lunes 2 de noviembre de 2009

¿Revisionistas, negacionistas, afirmacionistas?

La historia, como disciplina rigurosa que estudia los acontecimientos pasados, es revisionista por definición. Revisionismo es (según DRAE, por ejemplo) la "tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con la pretensión de actualizarlas". Si la historia no es permanentemente revisada se multiplicarán los errores en ella. ¿O existe otro modo legítimo de respuesta por parte de la ciencia histórica ante la aparición de nuevos datos, ante la elaboración de nuevos métodos de investigación (disponibles ahora y no antes para aplicarlos a un campo particular de estudio) o ante la irrupción de nuevos paradigmas interpretativos de los sucesos históricos (paradigmas historiográficos)?
De hecho, los que hablan de "revisionismo" en forma descalificatoria, sólo se oponen a la revisión de una parte de la historia, generalmente el fascismo, el III Reich, etc. ¿Es qué no quieren que se haga o se siga haciendo Historia en lo que respecta a estos fenómenos históricos? Muy probablemente. Aparentemente sólo les interesa el mantener incuestionada la versión políticamente correcta del hecho, que generalmente consiste en pura ideología y propaganda basada en mentiras. Lo único que legítimamente puede descalificar una práctica revisionista en la Historia es la no aplicación escrupulosa del método científico particular que utiliza la Historia como disciplina científica.
Por lo que respecta al "negacionismo", resulta muy sospechoso que los historiadores oficiales utilicen un vocablo para descalificar de entrada al oponente y descartar toda confrontación teórica a priori. ¿Por qué es un problema negar? Si tan seguros están estos historiadores de sus afirmaciones, no necesitan de esta palabra. ¿Por qué no se remiten a hechos probados y refutan así las negaciones de los negacionistas? ¿Cabría llamar a estos historiadores, por esta actitud de sostener afirmaciones y no admitir la duda acerca de ellas, afirmacionistas?
El historiador debe trabajar con fuentes y con la crítica a estas fuentes. Después elaborará su teorización histórica. Una parte importante de todo el proceso de avance en el conocimiento histórico es la publicación de estas síntesis y teorizaciones. De no hacerlo así, éstas no entran en el debate histórico, no se discuten. La represión intelectual contra el historiador disidente tiene muchas formas: excluirle del ámbito académico y universitario, dificultarle el acceso a las fuentes históricas disponibles, etc. No obstante, existe una más eficaz y que garantiza la censura si todos los demás instrumentos represores fallan o no logran evitar la investigación. Muchas editoriales practican la censura contra toda forma de conocimiento histórico disidente, bien por convicción, bien por temor. De esta forma, la persecución contra editores que sí admiten la publicación de historiadores disidentes puede ser considerada también una persecución contra el quehacer de la ciencia histórica no oficial. Y los historiadores oficiales que no condenan esta persecución ideológica, practican la connivencia con el entramado desinformador y censor del régimen hasta tal punto que forman parte de él.

