Antes de dilucidar qué es una moral de señores y qué es una moral de esclavos es necesario resolver una cuestión previa: ¿existen otras morales? La respuesta, evidentemente, es que sí. Pero, tal y como se verá ulteriormente, para nuestro objetivo las morales fundamentales a considerar son estas dos y, particularmente, la forma en que una y otra se articulan. A este respecto, Nietzsche advierte de que «en todas las civilizaciones superiores y un poco mezcladas se encuentran también tentativas de reconciliación entre esas dos morales, y más a menudo una mezcla desordenada de las dos, y malentendidos recíprocos, a veces ásperos conflictos hasta dentro de un mismo hombre y de una misma alma» (Más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche. Edaf, Madrid, 2005, pág. 281).El pasaje completo del que procede la cita anterior, y que se extiende desde las páginas 281 a 286, nos va a servir de gran ayuda a la hora de dilucidar la situación actual en que nosotros, los europeos, nos encontramos. Dice Nietzsche que el noble «todo lo que encuentra en sí lo honra». Podemos decir que la moral de señores es justamente la antítesis de una moral del auto-desprecio. Pero, ¿qué es lo que el noble encuentra en sí y honra? «El aristócrata reverencia en sí mismo al hombre poderoso y dueño de sí mismo, que sabe hablar y callarse, que le gusta ejercer sobre sí el rigor y la dureza y que respeta todo lo que es severo y duro». Tal seguridad en sí desemboca necesariamente en la consideración de que «lo que me es perjudicial, es perjudicial en sí mismo». Concluye Nietzsche esta certera descripción de la moral aristocrática con la enunciación de una característica, podríamos decir, definitoria de lo que es una moral noble, y que con sagacidad contrapone a la típica mentalidad moderna: «lo que en una moral de señores repugna más al gusto del día, es el rigor del precepto según el cual no tenemos deberes más que hacia nuestros iguales, mientras que respecto de los inferiores y de los extraños podemos actuar como nos plazca o “como nos dicte el corazón”, y, en todo caso, “más allá del bien y del mal”; esto en cuanto a la compasión y todo lo que se le parezca». Tal es, someramente expresado, el pathos de la distancia que a toda moral noble caracteriza. No caben dudas para el noble de que no tiene obligaciones para con el extraño, con el extranjero. Consecuencia necesaria de esto será la ausencia de sentimiento de culpa en muchos órdenes.
La moral de esclavos es casi opuesta, por razones obvias: «supongamos que las víctimas, los oprimidos, los que sufren, los esclavos, los que se sienten inseguros y cansados de sí mismos, se pusiesen a moralizar a su vez: ¿cuál sería el carácter común de sus estimaciones morales? Probablemente expresarían un pesimismo lleno de desconfianza respecto de toda la condición humana, tal vez la condenación del hombre y de su condición». A partir de aquí, y por observación de aquello que el esclavo más valora, obtiene la conclusión que semejante moral es una moral utilitaria: «pone en primer plano y a plena luz las cualidades que sirven para aliviar a los que sufren el fardo de su existencia; lo que honra, en cuanto a él, es la compasión, la mano complaciente y siempre abierta, la bondad de corazón, la paciencia, la asiduidad, la humildad, la afabilidad, porque son las cualidades más útiles y casi los únicos medios de soportar el peso de la existencia». También es típico de la moral del esclavo una sobrevaloración de la libertad, de la que, precisamente, carece.
Con todo esto tenemos suficientes elementos para enjuiciar el estado moral en el que nos encontramos. Nada nos aproxima hoy al carácter de una moral noble. Probablemente nunca como ahora hemos estado los europeos tan inseguros con respecto a nosotros mismos, a nuestro pasado y a nuestro futuro. No hallamos nada en nosotros, ni en nuestra historia, digno de honrar (y no será porque falten ahí episodios honorables y hasta heroicos). La moderna sociedad europea, sumida en el autodesprecio, ha grabado a fuego en su conciencia que sólo aquello que le perjudica profundamente es positivo para ella. Nunca lo riguroso, lo duro, ha estado tan mal visto, en esta sociedad blanda de formas universalmente femeninas. Para niños y jóvenes, en lugar de pruebas de fuerza y de carácter, se preconiza la omnipresencia de los preceptos de la ciencia psicológica. La mala conciencia se ha cebado con el europeo, particularmente con sus élites, si hemos de creerlas cuando nos dicen y nos recuerdan las tremendas obligaciones que tenemos hacia toda circunstancia imaginable. Parece que grandes deudas hemos contraído con todos los extraños, que acuden en masa a nuestro suelo a cobrárselas. Y pagamos, gustosos. No es precisamente el antes citado pathos de la distancia lo que domina la conciencia del europeo, sino una xenofilia que a algunos se nos hace insoportable.
