Los lobbies o grupos de presión inmigracionistas, con la coartada del supuesto peligro que suponen ciertas ideas para la democracia, sostienen postulados y demandas tendentes a reducir la libertad de expresión y a ejercer una fuerte censura sobre lo publicado, particularmente en internet, que es donde la información y la opinión tienen más oportunidades para escapar al control del poder. Tal es así que estos grupos de presión llegan incluso a constituirse como organizaciones censoras especializadas, creadas ad hoc, que operan de una forma cada vez más exhaustiva y compleja. Logran en muchos casos el éxito mediante el control de la opinión pública, tras una fuerte presión mediática, forzando así la intervención judicial. Además, ante la dimensión de la red y su carácter virtualmente inabarcable, promueven la delación por parte de internautas individuales, no relacionados en principio con las mencionadas organizaciones censoras, tratando de crear un clima de desconfianza y persecución ideológica.Por poner un ejemplo significativo, la autodenominada Red Internacional contra el ciber-odio (INACH), entidad coordinadora de quince lobbies inmigracionistas (entre ellos de su asociado en España, el conocido como Movimiento contra la Intolerancia) y especializada en la persecución ideológica en internet, reconoce y se jacta de haber conseguido cerrar en 2006 casi 1000 páginas webs.
No es un dato menor el hecho de que las webs 2.0, precisamente las que han posibilitado una democratización cierta de la libertad de expresión, sobre todo por su coste relativamente reducido que pone al alcance del ciudadano interesantes herramientas de comunicación y difusión de la información y opinión, parecen haberse convertido en su objetivo prioritario. Está claro que el objetivo no es sólo silenciar determinado pensamiento que no coincide con los intereses particulares de estos lobbies, sino también la denuncia de hechos que tampoco encajan con su peculiar ideología. Sólo otorgarán el derecho a la publicación a aquello que dibuje al inmigrante como una realidad positiva, ocultando celosamente todo aquello que nos dé cuenta de otra realidad, en la que el inmigrante y la inmigración pasen a constituir un hecho negativo. Es decir, el criterio sesgado de selección de información que los grupos de presión inmigracionistas utilizan es sus medios quieren imponerlo al resto de medios de expresión. Todo esto a costa de la verdad.
Pero, ¿debe ser posible decir cualquier cosa en internet? Evidentemente no, esto particularmente referido a las amenazas y ofensas. Pero no deja de sorprender que estos lobbies inmigracionistas, aparentemente tan seguros de la superioridad conceptual y ética de sus ideas, actúen como policía del pensamiento y eviten entrar en guerra ideológica y cultural con adversarios o enemigos. Por otro lado, no deberían tolerarse amenazas ni ofensas de nadie, tampoco las provenientes de los grupos de presión inmigracionistas. Es sabido como éstos muy pronto amenazan con el cierre de la página web, el blog o el foro, aprovechando el hecho de que forman parte del sistema y tienen el poder. Porque, en otras circunstancias, ¿no resultaría escandaloso para la opinión pública en general que el estado subvencione a grupos de presión que tratan de impedir la libertad de expresión y de circulación de información?
Un elemento importante para comprender el ambiente de persecución y terror ideológico que estos neoinquisidores y profesionales de la subvención tratan de generar en internet es precisamente eso, el hecho de ser entidades receptoras de subvenciones. Ver racismo en todas partes, también en internet, forma parte del negocio de recibir subvenciones. A más racismo percibido, más supuesta necesidad de estos lobbies y más subvención. No hay imparcialidad ni desinterés económico en la denuncia de racismo. Nunca denuncian el racismo anti-blanco; curiosamente la denuncia de este tipo de racismo tampoco da dinero. La estrecha relación que los grupos de presión inmigracionistas, nominalmente ONGs, guardan con los gobiernos es preocupante, no sólo por el despilfarro de dinero público que las subvenciones otorgadas significan. También, y sobre todo, por las recientes tendencias de distintos gobiernos hacia el logro de la facultad de cerrar páginas web, como es el caso del gobierno español tras la aprobación de la Ley 56/2007 de 28 de Diciembre de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información. En el artículo 4 de esta ley se establece que “las restricciones a la prestación de servicios podrán ser llevadas a cabo por órganos competentes”. Trata con esto el gobierno de soslayar el requisito formal de la intervención judicial para proceder al cierre de una página web, que en ningún caso deja de ser una publicación.
En relación con esto, una consecuencia cierta y lamentable de este clima de terror y persecución ideológica desatado por los lobbies inmigracionistas es la aparición de la autocensura. Numerosas páginas, foros de debate y blogs limitan voluntariamente el ejercicio de su libertad de expresión ante la atmósfera amenazante de cierre. Es destacable que los grupos de presión pro-inmigración promueven y fuerzan esta autocensura, bajo el eufemismo políticamente correcto de autorregulación. ¿Es eso tolerancia?
La censura, el menoscabo de la libertad de expresión y de información resulta aún más peligrosa si la unimos con la sistemática intoxicación mediática que sufre la población, también alentada por los grupos de presión pro-inmigración, los cuales, por cierto, gozan de un acceso privilegiado a los medios. Trata con todo esto de mantenerse como sea la ficción que emana de un consenso étnico manufacturado por el poder, ideológicamente impuesto y según el cual el multiculturalismo y el interculturalismo no sólo serían inevitables en el tiempo de la mundialización, sino muy deseables. Curiosa coincidencia. ¿Será entonces que, al igual que el Winston Smith de 1984, vivimos en el mejor de los mundos posibles?


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