sábado 24 de octubre de 2009

Familia y tribu

Como lo habían visto Herbert Spencer o Werner Sombart, toda sociedad humana oscila entre la prioridad dada a la vida económica o a la vida militar. El hecho de que lo militar domine no engendra necesariamente la guerra. Esparta era menos aventurera que Atenas en esta materia. Son civiles los que empujaron a la Segunda Guerra Mundial y no unos militares de carrera preocupados por preservar el instrumento militar.
El predominio de la economía o del ejército tiene repercusiones importantes sobre la ética social en su conjunto o en el equilibrio entre el elemento masculino y el elemento feminino. El predominio de la economía se traduce por el predominio de la mujer en la familia, como lo demuestra el modelo americano. El predominio de la mujer conlleva un predominio de la lógica de la familia sobre la lógica de la tribu, y conlleva un debilitamiento del lazo social en provecho del individualismo.
En efecto, según los trabajos de los etólogos (ciencia del comportamiento) los hombres establecen lazos de amistad no sexuales que son necesarios para cazar de manera eficaz y en pequeños grupos masculinos. Los hombres (cuando las mujeres les dan esa libertad), se reunen voluntariamente en grupos masculinos para practicar deporte, política, religión o filosofía u otras actividades análogas. Las mujeres ponen la prioridad sobre la familia y no sobre la tribu. En una sociedad totalmente militarizada, el hombre domina el sistema social, incluido el familial (patriarcado). En una sociedad dedicada de manera unidimensional a la economía, es la mujer la que domina ya que el comportamiento de consumo es la "causa final" de toda actividad profesional. Es el caso en Occidente actualmente.
Parece que una sociedad equilibrada debe evitar el dominio total tanto de un sexo como del otro, lo que significa que habría que revalorizar la función militar en nuestra sociedad actual. La indiferencia acerca del porvenir de la tribu, propio a una sociedad totalmente centrada sobre la familia, pone en peligro el porvenir colectivo: debilitamiento demográfico, inmigración invasora, desaparición del espiritu de defensa... Todo esto amenaza la supervivencia colectiva sin que la opinión pública de la sociedad mercantil, dominada por el elemento femenino de manera casi exclusiva, se sienta concernida.
El declive de las formas sociales más masculinas, iglesia, ejército, sindicatos, partidos, clubes, corre parejo con un individualismo exacerbado, propio de una "sociedad de consumo" dominada por el elemento femenino. La mujer, siempre según los etólogos, está menos predispuesta a la formación de los lazos sociales del tipo de la "banda de amigos" ya que no han sido programadas por la evolución para la caza colectiva sino más bien para la recolección individual. Las rivalidades individuales son mucho más claras y fuertes en una sociedad feminizada en donde la solidaridad masculina está en declive avanzado.
Las formas extremas de sociedad, militarización y masculinización total (fascismo y comunismo) o mercantilización y feminización total (Occidente anglosajón liberal o socialdemócrata) parecen estar mal adaptadas para la supervivencia a largo plazo del cuerpo social. Se definen también por costes psicológicos importantes: la insatisfacción alcanza a los dos sexos de manera más o menos acentuada.
El ejemplo de Suiza demuestra, a través de la inicitiva popular sobre la supresión del ejército (2001), que este no tiene únicamente una función estrecha, funcional, de defensa. En Suiza, una mayoría muy grande de ciudadanos, tanto hombres como mujeres, se pronunció por mantener la obligación militar, que no concierne más que los hombres. Estos últimos ven en los ejercicios anuales de los periodos militares a lo largo de sus vidas, unos periodos de deporte y camaradería sentidos como un enriquecimiento. Las mujeres mismas no se han opuesto a esta visión. La democracia tiene fundamentos históricos indiscutiblemente militares. El equilibrio entre ejército y economía caracteriza a los regímenes democráticos mientras las sociedades mercantiles no son en realidad democráticas sino oligárquicas.
Es del interés de todos que un equilibrio sea restablecido entre el ejército y la economía, entre la tribu (la nación) y la familia, entre el mundo masculino y el mundo feminino. Esto pasa por el abandono del ejército profesional, que es el propio de las sociedades mercantiles anglosajonas, y por una revalorización material y sobre todo psicológica de la función militar.