Es propio de una moral de esclavos, como la que tienen ahora las masas europeas, no encontrar nada aprovechable en sí mismos. A esto se una exacerbada valoración positiva de la compasión, de la humildad, de la renuncia… Quién así piensa no cree que el mestizaje o la mezcla racial puedan ser negativos. Se convierte este individuo en un cosmopolita, en un multiculturalista, en un inmigracionista o en un mestizo cultural. Promueven las élites europeas, las élites de la modernidad, estas variantes de comportamiento hacia el extraño, que no son sino variantes del propio fin. Y el pueblo, transformado en rebaño más que nunca, obedece y asiente. Pueblo y élites profesan una acusada moral de esclavos. La degeneración de los tipos humanos y del carácter no parece tener límite.
Por el contrario, sería propio de un moral de señores valorar las características propias y, por consiguiente, contemplaría con horror cualquier tipo de adulteración que merme y eche a perder un tipo de por sí vigoroso. El noble siente una repulsión natural por el mestizaje, por la mezcla cultural y por la cultura cosmopolita.
El europeo actual no sabe ni reconocer a sus enemigos, y no porque carezca de ellos precisamente. Actitud opuesta de la que, según nuestro autor, y haciendo referencia a otro pasaje, se deriva de una moral noble, presidida por «una sed de enemigos y de resistencias y de triunfos» (La genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 59).


4 comentarios:
Excelente artículo. Creo que complementa muy bien al que escribí yo.
Sí, recuerdo bien aquel artículo tuyo, Qbit. Muy bueno era. Creo que enfatizabas ahí sobre todo en el pueblo judío como pueblo con moral de señores frente al pueblo europeo y euro-descendiente, como pueblo, actualmente, con moral de siervos.
Lo curioso, algo ya dicho hace mucho tiempo, es que los judíos son históricamente un pueblo de esclavos. Pero se han elevado sobre sí mismos y se han vengado mediante una transvaloración, una transformación radical de todos los valores dirigida contra nosotros. En términos actuales es lo que señalas de utilizar los medios de comunicación de masas para cambiar las ideas y la conciencia del populacho. En un segundo momento (que ya llegó) introducir población inmigrante para posibilitar la formación de una raza mestiza y más fácil de dominar.
Lo cual nos lleva directamente al Plan Kalergi.
Estoy de acuerdo con Qbit en que el artículo es excelente. El de Qbit también lo es, recuerdo haberlo leído igualmente.
En él, León Riente, haces buena referencia al "dueño de sí" y "al esclavo de", a un hombre que se manifiesta resistente y por encima de los preceptos morales impuestos y a un hombre borreguil y no pensante, masa física con forma humana con la Fe por cerebro y por vista.
El aristócrata no se siente culpable por lo que hace, en cambio, hace grande todo lo que toca. El esclavo, es culpable porque sí, su hacer es un acto de arrepentimiento inmediato, vulgariza la existencia, pudre la vida. Se cree lleno de deudas, se cree responsable de los males, etc.
Dices bien: "El noble siente una repulsión natural por el mestizaje, por la mezcla cultural y por la cultura cosmopolita". Y es que no creo que no haya nada más valioso que la pureza, pues es la identidad visible de una cultura o un pueblo.
Hasta pronto.
Me podrían enlazar con el artículo de Qbitacora ¿? Estoy haciendo un programa sobre la materia "Nietzsche" me parece interesante incluir la temática que han mencionado.
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