domingo, 12 de abril de 2009

Acerca de una educación nacional popular

«Además del desarrollo espiritual que se da cuando se aprende, en esta comunidad de educandos se realizan también ejercicios físicos, trabajos agrícolas aquí idealizados y otros distintos tipos de trabajos manuales. Ha de ser norma fundamental en la constitución que a todo aquel que sobresalga en alguna de estas facetas se le exija que ayude a enseñar a los demás y se haga cargo de ciertas responsabilidades y supervisiones; que se exija a todo aquel que encuentre una mejora o comprenda primero y de manera más clara la propuesta de un maestro, llevarla a cabo con el esfuerzo personal, sin que todo esto quiera decir que tenga que librarse de sus obligaciones personales, que siguen siendo las normales, cuales son el estudio y el trabajo; que todos tengan que cumplir con esta exigencia por voluntad y no por fuerza, pues quien no lo quiera puede renunciar a ello; y que no se espere recompensa alguna, dado que en esta constitución todos son iguales en lo que a trabajo y diversión se refiere, tampoco alabanza, pues en la comunidad es algo normal pensar que con ello no se hace más que cumplir con el deber, sino que sólo disfrute de la alegría que proporciona el actuar y trabajar para la comunidad y de la alegría que proporciona el éxito en el caso de que a alguno le sea dado conseguirlo. En consecuencia, en esta constitución, a la mayor habilidad conseguida y al esfuerzo para ello empleado, no seguirán sino nuevos trabajos, y precisamente el más capaz tendrá que permanecer despierto cuando los demás duermen y tendrá que estar pensando cuando los demás juegan».

Discursos a la nación alemana. Johann Gottlieb Fichte. Tecnos, Madrid, 2002, pág. 45.
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En este breve pasaje se dejan ver algunas de las características de la nueva educación que Fichte, a principios del siglo XIX, propone para la recuperación del pueblo alemán. En concreto, de lo que aquí se trata es de una serie de consideraciones, más bien metodológicas, acerca de una educación con ambiciones nacionales y populares. El contraste con el presente educativo en cualquier país europeo es manifiesto: frente a la educación actual, entendida básicamente como egoísta modo de ascenso en la escala social, mediante la adquisición de una serie de capacidades útiles para la empresa privada o el sector público, tenemos una educación al servicio del ascenso, no de un individuo concreto sino de toda una nación. Por consiguiente, muy alejada en sus objetivos de los intereses y perspectivas de lo económico.
Supone, por tanto, una educación que lejos de profundizar en las divisiones sociales que el capitalismo y el mercado provocan en el interior de una nación, trata de superarlas poniendo en un segundo plano lo referente a la satisfacción de las exigencias de la economía y sus jerarcas en beneficio de la sociedad y su cohesión. No está exenta esta intención, si no va acompañada de una fuerte intervención en lo económico precisamente, de cierto idealismo, pero al menos tiene el mérito de no absolutizar la economía.
Destaca la consideración que se tiene del educando. Frente al actual, sujeto blandengue y aparentemente acreedor de todo tipo de mimos, nos encontramos con un tipo humano más vigoroso, donde la forja del carácter y de la voluntad, mediante la disciplina y, sobre todo, la autodisciplina, forma parte indisociable de la educación. Volvemos a la idea de que una educación como la actual, fragmentaria, donde la perspectiva y el horizonte de actuación está exclusivamente centrado en la adquisición de capacidades útiles para el mercado laboral, y donde el rechazo de la rechazable técnica memorística lleva a pintorescos paradigmas educativos donde cualquier tipo de esfuerzo queda devaluado, malogra lo que sería una auténtica educación. Ésta se debe encontrar centrada en el beneficio que debe suponer para el individuo en cuanto integrante de la comunidad nacional. Por eso en este modelo la capacidad es seguida del servicio comunitario. Vemos como el carácter eminentemente educativo y formador de la disciplina voluntariamente aceptada es indudable.

1 comentario:

  1. Leí hace tiempo a alguien que distinguía entre educación e instrucción.

    En el colegio se recibe instrucción, incluso adoctrinamiento. Corresponde sobre todo a la familia educar, y no dejar al hijo en manos del colegio, la televisión y la calle, sobre todo en épocas de descomposición social.

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