Texto de Yvan Blot publicado en Polémia. Traducido por Arjun

viernes 16 de octubre de 2009

Neoliberalismo e inmigracionismo

Neoliberalismo: ideología derivada del liberalismo clásico (por lo que comparte muchos de sus postulados generales) y práctica política económica que se traduce en acciones de desregulación (eliminar las reglas que limitan la actividad del mercado y a la vez fortalecer aquellas que garantizan la propiedad), privatización (transferir la propiedad y el control de casi toda la actividad económica a agentes económicos privados en detrimento de la propiedad y el control estatal de la economía), “liberalización” (lucha, más programática que real, contra oligopolios y monopolios, lucha, programática y crudamente real, contra los derechos laborales y sindicales de los trabajadores), políticas fiscales restrictivas (reducción del gasto público, incremento de los impuestos sobre el consumo, particularmente sobre aquellos bienes y servicios de consumo popular, y reducción de los impuestos sobre la producción y la renta), políticas monetarias igualmente restrictivas (reducción de la oferta de dinero e incremento de las tasas de interés, al objeto de controlar la inflación y de beneficiar a la alta finanza) y promoción de la mundialización (apertura e interconexión de la economía de los diferentes países a los mercados internacionales de bienes, servicios y tecnología), actitud congruente con la defensa práctica que el neoliberalismo como ideología ha prestado a las empresas multinacionales, en detrimento del tejido empresarial de base más nacional.
Inmigracionismo: para lo que nos interesa aquí, y en nuestro entorno europeo, constituye un corpus de ideas que promueve un pensamiento y una praxis tendente a dar por buena toda práctica inmigratoria procedente del Sur (África, América, Asia).


Esto es una muy breve definición de ambos conceptos. Constatamos igualmente la relación causal que media entre el primero y el segundo: el neoliberalismo es una ideología (no la única) que está promocionando la inmigración masiva hacia Europa (y nos interesa denunciarlo). ¿Por qué esto es así?
En un plano económico la compatibilidad entre política económica neoliberal e inmigración masiva es total. Ya ha quedado suficientemente establecida la relación directa entre inmigración y desplome de salarios. La afluencia masiva de inmigrantes es un medio eficaz de hacer bajar los salarios. De esta forma se multiplica la plusvalía y el beneficio empresarial. Esto por lo que respecta al mercado de trabajo legal. Si hablamos del empleo sumergido las ventajas para el empresario son fabulosas. Pero no todo queda ahí. Los inmigrantes, generalmente con una cultura obrera escasa o inexistente, no plantean casi resistencia a las exigencias directas del empresario. Obviamente, y forzosamente, es menos esperable aún una resistencia frente a medidas más abstractas, pero de consecuencias muy reales, en contra del trabajo: política fiscal, política monetaria, etc. Es una fuerza de trabajo (cuando lo es) disciplinada, obediente y, en principio, apolítica que echa por tierra años y años de lucha obrera autóctona. En una segunda instancia la organización del inmigrante fuera de las organizaciones del trabajo del nativo termina por dividir aún más al mundo del trabajo. De este modo, la inmigración masiva es un recurso políticamente correcto disponible para el empresariado en orden a la “liberalización” del mercado de trabajo.
En un sentido amplio, la inmigración masiva sería también una consecuencia necesaria del proceso de mundialización que azota al planeta. Si se eliminan los controles al flujo de capitales, bienes y servicios, es lógico que termine siendo así también respecto al flujo de personas. Este fluir humano desregulado está muy en consonancia con la ideología y la práctica neoliberal, no teniendo nada de particular que sus más conspicuos partidarios lo defiendan. No en vano, tal y como hemos dicho, la inmigración masiva ayuda a “liberalizar” el mercado de trabajo. También, como veremos a continuación, favorece que tenga lugar el ideal neoliberal en un ámbito social y político.
De esta manera, en el plano sociopolítico, la inmigración masiva contribuye enormemente a la realización del proyecto neoliberal: la destrucción del hombre con identidad a favor de un modelo de homo oeconomicus cuyo único horizonte de actuación sea el beneficio económico propio. La única moral u ética aceptada a partir de ahora será aquella que promueva el lucro personal, estando descalificadas todas aquellas que se opongan a este objetivo supremo. La inmigración, seguida del mestizaje biológico y cultural, termina acabando con las culturas nacionales y populares, sustituyéndolas por un conglomerado de manifestaciones pseudoculturales cosmopolitas reproducidas por los medios de comunicación de masas. No sólo la inmigración es responsable de este proceso, pero sí ayuda en buena medida al romper la unidad étnica y cultural de los pueblos. A estas alturas sabemos que el asimilacionismo ha fracasado y que su éxito tampoco hubiera sido una buena noticia. La realidad para las naciones de Europa es que la identidad étnica nativa se disuelve en una población crecientemente mestiza y de subcultura cosmopolita, donde la resistencia popular al proyecto neoliberal se va disolviendo.

