno que se autotorturó… (jaja… tú lo sabes) La Historia se cuenta de manera que el hombre blanco aparezca como opresor, lo que genera complejo de culpa. Tú mismo lo dices cuando manifiestas la necesidad de que te expliquen «¿por qué fue necesariamente mala la colonización europea en África?» ó «¿por qué fue enriquecedor la con conquista musulmana de España?» Con esas preguntas pones bajo relieve otra cuestión implícita: ¿por qué el europeo y hombre blanco es el malo por necesidad?

    Un dato significativo de la veneración de la debilidad y exaltación del débil lo tenemos en el pueblo judío. Ellos no hicieron nada por defenderse de los alemanes, se mostraron como grandes víctimas y como victimistas se han forjado su poder. Es decir, la Historia se cuenta y se enseña con un sentimentalismo vacuo y haciendo siempre bueno al inferior, al débil y al victimista sistemáticamente: ¡como si ser fuerte fuera una aberración! Hoy en día los filántropos defienden a todo aquel que es débil por ser débil, o defienden a las minorías por ser minorías… Con la historia pasa igual. La historia que enseñan en los colegios y en las universidades es como una película de vaqueros donde hay buenos y malos. Y sí, claro, yo también echo en falta lecturas profundas, imparciales y objetivas de la historia.

    Hasta pronto.

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