martes, 16 de diciembre de 2008

Cosmopolitas y xenófilos ocultos tras la respetabilidad científica y su repercusión en los medios

Que la ciencia y su imagen de respetabilidad y de imparcialidad política son utilizadas asiduamente por todo tipo de fuerzas políticas, sociales e ideológicas para tratar de introducir por esta vía sus mensajes y argumentos es de sobra conocido. En esta época tan crédula, la ciencia ha sustituido en muchos sentidos a la religión como fuente de dogma y de infalibilidad para las masas. Por otra parte, si consideramos el hecho de que en numerosas disciplinas científicas cualquier estudio requiere de cuantiosos recursos económicos, y que, por lo tanto, las premisas, las vías de investigación y la interpretación de los hechos encontrados realizados por los científicos van a servir, hasta donde sea posible, a la fuente de financiación que paga (privada o pública), ya tenemos perfilado el tipo de mensajes que de la vulgarización de la ciencia va a trascender al público a través de los medios.
Recientemente han causado sensación las conclusiones de un estudio científico de la Universitat Pompeu Fabra, en colaboración con la Universidad de Leicester, dirigido por los biólogos Francesc Calafell y Elena Bosch, titulado "El legado genético de la diversidad e intolerancia religiosa: linajes paternos de cristianos, judíos y musulmanes en la Península Ibérica". Los medios de comunicación del sistema han lanzado las campanas al vuelo: por fin una prueba de la influencia racial, supuestamente importante, de la invasión árabe a nuestro país y de la no bien ponderada (al decir de éstos) presencia judía. El diario oficialista El País, en uno de sus característicos titulares sensacionalistas, sostenía que “Sefardíes y moriscos siguen aquí” (1). Más comedido, pero no por ello menos acrítico, El Mundo sostenía que “Uno de cada tres españoles tiene marcadores genéticos de Oriente Medio o el Magreb” (2). Diversos diarios regionales han recogido los datos del estudio adaptándolos a su zona de difusión. Así, por ejemplo, el diario Levante afirma que “Los valencianos tienen un 15% de herencia genética sefardí y un 13% norteafricana” (3).
Lo más llamativo de este caso no es la endeblez metodológica del estudio, que se hace patente, por ejemplo, en la muestra reducidísima de población española que utiliza (1140 hombres), o las conclusiones verdaderamente asombrosas, o incluso imposibles, a las que llega, como es que la población con “características sefardíes” encontrada (19,8%) es muy superior a lo que podría esperarse partiendo de los datos fidedignos de que se dispone sobre el número total de judíos sefardíes que poblaron España, hecho que les obliga a recurrir a vagos argumentos sobre emigraciones fenicias (en todo caso de escasa entidad) e incluso a procesos migratorios ocurridos en el Neolítico. ¿No hubiera sido más sencillo replantearse las premisas y la metodología de la investigación? Lo más curioso es el hecho de que estos dos investigadores ya llevaron a cabo otra investigación en el año 2003 denominada “Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la península ibérica” (4), donde afirmaban que “el análisis genético ha revelado que los amplios intercambios culturales producidos entre el Magreb y la península ibérica no conllevaron grandes intercambios de poblaciones”. Si bien es verdad que en este estudio anterior cuantificaban esta influencia en un porcentaje máximo del 8%, netamente inferior aunque no excesivamente discordante con la cifra del estudio actual (10,6%), la discordancia principal viene de la aparición en el estudio de 2003 de un gradiente norte-sur que en el estudio actual no aparece por ningún sitio y que es sustituido por otro este-oeste. Respecto a esta influencia norteafricana, repárese en el hecho de que ante unos resultados cuantitativos no demasiado alejados en los dos estudios, las conclusiones socio-políticas que se extrapolan son opuestas: lo que antes era considerado como “amplios intercambios culturales” pero que “no conllevaron grandes intercambios de poblaciones” ahora se ha convertido en “profundo impacto en el poblamiento”. ¿Qué ha ocurrido aquí?
Cabe preguntarse, en una lectura crítica, que es la que debe hacerse, por esta discrepancia respecto al elemento magrebí (discrepancia cuantitativa, también referida al cambio de gradiente y, sobre todo, discrepancia en la interpretación socio-política dada) y por lo inexplicable de las “características sefardíes”. Esta pregunta, que no han querido responder los académicos, tampoco ha tenido lugar en la prensa, ni en los medios en general. Es normal, es esperable, lo que habría de sorprendernos es que así hubiera ocurrido y que los medios convencionales hubieran sido críticos por una vez. Sabemos que estos medios de comunicación son meros propagandistas de la ideología del sistema, y sabemos que esta ideología es el cosmopolitismo, el multiculturalismo y la promoción del mestizaje. Cualquier estudio como éste, adornado con el calificativo de científico y que responda a esos criterios, hallará una calurosa acogida en estos medios, que trabajan para cosmopolitas eurófobos interesados siempre en minar la realidad de la indoeuropeidad de nuestra raza.

3 comentarios:

  1. En efecto, más manipulación interesada. Recuerdo con el Proyecto Genoma las ridículas y absurdas conclusiones que los periodistas dijeron que se había llegado. Cualquiera que supiera un poco del asunto se daba cuenta de que estaban mintiendo y sacando conclusiones falsas. Es una vergüenza.

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  2. Creo que tiene mucha razón Vd. en este artículo. Soy de izquierdas, soy anti-racista, pero me repugna esa campaña en contra de la identidad de los pueblos. Dice Vd. muy bien que todo lo que venga en plan "cosmopolita" ya tiene la bendición como si fuera ciencia. Contactos entre pueblos sí, mezcolanzas no. Un saludo. Pelayu.

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  3. La inmigración masiva, junto con la colonización cultural, son las dos principales amenazas contra nuestra identidad nacional. Si repara en ello, tanto la izquierda como la derecha sostienen un discurso y desarrollan una práctica que nos llevan directamente a la dilución de nuestra identidad, al multiculturalismo seguido del interculturalismo, al mestizaje y a la pérdida definitiva de nuestra identidad racial y nacional en un magma poblacional mestizo.

    Podemos ver a la derecha fomentando la inmigración masiva, fenómeno que favorece al programa neoliberal de distintas formas: http://circulo-identitario-nietzsche.blogspot.com/2009/10/neoliberalismo-e-inmigracionismo.html

    Este blog sostiene que la auténtica víctima de la inmigración es la clase trabajadora nativa: http://circulo-identitario-nietzsche.blogspot.com/2009/08/la-clase-trabajadora-nativa-espanola-es.html

    Saludos Pelayu.

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