viernes 9 de octubre de 2009

Filosemitismo

El marcado filosemitismo de muchos que no tienen una gota de sangre judía en las venas no se basa en una afinidad (asi sea lejana) de tipo genético, o digamos racial (aunque esta terminología esté siempre sujeta a controversia). No sería una manifestación de esa imperiosa "llamada de la sangre" que la cultura popular, si no la ciencia, da por sentada. Como apunta Otto Weininger: No hay que confundir el judaísmo con los judíos. Existen arios que son más judíos que los propios judíos, y judíos que son más arios que los propios arios (1). Sin duda, esa afirmación, además de expresar un convencimiento de orden intelectual y ser la constatación de un hecho del que la realidad de su tiempo le proporcionó posiblemente más de un ejemplo a su observación, reflejaba también en gran parte el dilema personal de un judío que renegó de su judaísmo para abrazar la causa de Alemania y el germanismo, por lo que sus detractores lo han colocado siempre en la categoría infamante de "judíos antisemitas".
Estaríamos más bien ante una identificación de tipo espiritual, psicológico, moral, raramente religioso o cultural, pues la fascinación que ejercen los judíos en muchos no-judíos muy pocas veces tiene su origen en los ritos y creencias religiosos del autoproclamado Pueblo Elegido (la exagerada admiración de algunos goyim por los judíos raramente les ha llevado a estos a adoptar las prácticas y los ritos mosaicos), sino en su actividad intelectual, su relación con el poder, su dominio social, su protagonismo económico, todo ello favorecido por un sentimiento de culpa hacia los judíos artificialmente creado y un complejo de inferioridad que es un misterio de la psicología humana.
La auténtica adoración que reviste muchas veces un carácter irracional que sienten hacia los judíos muchos europeos de vieja estirpe ha de tener necesariamente su explicación en la existencia de alguna tara mental, en algún trastorno psicológico profundo, en alguna carencia o "malformación" intelectual, si no está basado en una ignorancia total y una candidez asombrosa. Ninguna persona normalmente constituida, moral y espiritualmente irreprochable puede tener al pueblo judío por modelo. No hablamos aquí de los judíos tomados como individuos, dignos o no de respecto, de aprecio o de admiración, sino del conjunto de la raza, el judío considerado como entidad histórica, como realidad "política". Y desde ese ángulo, el judío es absolutamente deleznable por donde se le mire y a lo largo de toda su existencia histórica.
Los judíos, como grupo humano, como entidad étnica y cultural, han provocado algunas veces la admiración (por ciertas cualidades destacables como la unidad del grupo, la tenacidad en la adversidad); en ocasiones la conmiseración (por la dureza -provocada y merecida- de sus desventuras); rara vez el afecto (pues pocas veces un pueblo ha resultado tan antipático a los demás); casi siempre el rechazo (por sus prácticas y creencias tan hostiles a la humanidad); constantemente el odio (como respuesta a su propio odio). Y el odio antijudío ha sido tan constante en la historia desde antiguo entre pueblos tan distintos y en épocas tan alejadas entre sí, que no cabe achacar a ese odio motivos ajenos a la personalidad y al accionar de los propios judíos, como apuntó acertadamente el judío Bernard Lazare en una cita frecuentemente mencionada (2).
Pero la existencia del pueblo judío, considerada de tan escasa relevancia en el orden de las excelencias humanas, correspondería a la finalidad de realzar la idea de grandeza por el contraste chocante de su ruín condición. Esa sería su verdadera y única misión.
Así dice Houston Stewart Chamberlain: Sin embargo, como el día necesita de la noche (porque la noche sagrada nos desvela el secreto de otros mundos), así la magnífica obra política de los griegos y los romanos exigía un complementeo negativo: y es Israel (el pueblo judío) quien lo ha dado. Para que percibamos las estrellas, es necesario que la luz del día se apague. (...) Si consideramos la historia exterior del pueblo de Israel, la primera impresión ciertamente es tan poco atrayente como posible. Aparte algunos raros rasgos simpáticos, pareciera que toda la bajeza de la cual los hombres son capaces se condensan en este pequeño pueblo. No es ciertamente que los judíos hayan sido en el fondo más abominables que el resto de la humanidad, pero la fealdad extrema del vicio en su historia nos deja estupefactos, porque se ofrece a la vista completamente desnudo. Ninguna gran meta política excusa aquí la iniquidad; ningún arte, ninguna filosofía palía los horrores de la lucha por la existencia.

