sábado, 4 de octubre de 2008

Las feministas tragaron

Muchas mujeres autodenominadas liberadas fuman, algunas ostentosamente. Creen que eso les hace libres. El feminismo militante nunca ha contradicho esa creencia, sino que la ha alentado. De hecho, durante mucho tiempo, feministas conocidas han fumado y lo han hecho con orgullo, casi como un acto de emancipación. En fin…
Pero hasta 1920 las mujeres no fumaban. ¿Qué ocurrió para que empezasen a hacerlo? La aparición súbita de mujeres fumadoras tiene una explicación. Las mujeres en general y las feministas en particular, esos seres toscos que todo lo creen saber, fueron burdamente manipuladas por un genio de la propaganda como Edward L. Bernays, asesor del gobierno de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, pionero de la propaganda comercial y autor del libro que lleva por nombre Propaganda, publicado en 1928. Bernays, que trabajaba para Chesterfield, logró que las mujeres fumasen haciendo uso de dos elementos. En primer lugar, asoció el mito de la modernidad al hecho de fumar, y en público. Aprovechando un desfile del 4 de julio, celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos, pagó a modelos que participaban en el mismo para que fumaran durante el recorrido. Se produjeron incidentes a lo largo del desfile por la presencia de increpadores (algunos probablemente pagados por Bernays). El asunto trascendió a la prensa, generándose un debate público a partir del que se alcanzó un consenso social según el cual criticar el consumo de tabaco por parte de las mujeres era poco moderno, incluso antiamericano y contradictorio con el recién logrado derecho al voto por parte de las mujeres. Obsérvese que esta conclusión es también fruto del estado de opinión generado por la propaganda feminista. En segundo lugar, utilizó mujeres conocidas, como actrices hollywoodienses, para introducir el hábito, asociándolo así a una imagen popular y de éxito.
Y las feministas, como es sabido, tragaron.

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