En Europa se va vislumbrando un posible futuro en el que la mayor parte de la población no sea europea étnicamente ni participe de la cultura europea, tributarios de una cultura americanizada, o islamizada, o de una cultura mosaico en sentido intercultural o multicultural. Es decir, nos podemos llegar a encontrar una sociedad intercultural (o sea, inter-racial), donde la identidad y también el concepto de ciudadanía queden erosionados, y cunda el desarraigo (entre inmigrantes y nativos, atrapados estos últimos en las redes de alguna forma de heterocultura o cultura ajena, fenómeno que avanza lenta pero, hasta ahora, inexorablemente, dada la pasividad social, y que está llegando a afectar ya hasta al lenguaje mismo), la anomia social, el individualismo y el fatalismo (y todo ello por ser el interculturalismo un mecanismo acelerado de etnocidio mediante la producción de un sincretismo cultural de bajo nivel). La apoteosis del modelo neoliberal de sociedad y de hombre, en suma, y objetivo final al que dirigen los neoliberales su actuar político y social presente. O bien encontrarnos con una sociedad multicultural, una nación-mosaico, donde amplios territorios europeos queden sometidos a la voluntad de los colonos expansivos. Y esta sería la consecuencia final de la política lesiva para Europa perpetrada durante decenios por los autodenominados progresistas, los derechohumanistas y otros humanitaristas del más variado pelaje. Nosotros, los europeos, nos hallamos ante una bomba de tiempo demográfica, en la que nuestro presente vive a costa de nuestro futuro.Europa se halla en una situación de emergencia. A la colonización económica y cultural del continente por parte de la superpotencia estadounidense, se une la colonización demográfica protagonizada por gentes venidas del sur. Tenemos el caso paradigmático de Francia, donde la aplicación casi irrestricta del ius soli, principio según el cual es francés todo aquél que nace en Francia, y otra serie de medidas legales favorecedoras de la inmigración y por consiguiente de la colonización, han hecho que la inversión demográfica que anuncio se sitúe en un marco temporal relativamente cercano. Jean Paul Gourevitch, en France africaine, sostiene que a finales del siglo XXI el conjunto de las comunidades negra y beur (término semicoloquial francés que puede ser traducido aproximadamente como árabe o berebere norteafricano) establecidas en Francia y con nacionalidad francesa, supondrán 35.000.000 millones de personas, superando a la suma del resto de comunidades, incluida la francesa nativa. Actualmente estas dos comunidades, presumiblemente hegemónicas en el final de siglo, suponen 9.000.000 millones de individuos. Pero la continuidad de la inmigración, alentada entre otros por el derecho a la reagrupación familiar, la constante adquisición de la nacionalidad francesa por parte de extranjeros y las tasas de fecundidad de los alógenos, extraordinariamente elevadas en relación a la población autóctona, propiciarán la anunciada africanización de la sociedad francesa. De no mediar alguna importante transformación el resto de naciones del continente seguirán esta senda y dejarán de ser europeas.


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