(1) Y añadía, de manera extraordinariamente sugestiva: "Debo decir ante todo, claramente, lo que yo entiendo por judaísmo. Pienso que no se rata de una raza, ni de un pueblo, menos aun de un credo legalmente reconocido. El judaísmo debe ser considerado únicamente como una dirección del espíritu, como una constitución psíquica posible a todos los hombres, que ha encontrado en el judaísmo histórico su realización más grandiosa." (...) "(He expuesto) aquello que según mi opinión debe de ser tenido por judaísmo. No se trata de una nación, de una raza, de una religión, de una escritura. A partir de ahora, cuando hablaré de los judíos, no señalaré al individuo, ni a la comunidad, pero en general al hombre que en esto participa de la idea platónica del judaísmo. Otto Weininger, Sexo y carácter, 1903.
(2) En todos los lugares en los cuales los judíos se han establecido, en todos ellos se ha desarrollado el antisemitismo (… ) Si la hostilidad y hasta la repugnancia sólo se hubieran manifestado con respecto a los judíos en una época y en un país, sería fácil desentrañar las causas limitadas de estas cóleras; pero por el contrario, la raza judía ha sido objeto de odio de todos los pueblos en medio de los cuales se ha establecido. Ya que los enemigos de los judíos pertenecían a las razas más diversas, vivían en países muy apartados los unos de los otros, estaban regidos por leyes diferentes y gobernados por principios opuestos, no tenían ni el mismo modo de vivir ni las mismas costumbres y estaban animados por espíritus disímiles que no les permitían juzgar de igual modo todas las cosas, es necesario, por lo tanto, que las causas generales del antisemitismo siempre hayan residido en el mismo Israel (los judíos) y no en quienes lo combatieron. Bernard Lazare, El antisemitismo, su historia y sus causas, 1894

Arjun

jueves 1 de octubre de 2009

Guillaume Faye

Como ya sabrán aquellos que hayan seguido la serie de comentarios del artículo anterior, Oberst Hessler me ha solicitado abrir una discusión acerca del pensamiento de Guillaume Faye. Le he pedido un texto sobre el asunto y me ha enviado el artículo que a continuación transcribo.
Por cierto, Oberst Hessler ha creado un interesante blog llamado Los genios opinan, que os animo a visitar.
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Lo que me trae aquí, ante vosotros, es el debatir algunos cuestiones, para mí importantes, del pensamiento de Guillaume Faye (o tal vez Guillaume Fallo).
Digamos que Guillaume Faye, en algunos de sus escritos (hablo de memoria), parece atacar o más bien reprender a los revisionistas del "holocausto". Personalmente, tal y como lo veo yo y seguramente tal y como lo veréis vosotros, el "holocausto" es una de las cargas que soporta nuestra sociedad y que, por supuesto, no tendría qué soportar para recuperar la libertad. Las cargas son tanto económicas en el caso de Alemania, como de coacción y censura en el caso de que alguien se salga un ápice del discurso políticamente correcto.
Otro tema en el que tampoco me convence mucho Guillaume es en el asunto de mantenernos neutrales en el conflicto palestino-israelí. Nuestra sociedad se encuentra invadida por los medios de comunicación y las grandes multinacionales sionistas y, para poder realmente ser neutrales, tendremos que realizar un boicot a toda información y todo producto proveniente del lado israelí. Como podéis ver, el estar nosotros rodeados de las influencias sionistas prácticamente nos convierte en colaboradores de Israel, ya sea comprando un ordenador o unos yogures, situaciones en las que parte de nuestro dinero, gastado en esos productos, sirve para financiar a ese engendro de país llamado Israel. Considero que así la neutralidad no es posible.
Ya acabando, Guillaume Faye proporciona muy buenos argumentos para desenmascarar y combatir a varios de nuestros enemigos: islámicos, "multicultis", liberales y progres. Pero se olvida de otros que para mí son los líderes de los quintacolumnistas que tenemos a nuestra espalda. Muy poco he podido leer sobre los sionistas y su gran contribución al problema que tenemos, pero el papel que para mí juega el sionismo en nuestra desgracia es bastante mayor que el que juegan el resto de los otros grupos, ya que multicultis, liberales, progres, marxistas, feministas y demás ralea tienen como padres ideológicos a judíos.
Estas conclusiones acerca del pensamiento de Guillaume Faye, desde mi punto de vista, lo convierten en una persona políticamente correcta que intenta hacerse pasar por incorrecta. Si Guillermo estuviese tan realmente concienciado de nuestros males estaría combatiendo estos puntos que os expuse anteriormente.

