Los medios de comunicación convencionales practican sistemáticamente la censura y la manipulación a la hora de informar y de analizar el fenómeno de la delincuencia inmigrante. Ante la realidad de unos índices de delincuencia y de criminalidad muchos más elevados entre la población inmigrante que entre la nativa, los medios, voluntariamente o de manera forzada han optado por la manipulación informativa. Es posible que el ambiente ideológico favorable a la mundialización y a la inmigración entre las élites económicas, políticas y sociales y el trabajo de intoxicación sistemático y masivo llevado a cabo por los más importantes lobbies pro-inmigración sean responsables parcialmente de esta dejación de funciones por parte de los medios, dejación que no se circunscribe únicamente a este aspecto, como ya es sabido (indáguese también, por ejemplo, sobre la información sesgada y siempre en beneficio del capital que adoptan a la hora de informar sobre conflictos laborales).En una democracia postmoderna, como la actual, los mecanismos censores y de intoxicación de la información adquieren un grado de complejidad inusitado. Debe parecer que no ocurre nada extraño con los medios. La intervención sobre aquello que el pueblo puede conocer se realiza de muchas maneras. La forma más directa es el control de los medios controlando la propiedad empresarial de los mismos. Otro modo de vigilar lo publicado, y de no poca importancia, está en la mano de los grandes anunciantes. No habría mucho que esperar, por tanto, de los medios de comunicación convencionales, más allá de la profesionalidad de algunos periodistas a pesar de todo. Pero la estructura de propiedad de los medios y el control empresarial que se deriva de ahí es sólo el principio de los controles sobre la información.
También el gobierno, los colegios oficiales de periodistas y, ¡cómo no!, las inevitables ONGs inmigracionistas tratan de intervenir la información y la opinión a la que tiene acceso la población, consiguiéndolo en general, sobre todo en los medios de gran difusión. La práctica de la eufemísticamente denominada autorregulación, es decir, autocensura, es fomentada y recomendada desde estos actores sociales. Según esta doctrina, la prioridad para los medios no es informar verazmente, sino hacer que lo publicado se amolde a la ideología pro-inmigración alentada desde los grupos de presión favorecedores de la invasión y desde el gobierno de ocupación que padecemos. Supone, por otra parte, una clarísima intromisión de estos organismos en el trabajo periodístico, que provoca necesariamente una aún menor transparencia informativa.
En el caso que nos ocupa, la delincuencia inmigrante y el control que de los datos existentes sobre la misma se practica desde el poder, nos encontramos una pluralidad de modos de censurar y manipular. Un caso evidente y muy practicado de censura informativa directa es ocultar un dato tan relevante en la noticia publicada como la nacionalidad de los delincuentes. Lo pidió el grupo de presión SOS Racisme con respecto a la Policía (que no se mencionara la nacionalidad del delincuente). Lo practica sistemáticamente la Policía Autonómica Vasca. Esto es así también para la violencia doméstica, donde los inmigrantes también gozan de una lamentable sobrerrepresentación. El gobierno debería de preocuparse de proporcionar seguridad a los españoles, como es su obligación, y no de forzar a los periodistas a hacer su trabajo de una determinada manera con el objeto de que algunos inmigrantes no queden fielmente retratados por sus actos. Otro modo muy extendido de manipulación mediática consiste en presentar el racismo antiespañol como simple vandalismo.
La persecución de cualquier medio disidente también es una manera de controlar la información. Lobbies inmigracionistas, como SOS Racisme y Movimiento contra la Intolerancia, han logrado precipitar el cierre del Observatorio de la Delincuencia Inmigrante, una página web con información políticamente incorrecta sobre el asunto. Los amigos de la censura y de la autorregulación (autocensura) han logrado así un éxito, con el que lograrán hacer más invisible para el grueso de la población española una parte de la realidad que nos habla de la relación directa entre inmigración y delincuencia. Ante el problema, los grupos de presión pro-inmigración, en vez de pedir más control sobre la inmigración para evitar la entrada al país de más criminales, piden censura y silenciar mediáticamente el problema.
Todo esto genera procesos de mucho calado. Enfatizando determinada información, determinadas noticias (y ocultando o recogiendo otras) se pretende marcarle una agenda a la gente, sobre aquello que es importante, que es significativo, sobre aquello que realmente ocurre. Lo que no queda recogido no existe desde un punto de vista mediático y en buena parte real. La particular selección de información por parte de los medios trata además de establecer unos marcos interpretativos que están al servicio de determinada ideología (pro-inmigración).
La exaltación del inmigrante es una postura lógica para aquel que trata de extender ideologías de derrota y de fin de lo propio, tales como los lobbies mencionados. Es esta exaltación justamente lo que pretenden que los medios hagan. De hecho, lo hacen. Una sociedad multicultural, dividida, descentrada, ajena, donde el pueblo pierda aún más fuerza y protagonismo en beneficio de las élites cosmopolitas y mundializadoras, es el objetivo final. Pero, ¿por qué se arrogan grupos de presión como Movimiento contra la Intolerancia o SOS Racisme la facultad de decidir por el pueblo si es conveniente o no la aceptación de la ideología y la práctica del multiculturalismo y del mestizaje? ¿Por qué les sería lícita semejante suplantación de la voluntad popular a estos minúsculos lobbies inmigracionistas, que tan sólo se representan a sí mismos?


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