Oberst Hessler

sábado 19 de septiembre de 2009

Philippe Vardon, líder de Jeunesses Identitaires, condenado por una octavilla

Philippe Vardon, líder de la organización francesa Jeunesses Identitaires, ha sido condenado por el Tribunal de Apelación de Aix-en-Provence en el pleito que contra él mantenían la fiscalía de Niza y las tristemente conocidas entidades inmigracionistas SOS-Racisme y MRAP.
El motivo de la demanda es una octavilla, distribuida por Jeunesses Identitaires, para denunciar la situación que se vive en muchas ciudades de Francia a causa de las violaciones racistas en grupo (llamadas tournantes) por parte de inmigrantes africanos contra jóvenes mujeres francesas. En la octavilla, donde puede leerse el lema Ni voilée, Ni violée. Touche pas à ma soeur! (Ni velada, ni violada. ¡No toques a mi hermana!), ha visto islamofobia el citado tribunal.
El proceso, que es realmente un proceso al movimiento identitario francés, ha supuesto para Vardon unos gastos de 50.000 euros (multas más costes), una importante suma de dinero para un líder y una organización popular con siempre precarias fuentes de financiación. Algo que contrasta con la situación de las entidades colaboracionistas con la inmigración y la colonización de Europa por africanos, asiáticos y amerindios, bien subvencionadas en todo momento por el gobierno de turno. En España la situación es similar: grupúsculos como Movimiento contra la Intolerancia o SOS-Racismo reciben año tras año sustanciosas cantidades de dinero a cargo de los impuestos que todos pagamos. Esto no es ningún secreto, y cualquiera puede comprobarlo revisando el Boletín Oficial del Estado.

domingo 13 de septiembre de 2009

La féminisation de la société/La feminización de la sociedad

La féminisation de la société va de pair avec la dévirilisation de l’homme contemporain. Il s’agit là des deux faces d’une même monnaie, l’une ne va pas sans l’autre. C’est un phénomène dont l’Histoire nous offre maints exemples: lorsque les sociétés déclinent, les femmes montent ; plus celles-là s’abaissent, plus celles-ci se relèvent. Le vide laissé, la place désertée par des hommes ramollis au point de n’avoir d’hommes ni les idées, ni les atitudes, ni le caractère et à peine l’apparence (et pas toujours) permet à la femme de régner enfin. Du désordre et de la confusion ambiantes, elle surgit avec l’insouciance et la légèreté de son sexe, prête à instaurer "le règne de la femelle qui, jusqu’à présent, dans les siècles des siècles, n’a inventé que le tricot et les housses des fauteuils" (comme dit plaisamment Paul Guth dans "Le mariage du Naïf", 1957, La victoire du monde-femme).
Mais son triomphe est de courte durée. Car la décadence où elle établit sa souveraineté est une étape éphémère et sans lendemain, à peine l’antichambre de la chute finale. La femme (et ses alliés naturels, les homosexuels et la bigoterie bien-pensante, et tout ce qu’il y a d’enjuponnés de loge et de synagogue ; ceux-ci plus qu’alliés, maîtres en toute circonstance) ne règne jamais que sur un monde défait en voie à l´effondrement prochain.
L’empire de la femme, sur le trône abandonné de l’homme, c’est toujours celui de l’arbitraire, du caprice, du bon vouloir, de la préférence, de la prééminence de la Grâce sur la Loi, de l’émotion sur la raison, du sentiment sur l’intelligence. Sur ce point, Hermann von Keyserling (1880-1946) nous éclaire définitivement : "L’ordre émotionnel est l’ordre dans lequel les femmes vivent, car elles réagissent en premier lieu à leur sensibilité, et jamais elles ne sont touchées au fond par ce qui est intellectuel. (...) C’est en ce sens que l’homme le plus primitif incarne, à la différence de la femme, le principe rationnel". (Méditations sud-américaines, 1932).
La féminisation est un produit de la décadence (et en même temps un accélérateur de celle-ci). Celle-là surgit toujours dans un phase de renversement complet des rôles et des valeurs, au chapitre de l’universelle corruption morale et du profond bouleversement des croyances, c’est-à-dire dans la pagaille propre aux sociétés qui s’écroulent, incapables à ce stade de leur déchéance de distinguer le jour de la nuit. Dans un tel climat s’installe une extrême tolérance, aussi absurde que suicidaire, à l’égard de de tout ce qui ronge, tout ce qui mine, tout ce qui sape les fondements de l’édifice de la civilisation. Le Mal devient le Bien, le Laid remplace le Beau, le Faux détrône le Vrai, le Grotesque bannit le Sublime.
Il y a deux grandes vérités à ce sujet. 1) Tout pouvoir de la femme est une concession de l’homme ; 2) la femme utilise invariablement ce pouvoir contre l’homme, c’est-à-dire contre son oeuvre : la société, la culture, l’ordre établi, les valeurs, la morale, l´esprit. Cela peut paraître d’une profonde mysoginie, mais cela n’en est pas moins vrai. Je n’inclus pas dans ce phénomène délétère certains cas, rares, de femmes exceptionelles. (Ici on met en cause le genre de femme dont cette demeurée de Ségolène Royale est le prototype parfait. Elles sont légion). Certaines femmes de haute qualité ont joué un gran rôle dans l’histoire du monde et dans le gouvernement de leurs nations (Catherine II la Grande, la Reine Victoria, Margareth Tatcher,...), mais toujours dans un système viril, si l’on peut dire ainsi, pas dans un processus de féminisation comme celui dans lequel nous nous trouvons actuellement.
Ce qui importe reéllement ce n’est pas la femme au pouvoir en soi, sinon le contexte de féminisation de la société dans laquelle a lieu cette "prise de pouvoir" (ou "du" pouvoir). D’autre part, la féménité n’est pas une question d’ordre sexuel au sens strict du concept (de sexe au sens étroit du mot). Il y a des femmes du sexe féminin (la plupart, encore) et des femmes du sexe masculin (de plus en plus), voilà tout. Oscar Wilde disait (et il devait en savoir quelque chose) qu’ "Un Français sera toujours plus femme qu’une Anglaise". Simple boutade d’un provocateur exercé ou description rigoureuse d’un observateur implacable?
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La feminización de la sociedad llega de la mano de la desvirilización del hombre contemporáneo. Se trata aquí de las dos caras de una misma moneda. Es un fenómeno del cual la Historia nos ofrece muchos ejemplos: cuando las sociedades declinan, las mujeres suben, cuanto más se achatan aquellas, más se levantan estas. El vacío dejado, el sitio desertado por unos hombres reblandecidos y amorfos al punto de no tener ya de hombres ni las ideas, ni las actitudes, ni el carácter y apenas la apariencia (y no siempre) permite a las mujeres reinar por fin. Del desorden y de la confusión, surge con la despreocupada alegría y la liviandad de su sexo, dispuesta a instaurar "el reino de la hembra que, hasta el día de hoy, en los siglos de los siglos, no ha inventado más que el punto de cruz y las fundas para los sillones", (al decir, algo jocoso, del escritor francés Paul Guth en "El casamiento del Inocente", 1957, La victoria del mundo mujer).
Pero su triunfo es de corta duración, ya que la decadencia en medio de la cual establece su soberanía es una etapa efímera y sin mañana, apenas la antecámara de la caída final. La mujer, y sus aliados naturales, los homosexuales y la beatería bienpensante, más todos los enfaldonados de logia y sinagoga (estos últimos, más que aliados, amos en toda circunstancia), no reina nunca más que sobre un mundo descompuesto abocado al derrumbe próximo.
El imperio de la mujer, sobre el trono abandonado del hombre, es siempre el del capricho, de la "real gana", de la preferencia, de la preeminencia de la Gracia sobre la Ley, de la emoción sobre la razón, del sentimiento sobre la inteligencia. Sobre este punto, Hermann von Keyserling (1880-1946) nos aporta una luz definitiva: "El orden emocional es el orden natural en el cual las mujeres viven, ya que estas reaccionan en primer lugar a su sensibilidad, y nunca son tocadas en el fondo por aquello que es intelectual. (...) Es en ese sentido que el hombre más primitivo encarna, a diferencia de la mujer, el principio racional". (Meditaciones sudamericanas, 1932).
La feminización es un producto de la decadencia. Esta surge siempre en una fase de inversión completa de los roles y de los valores, en el capítulo de la universal corrupción moral y del profundo trastocamiento de las creencias, es decir en el desbarajuste general propio de las sociedades que se vienen abajo, incapaces en ese estadio de su decaimiento de distinguir el día de la noche. En un ambiente tal se instala una extrema tolerancia hacia todo lo que mina, todo cuanto socava los fundamentos del edificio tambaleante de la civilización. El Mal se vuelve el Bien, la Fealdad reemplaza la Belleza, lo Falso destrona lo Verdadero, lo Grotesco destierra lo Sublime.
Hay dos grandes verdades acerca de esta cuestión. 1) Todo poder de la mujer es una concesión del hombre; y 2) la mujer utiliza invariablemente este poder concedido contra el hombre, es decir contra su obra: la sociedad, la cultura, el orden establecido, los valores, la Ley. Esto puede parecer profundamente misógino, y sin embargo no es menos cierto. No incluyo en este fenómeno deletéreo algunos casos de mujeres excepcionales. (Aquí hablo de ese tipo de mujeres como las del actual gobierno español. Son legión). Algunas mujeres de alta calidad han jugado un gran papel en la historia del mundo y en el gobierno de sus naciones (Catalina la Grande, por no nombrar más que una en la serie de las Catalinas, la Reina Victoria, Margareth Thatcher, por ejemplo...), pero siempre dentro de un sistema masculino, viril podemos decir, no en un proceso de feminización como el que estamos viviendo actualmente.
Lo que importa realmente no es la mujer en el poder en sí, sino el contexto de feminización de la sociedad en que tiene lugar esta toma de poder (o del poder). Por otra parte, para despejar equívocos, digamos que la femenidad no es una cuestión de sexo en el sentido estricto del término. Hay mujeres del sexo femenino (todavía la mayoría, pero mermando) y mujeres del sexo masculino (cada día hay más hombres que han quedado en estado de feminidad permanente), eso es todo. Oscar Wilde decía (y debía saber estar bien enterado de eso, pues era homosexual) que: "Un francés será siempre más mujer que una inglesa". ¿Mera broma de un provocador consumado o descripción rigurosa de un implacable observador?

Arjun (autor y traductor al español)